¿ARREGLAR EL FUTURO? ¿CÑ“MO SE SALE DE AQUÍ?
Santiago Niño Becerra - Sábado, 23 de Mayo
Posiblemente yo sea una de las personas que más utiliza la expresión "Lo pasado, pasado", y lo hago porque pienso que es absurdo estar dando vueltas a cosas como "Si se hubiese hecho aquello en vez de esto ...", "Si no se hubiese tomado tal decisión que se tomó ...". Lo repito: pienso de no tiene sentido gastar tiempo en esas disquisiciones, pero sí que es imprescindible ver las carencias y problemas que nacieron en el pasado y que arrastramos en el presente. La economía española arrastra, desde hace siglos, una serie de carencias clamorosas y, en momentos concretos y debido a circunstancias específicas, España ha tenido períodos de crecimiento acusado, es decir, la norma, en la economía española, es la carencia, la falta y la parquedad, no al revés. Es fundamental tener esto muy claro. Uno de estos períodos especiales, atípicos, empezó a darse en el 2002. A España, por tendencia, le tocaba empezar a crecer menos desde el máximo alcanzado en el 2000, pero algo pasó: las circunstancias le ayudaron a mantener y a incrementar el modo como llevaba creciendo desde hacía algunos años: a través del subsector de la construcción alimentado por una creciente disponibilidad y facilidad crediticias. El incremento del consumo -de todo- nacido al calor del aumento de ocupación -nacional e inmigrante- necesaria para la construcción de todo lo construido, hizo el resto. Bien; España creció, ¡genial!, el problema es como creció España.
La Historia de los últimos 30 años demuestra que aumento del PIB y aumento de la población ocupada van de la mano: cuando crece el empleo, se genera PIB, lo que contribuye a la creación de empleo. (La Historia también demuestra que la evolución de la productividad es inversa a la de los dos macroagredados anteriores: incremento del PIB y del empleo suponen una caída en la productividad, mientras que la mejora de la productividad de la economía española tan sólo se logra reduciendo la población ocupada; pero eso, ahora, no viene a cuento).
Ya sabemos como han ido las cosas: la deuda privada ha llegado a cotas físicamente insostenibles, el crédito a todos se acabo, la actividad se está hundiendo, el desempleo está aumentando, la recaudación fiscal está cayendo, y las cifras son las que son. Mal, muy mal, terrible, pero esto ya es el pasado; la pregunta ahora es: ¿cómo se sale de aquí?.
“¿Cómo se sale de aquí?” equivale, en el caso de España a decir, ¿cómo vuelve la economía española a generar PIB de forma que ocupe a la mayor cantidad posible de la población activa y susceptible de ser activa con que cuenta y que la remunere de forma que le permita consumir para que ese crecimiento del PIB se vaya realimentando?, es decir, ¿cuál va a ser el “nuevo subsector de la construcción” que va a generar el PIB español ocupando a las masas de trabajadores tal y como sucedió entre principios del 2002 y finales del 2006?. Y su corolario: ¿cómo se va a financiar ese “nuevo sector de la construcción”?.
Las palabras y mensajes de políticos y de muchos expertos parten de: 1) dar por supuesto que la recuperación va a producirse, 2) que la recuperación se va a producir a través de las medidas que Gobiernos e instituciones están tomando, 3) que cuando la recuperación se complete volveremos a una situación muy semejante a la existente al anterior al inicio de la crisis: alto crecimiento, financiación fácil y barata, consumo elevado, y 4) que todas las economías se van a recuperar prácticamente a la vez por lo que se establecerán sinergias “Inversión-Consumo-Import / Export-Finanzas” virtuosas que realimentarán el crecimiento. Es decir, todos los políticos y muchos expertos dicen que esto en lo que estamos es una recesión y que de ella saldremos como usualmente de las recesiones hemos salido; yo pienso que es una crisis sistémica y que no es posible salir como nos cuentan que saldremos.
Hemos llegado a donde hemos llegado (en todas partes, pero en España más debido a sus carencias) porque la forma como hemos crecido se ha agotado, como sucedió en 1929; no es nada nuevo: a lo largo de la Historia ha sucedido en varias ocasiones, pero es terrible porque las recetas convencionales no sirven, y porque las consecuencias de una crisis de esas características lo son.
Lo que no es de recibo es intentar convencer a la opinión pública, a la población de que es posible “la recuperación” utilizando los mismos métodos que, al agotarse, nos han llevado adonde estamos, y que esa “recuperación” significa volver adonde estábamos: no volveremos al lugar en el que nos encontrábamos porque aquello ya no es viable; de ahí que la que viene sea una crisis sistémica: nueva forma de hacer las cosas y muchas cosas nuevas a hacer.
Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.
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