Crónica
Santiago Niño Becerra - Martes, 06 de JulioLo que viene es el texto de un mail que hace unos días me remitió un lector. Tiene miga, mucha, mucha.
“Después de un año justo, desde que cerré la empresa en la que me dejé quince años de mi currículum. Después de ser autónomo, porque escogí en su día serlo, y seguir con la empresa familiar. Después de superar la crisis de allá el 93, cuando remontamos el vuelo allá por el 97 y parecía que todo funcionaría. Después de que en el 2001 la cosa comenzará a tomar otro cariz, que pese a intuirlo, no dejaba por ello de intentar luchar por la empresa y en la empresa, como autónomo más que sacaba adelante una docena de trabajadores. Después de que lo chino se comiera poco a poco, pero como una gota que se hace tormenta, la estructura productiva relacionada con mi actividad (nombre de una actividad industrial).
Después de todo ello en Noviembre de 2008 decido tirar la toalla. Recogí velas y baje las persianas. Indemnicé a mis trabajadores, todo lo que pude (un 60%). Vendí maquinaria e instalaciones, las que pude y al precio que pude y cancelé deudas con los proveedores y algún acreedor. Decidí retirarme a tiempo y no perder las naves en la batalla final, ni la casa. Por suerte, no me dejé seducir como Ulises, por los cantos de sirena (avales y préstamos hipotecarios personales) de mi (único) banco. Siempre me había gustado pensar que una empresa debe autofinanciarse en cuanto a la tesorería, si es que de verdad es empresa. Fin de la historia. Pasemos página y sigamos, me dije.
Pero mi vida debía seguir, después del fin de la empresa. ¿Qué había hecho esos años? Unos quince años, desde que cogí la administración de la empresa, y algunos más como mero trabajador. ¿Nada?.
Efectivamente, nada ahorrado para poder pagar el colegio de mis hijos. Nada ahorrado, para poder pagar la hipoteca que adquirí hace ya unos cinco años, cuando decidí vender mi primer piso y comprar uno “más barato pero más grande”, justo en aquel verano donde las cosas no eran lo que parecían ser. Gracias a ello puedo ahora seguir viviendo en un piso de 125 metros pagando una cuota mensual de 385 euros, a cambio de no seguir viviendo en un piso de 90 m en otra zona pero pagando 1.280 euros. Suerte, me digo ahora de mi intuición de hace cinco años.
Pero decía que no había ahorrado nada. Nada de nada. No tengo subsidio de paro. En la calle, sin empresa y sin trabajo. Sin tener apenas dos mil euros en los bolsillos. Mi mujer trabajaba entonces, pero cobraba apenas 800 euros y en negro. Pasaron seis meses, intentando cerrar la burocracia de cerrar una empresa, pagando a todos y sin deber a nadie. Al cabo de seis meses, encontré un empleo. De administrativo, en un despacho. De mis 2.700 euros que me ganaba como empresario, pasé a 1.200 netos, pero un sueldo era un sueldo. Pasaron Mayo, Junio, hasta el ¿? de Octubre y me echaron a la calle ... sin apenas explicación. Creo que les hicimos (la chica que entró conmigo y yo) el trabajo sucio del año: campaña de rentas en mayo-junio, julio tercer trimestre de impuestos y octubre cuarto trimestre de impuestos. En fin….
Sigo pensando, que hice bien vendiéndome el primer piso en el que estaba terroríficamente apalancado. Pero ahora, estoy sin apalancamiento, pero a la vez, sin empleo. Hemos pasado (mi familia de 5 miembros) de tener unos gastos mensuales de 3.500euros incluyendo hipoteca (el año pasado) a una reducción de gastos estructurales que nos ha llevado a gastar actualmente ahora: unos 1.800 euros incluyendo, ya le digo la hipoteca. ¿Eso lo enseñan en algún MBA?
Lo digo porque pese a tener una experiencia de más de quince años dirigiendo empresas industriales (pymes), y tener una licenciatura en Humanidades, y algunos cursos sobre áreas técnicas (contabilidad, marketing internacional, gestión de pymes), no sé de nada. El mercado laboral, me dice continuamente: usted no sabe de nada, no está especializado en nada, su polivalencia es un absurdo. De qué quiere buscar trabajo…....me es igual oiga, me interesa trabajar. Sí pero es que no se le puede poner de según qué, me dicen. Me es igual, digo yo… pero nadie responde a mi llamada.
Sé que ahora debería de haber estudiado algún puto master, para especializarme en “algo”. Para que se me valorara en las empresas de trabajo temporal o en las empresas directamente. Ahora, juro que lo estudiaría, pero debo pensar en pagar primero los gastos del mes”.
Mi respuesta fue la siguiente:
“Lo más gordo del caso es que Ud. está especializado: en gestión: ¿no estuvo gestionando una compañía durante 15 años a plena satisfacción?. Pienso que no es problema de que a Ud. le falte una especialización, sino que la actividad que Ud. desarrollaba ya no tiene cabida en nuestro entorno; sus capacidades siguen intactas, lo que no ha encontrado es una actividad que gestionar; parece una perogrullada, pero excepto algún tema de matiz que le pueda faltar, me resisto a creer que tras 15 años tenga Ud. carencias significativas de conocimiento.
Ud. antes empleaba a personas, ahora busca un empleo (doy por supuesto que ha revuelto Cielo y Tierra y ha llamado a todas las puertas a las que ha podido llamar), y se encuentra con que la oferta de trabajo es superior a la demanda, algo que va a continuar y se va a incrementar. ¿Ha pensado en asociarse con alguien y utilizar sus conocimientos prácticos de gestión?”.
Es poca respuesta para tanta pregunta, lo sé; al igual que sé que casos como estos habrán a cientos. “Reforma del mercado de trabajo”, “Modelo Alemán”: si ambos se aplican tal cual, si ambos se desarrollan hasta el final, ¿resolverá su problema mi lector?. Más aún: cuando nuestras legisladoras y nuestros legisladores, los del Reino, los de Europa, piensan en el factor trabajo, ¿pensarán en casos como los de mi lector?. Chi lo sa?.
(Pienso que dos son los principios que hay detrás del plan británico de recorte de “hasta el 40% de distintas partidas del gasto público”. Uno es común a todos los Gobiernos que han anunciado lo mismo independientemente de la cuantía del recorte: la seguridad de que los ingresos públicos van a bajar, mucho, muchísimo, en los próximos años, es decir: están descontando eso. Otro es nuevo, al menos así no lo había planteado nadie: para plantear el recorte va a ser realizado un análisis exhaustivo de las prioridades de gasto, es decir, se van buscar aquellos gastos que sean menos importantes y, en base a los ingresos reales, se van a reducir: ya saben: “Lo necesario es lo importante”: no lo olviden).
Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.
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