Deflación
Santiago Niño Becerra - Martes, 24 de FebreroNo: aunque lo diga quien desde el fondo siempre interviene no me olvido de la deflación, ¿cómo iba a hacerlo?: es de lo que ahora toca hablar: el tema de moda. Las modas. Hace un año el tema de moda era si estábamos, o no, el reino, el planeta, en recesión; hace seis meses, si era apropiado o no lo era referirse a esa recesión como "crisis"; ahora lo in es tratar si vamos a entrar, o no, en una fase deflacionaria. (Rompamos la intriga: el plan que ayer les conté, ¿evitaría la deflación?, no: es inevitable un período deflacionario, pero lo mitigaría).
Pienso que la definición de deflación debe ser modificada, adaptada a los nuevos tiempos. Estructuralmente, la crisis sistémica que va a llegar tras el crash del 2010, el momento que va a poner fin a esta fase de precisis en la que nos hallamos, va a ser idéntica a la que se produjo tras el crash del 29, pero con diferencias.
De entrada, los precios de las commodities no van a reducirse tanto como muchos creen, incluso se llegarán a producir subidas debido a que su oferta es decreciente y a que el consumo puede influirse con el precio; pero, más a corto plazo, los ingredientes de esta deflación serán diferentes a los de aquella.
Técnicamente, existe deflación cuando durante un largo período de tiempo -casi un año, o más de un año- se producen caídas en los precios de los bienes y servicios, y, además, la tendencia apunta a que continúen cayendo; técnicamente, y eso es lo que sucedió en los años 30, pero hoy, pienso, ni debe ser entendido así, ni debe ser interpretado igual.
Hoy la importancia de las expectativas es infinitamente superior de la que era en los años 30, expectativas entendidas en sentido amplio. Hoy, ahora, si alguien tiene la sensación de que su salario va a ser congelado, o de que su empleo peligra, o de que los precios van a variar a la baja, o de que el vecino está pasando por un mal momento, aunque nada indique que algo así esté sucediendo y nada demuestre que vaya a suceder, el consumo se resentirá, será menor porque la sensación será de desprotección.
En otras palabras, la creencia de que el estado de las cosas pueda apartarse de la situación de cómoda estabilidad vivida hasta un momento dado genera en la persona un estado de retraimiento que provocará una caída del consumo, mayor a medida que nos vayamos alejando de esa sensación de estabilidad que ha caracterizado estos años pasados, sensación que será infinitamente mayor que en los años treinta debido a que la estabilidad durante los años veinte fue mucho más precaria que en estos pasados años.
Hoy, si el crecimiento no es el que se espera que debe ser para continuar creciendo, el consumo -de todo- cae, lo que incide negativamente en el crecimiento (y en el consumo) debido a que ha comenzado a generarse un estado depresivo.
Únicamente cambios radicales en las expectativas podrían revertir esa tendencia, por ejemplo, hoy, con concesiones mega gigantescas de crédito bancario, cosa que sabemos es imposible que vaya a -pueda- suceder. Al no revertirse la tendencia, se va entrando en un bucle que se realimenta, entre otras razones porque cada vez es necesario menos factor trabajo para generar la misma cantidad de valor.
Con el manual aún en uso lo que actualmente está sucediendo no constituye una deflación, pero, pienso, está siendo el inicio de una tendencia depresiva que acabará siendo calificada como deflacionaria. La deflación, hoy, no debe ser entendida como un guarismo, sino como un estado al que la economía está tendiendo.
(Lo que la gente pregunta: “¿cómo puede pasarse de una realidad inflacionaria a unas expectativas deflacionarias?”, pues por cómo ha estado funcionando el sistema, por cómo se ha hecho funcionar al sistema. Se ha forzado a que el consumo -de todo- creciera: créditos, facilidades, publicidad, ...; pero, de forma consciente, la productividad no ha crecido lo que hubiera podido crecer en base a la tecnología disponible debido a que el consumo hubiese sido menor y, en consecuencia, el crecimiento también lo hubiese sido.
La oferta se ha situado a un nivel menor que el consumo, y los precios han crecido, pero el modelo se ha agotado al alcanzar la deuda niveles inasumibles y al demostrarse que la oferta de commodities es finita, limitada e insuficiente. Al dejarse de forzar el consumo, este se ha ido endenteciendo, lo que ha cogido a la oferta con una capacidad productiva instalada desmesurada para la nueva situación.
Caída de la actividad, reducción de una población ocupada altamente endeudada, adelgazamiento del papel del Estado como consumidor de último recurso, expectativas a la baja, deflación. Curiosamente (?), mis alumnas/os lo entienden muy bien.
Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.
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