Deflación Ѣ€“ 1
Santiago Niño Becerra - Jueves, 05 de NoviembrePuntualización: la deflación no es una circunstancia, la deflación es un estado: no se alcanza un nivel de precios deflacionario, se está en deflación; no es que "los precios han bajado mucho", es que es imposible que suban.
Hay mucho de estructural, de sistémico en toda situación deflacionaria, más si va acompañada de elementos como los que se están dando ahora: caída de las carteras de pedidos, stocks al alza o no a la baja, alargamiento de los plazos de cobro o aumento de los impagos, crecimiento en flecha del desempleo del factor trabajo, expectativas a la baja, ...
“Pero la caída de precios es buena” dice el del fondo. De tanto decirlo han llegado a confundirnos. Si los precios van disminuyendo a lo largo de un período suficientemente dilatado para que ese descenso sea asumido por los tejidos productivo y consuntivo de un país o área económica y -¡Y!- ese descenso es debido a un aumento de la productividad real, en efecto, ese descenso de precios es positivo porque ello indica que esa economía es más competitiva ya que ha trasladado a los precios finales los descensos de costes que ha logrado al mejorar su productividad. ¿Si?. Sí (en principio, porque para que la cosa sea verdaderamente buena han de ocuparse los factores que el aumento de productividad libera). Pero ahora no está sucediendo eso, ni aquí, ni en ninguna parte.
Ahora lo que está sucediendo es que el consumo se está derrumbando -literalmente- como causa de tres factores que se están dando a la vez, a-la-vez-. Primero: está cayendo la renta monetaria real, tanto la global como la personal: la masa salarial total no está aumentando a la vez que las remuneraciones individuales, en muchos casos, están disminuyendo: recortes o eliminación de pluses, eliminación de algunas horillas extras que “se hacían” (y que en muchos casos eran pagadas en un sobre marrón), modificación en el cálculo de complementos que dificultan o imposibilitan su consecución, ...; es decir, menos dinero en el bolsillo para gastar: para llegar a fin de mes. (En USA hace años que existe una figura que aquí, en Europa, en España, ya se está dando: los Working Poor: personas ocupadas, incluso con contratos indefinidos, cuya remuneración les sitúa por debajo de la línea de pobreza).
Segundo: la capacidad de endeudamiento se está hundiendo hasta los abismos más profundos debido a dos factores: el nivel medio de la deuda privada es desmesurado (en el reino más del 200% del PIB), por lo que es físicamente imposible que crezca más (sobre todo en la actual situación de desempleo al alza), y porque las entidades financieras miran ahora con microscopio, no ya con lupa, las solicitudes de crédito de la ciudadanía, lo que es absolutamente lógico. El problema: que la mayor parte del consuno se hacía a crédito. (A esto hay que añadir el endurecimiento de las condiciones crediticias de empresas de comercialización y distribución que, en muchas ocasiones, sostenían total o parcialmente el crédito de las ventas que realizaban).
Tercero. El derrumbe de la tasa de ocupación, lo que se traduce en “miedo a perder el trabajo”, claro, pero la cosa es mucho más compleja, mucho más profunda. Si alguien conoce a alguien que ha perdido su trabajo o que puede perderlo, inmediatamente se interesa por la situación de la compañía o institución en la que se desempeña profesionalmente, máxime si ese alguien está endeudado, y ya no digamos, si, además, ha descendido el dinero que ese alguien lleva en el bolsillo, o si la entidad financiera “en la que tiene la cuenta” le ha comunicado que, a partir de ya, a su tarjeta se le ha aplicado un recorte en el límite del crédito. Esa persona reducirá su consumo cotidiano, comenzará a modificar sus hábitos de consumo, y pospondrá la compra que pensaba hacer (a crédito) de un superplasma de requetemuchas pulgadas.
Es decir, ni es bueno que bajen los precios (eso es lo que nos están contando) por la razón que están descendiendo, ni la ciudadanía (el ciudadano medio) está esperando a comprar su sueño a que decrezca su precio. Las expectativas son negativas, la gente lo percibe: “las cosas no van”, y eso lo está anticipando el presente en forma de dificultades para llegar a fin de mes. ¿Aunque bajen los precios?, si, porque, ¿bajan los precios o bajan algunos precios en algunos sitios?.
(Un apunte. Un Sábado de hace un par de semanas fui a una mediana superficie no-de-lujo de una cadena de tiendas urbanas no-de-lujo a comprar bolsas de basura, en la caja, la persona que me precedía, una señora de mediana edad, pago 4,54 euros por una baguette y por dos briks de un caldo que anuncian en TV, quédense con la cifra porque mañana saldrá).
(Affaire Opel: tercera parte. Se me ocurren tres posibilidades que podrían justificar este cambio de enfoque: 1) Magna & friends han visto que salvar Opel es imposible y se han echado atrás, 2) GM piensa que tal y como se han puesto las cosas, y tras la polvareda que ha levantado el plan Magna, podría obtener más ayudas si decide quedarse, 3) todo estaba ya pactado entre Magna y GM: el primero haría de poli malo y el segundo de poli bueno, así el bueno sacará más y, de entrada, molestaría menos a la gente. Existen más posibilidades, claro, pero paramos aquí.
Pero que nadie se alegre demasiado, ¿o piensa alguien que con Magna, o sin Magna, Alemania aceptará que GM o quien sea eche a la puta calle a 10.000 de los trabajadores de las plantas de Opel?).
(Me lo preguntaron ayer, y no fue ninguna de mis alumnas ni ninguno de mis alumnos: “¿Cuál es la máxima tasa de desempleo que puede soportar la economía español?”. ¡Brutal!).
Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.
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