Sábado, 11 de Febrero de 2012

Deuda

Santiago Niño Becerra -  Lunes, 21 de Diciembre

Vamos a comentar un par de aspectos sobre la deuda -las deudas, más bien-. Si, ya sé: hemos tocado este tema en otras ocasiones, pero la importancia del asunto pienso que requiere más espacio. ilustración Hemos llegado a donde hemos llegado debido a la deuda, y la deuda va a ser una de las razones que va a precipitar la crisis y el cambio sistémico.

Y la deuda: siempre, ahora, la deuda. Volvemos a repetirlo: se ha crecido gracias a la deuda, por eso se concedió capacidad de endeudamiento al pueblo: las monarquías absolutas siempre habían tenido deudas: la Hacienda era Real; la burguesía, también: ¿quien podía negarse a que una compañía sostenida por la monarquía -divina: “Por La Gracia de Dios”- se endeudase?. Eso fue antes, claro, ahora la deuda de los Estados se acepta: tan sólo hay que subir el precio y que esos Estados paguen de lo que ingresan exportando; los subdesarrollados, claro, los desarrollados .... Las grandes compañías: ¿quién va a negarse aceptar unos bonos emitidos por una corporación transnacional?, ¿quién a no dar crédito a una compañía cuyo nivel de facturación puede ser la suma del PIB de diez países (en los que puede tener intereses, claro).

El problema es que la deuda, para que sea tal, debe ser comprada por alguien, y, de alguna manera (no pierdan esta idea), tiene que ser pagada: ya saben: en algún momento, por otro alguien. Tanto da que sea deuda emitida por un Estado o bonos lanzados por una empresa, la deuda se mueve por la oferta y la demanda, si, pero ...

La oferta de deuda es función de la necesidad de financiar algo, la demanda de la rentabilidad y de la capacidad de pago que tenga quien la emite, de su fiabilidad, claro, pero no sólo. Por encima de ambos el precio ofertado (que en realidad no existe: lo fija quien compra) y el solicitado: el bueno.

Somos humanos y, por ello, suponemos cosas. A lo largo de los años que median entre el 2002 y el 2007 se supuso que se iba a consumir todo lo que la creciente capacidad productiva fabricase / elaborase, desde viviendas a caramelos de menta; se supuso que el crédito iba a crecer indefinidamente, se supuso que las capacidades de endeudamiento se iban a estirar hasta el infinito; cuando se ha comprobado que no, se ha supuesto que los déficits de los Estados pueden se casi indefinidos porque la deuda pública puede crecer lo que haga falta; se ha supuesto que las compañías no-financieras, que las compañías financieras “con problemas” sería sostenidas, ayudadas, incentivadas. El problema, se insiste en la idea porque es crucial, estriba en que para que una deuda sea aceptada alguien debe adquirirla. Pregunta, ¿siempre será comprada cualquier deuda que sea emitida?.

Dubai y Grecia, claro, los más evidentes: uno, un sueño de arena, el otro alguien que hacía trampas en los números; pero, ¿y los demás?. Los otros PIIGS, ya, pero habrá más: saldrán más: ¿por qué no puede llegarle a pasar a Francia con su deuda lo mismo que le sucedió a Argentina con la suya?, piénsenlo, no es tan descabellado: todo depende de que Francia pueda pagar, o no, la deuda que emita.

Subir el precio que se está dispuesto a pagar para que una deuda sea comprada: subir los tipos de interés. Ya, pero no hemos respondido a la pregunta: ¿qué sucede cuando una deuda no es comprada a ningún precio?, es decir, ¿qué pasa cuando nadie quiere adquirir una deuda independientemente del nivel que alcancen los tipos?. Y los tipos, ¿realmente van a subir?; pienso que no: como causa de la crisis el consumo va a derrumbarse, luego, ¿cómo van, en ese escenario, a “subir los tipos”?.

Lo más sorprendente (alucinante) es que ahora los inversores se lleven las manos a la cabeza, ¿pero de qué se extrañan?, ¿o es que no estaban analizando las tendencias?. Ahora hemos llegado a un punto -la situación ha llegado a un punto- en el que esos inversores no se fían: no es que quieran que les paguen más por la deuda que “voluntariamente” van a comprar (a esos niveles, ¿se compra toda la deuda que se emite de forma voluntaria), lo que sucede, pienso, es que ya no quieren más deuda.

Y claro, algunas deudas son peores que otras: las economías menos fiables: los PIIGS, porque, ¿se han dado cuenta de que España, con una deuda del 66,3% está bajo vigilancia y que los Países Bajos, con una del 65,5% no lo están?, ¿se han apercibido de que Austria, con una deuda del 73,9% tampoco lo está?. Ya sé, ya sé: cuando se manifieste la crisis sistémica que ya está llamando a la puerta todas las economías van a sufrir mucho, pero algunas van a sufrir mucho más. ¡Y eso teniendo en cuenta, insisto, que aún falta por salir a la luz la mitad de la porquería que tienen las entidades financieras en sus armarios! (suponiendo que no sea más, claro); ¡y además teniendo en cuenta que “no habrá una segunda vez”!.

(Ahora deduzcan la imagen que estarán adquiriendo los bonos de empresas de los países más endebles, de las economías más endeudadas y más deficitarias; y ahora deduzcan donde debe estar la capacidad de endeudamiento de las ciudadanías de esos países).

Es Kafkiano: las economías que están más peor deben ofrecer más para que les compren su deuda, pero como están requetemal su actividad aún se reducirá más por lo que la recaudación fiscal decrecerá, por lo que el Estado ingresará menos para poder pagar; la solución: no subir las contribuciones fiscales (los impagos también aquí aumentarán) y reducir gasto público, lo que aún empobrecerá más al país: dice ahora el FMI que las intervenciones realizadas hasta ahora en las economías planetarias han duplicado la deuda mundial: ¡y estamos como estamos!. Porque no nos engañemos, una calificación de deuda lo que está midiendo son las expectativas de la economía que emite esa deuda.

Volvamos atrás y aclaremos un punto: entonces, si una deuda no se compra, ¿se queda sin lo que necesita quien la ha emitido?. No necesariamente, no necesariamente. ¿Recuerdan lo que sucedía en el siglo XVI, y en el XVII, y hasta en el XVIII?: ¿qué hacían aquellas monarquías absolutas cuando necesitaban financiación y aquellos banqueros exigían unas garantías que aquellos reyes no podían ofrecer porque no tenían seguridad de ingresos?, pues ofrecían / se les exigían los rendimientos de “cosas” durante años: de minas, de puertos, de los ingresos que rendía la fiscalidad de bienes necesarios. Eso, pienso, volverá: es seguro, fácil de administrar, dinero, verdadero, contante y sonante.

(Me lo contaron el Sábado: hace dos días. En 1970 se compraba un piso nuevo en el madrileño barrio de Aluche por 300.000 ptas., hoy por un piso no-nuevo en el mismo barrio se están pidiendo, en pesetas, entre 55 y 60 millones. En cuarenta años el precio de los pisos en Aluche ha experimentado un crecimiento del 18.233%, pero ni los salarios de las personas que debían adquirirlos ni la productividad de las empresas en las que esas personas trabajaban han crecido en una tasa semejante. ¿Se entiende en base a qué ha estado creciendo España). 

Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.