Donde estamos, lo que somos, lo que tenemos
Santiago Niño Becerra - Miércoles, 09 de JunioConocen desde hace años mi postura: nos hallamos al final de un modelo sistémico agotado y hemos iniciado una transición que se manifestará en forma de crisis sistémica que, prácticamente, ya ha comenzado.
Pienso que el que se esté hablando cada vez más de coordinación, de supervisión, de comités de expertos que analizarán cosas es el punto de partida del nuevo modelo: también conocen desde hace tiempo mi posición: vamos hacia una puesta en común realizada por técnicos en la que el tu-eres-feo-tu-más dejará de tener sentido. Un “nuevo modo de hacer las cosas” será el resultado de ese cambio de modelo, ayer, Mr. David Cameron lo oficializó: “(lo que va a suceder y que ha empezado con una reducción-reorientación del gasto público) va a afectar a nuestra economía, a nuestra sociedad y desde luego a nuestra forma de vida” (El País 08.06.2010, Pág. 21).
Siempre es Inglaterra: la Ilustración, el Liberalismo, la Revolución Industrial, la Democracia moderna, la Tercera Vía (que en contra de lo que se dice está vivita y coleando: a las palabras de Mr. Cameron pongan el rostro de Mr. Blair), ahora será los principios filosóficos de una nueva forma de hacer. ¿Qué quiere decir “cambio en nuestra forma de vida”?.
Entiendo que es el fin de una forma de ser, de hacer, de vivir, de una forma de funcionar basada en la búsqueda del igualitarismo (dentro de un orden, faltaría más) porque eso era necesario a fin de que la población y las empresas, nutridas con el crédito conveniente y con el necesario permiso para que se endeudasen consumiesen masivamente de todo; así se crecía, se creaba empleo, se pagana impuestos y la gente era feliz y los Gobiernos lo eran más aún (y de paso, durante la Guerra Fría, se conjuraba el “peligro rojo”). Esa es la forma de forma de hacer que está acabando, pero final que, como todo en Economía, tendrá consecuencias.
Alemania ha querido ser más astuta, pero solo eso: ha querido. Ha dicho que va a reducir su gasto público, mucho, muchísimo; para dar imagen de ortodoxia, de pureza presupuestaria, de sentido económico. Lo que está haciendo Alemania, sigo pensando, es anticipar lo que le va a pasar -lo que va a pasar-: la situación ante la que se va a encontrar dentro de nada: no es que vaya a reducir gastos porque es la más purista, es que no va a poder seguir gastando lo que gasta porque los ingresos públicos se le van a derrumbar: se van a derrumbar.
Porque, ¡atención ahora!, una de las razones por la que la aún actual forma de funcionar va a ser insostenible es porque no va a ser posible continuar obteniendo los ingresos necesarios para pagar ese funcionamiento: la recaudación fiscal descenderá: habrá menos sobre lo que pagar: eso que denominan “las bases imponibles” decrecerá.
Ingresos, rentas, crédito, endeudamiento, llámenlo como quieran, en el fondo todo es la misma parte de lo mismo: fondos para financiar gastos, fondos que ya no es posible continuar obteniendo, gastos que cada vez son más caros de pagar porque absorben una cantidad más ingente de recursos. Se piden reformas: lo que se está pidiendo es que se gaste en función de lo que se tenga: de lo que se vaya a tener, y va a ser menos, menos.
Lo terrible del asunto es que el modelo que hemos estado utilizando -el que ahora se está muriendo por agotamiento- se basaba en una realimentación-contra-nada: todos tenían que seguir consumiendo de todo cada vez más, pero sus rentas e ingresos no daban para tanto consumo (Estados, Regiones y Ayuntamientos, tampoco) por lo que había que posibilitar un medio: el crédito creciente. Cuando se ha llegado a un nivel de deuda físicamente insostenible todo se ha venido abajo.
“Venirse abajo” = “Agotamiento del modelo”: el combustible que movía el modelo y el lubricante que posibilitaba que se moviesen sus piezas ha desaparecido transmutándose en deuda TOTAL. La actividad ha ido retrayéndose, por lo que los ingresos fiscales han ido disminuyendo, en todas partes, aunque en algunos lugares más que en otros; y como se han agotado tanto el combustible como el lubricante estamos yendo hacia el agarrotamiento de un conjunto que se está deteniendo: eso es una crisis sistémica.
La salida: un nuevo modelo: otra forma de hacer las cosas, pero eso tiene consecuencias: el cómo se ha vivido será diferente: tendrá que cambiar. En términos actuales menos consumo, más desempleo o menos empleo a tiempo completo, en comparación con el ayer menos seguridad; menos renta, más pobreza, en términos actuales. También más eficiencia, menos contaminación.
Cambio en la forma de vida, pues si.
Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.
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