Finanzas caseras (y otras especies)
Santiago Niño Becerra - Viernes, 23 de Julio- De verdad que no me lo puedo creer. Con una inflación subyacente que oscila entre el 0,1% y el 0,4% (pienso que tiende a la baja), con unos tipos que están en el 1,0% (también pienso que bajarán),
España colocó el 15 de los corrientes obligaciones con vencimiento en el 2025 al 5,114% y un montón de miembros del Gobierno, su Presidente incluido, se alzaron en un coro de parabienes y alegrías por "la confianza que los mercados tienen en España"; y el principal partido de la oposición, mudo.
Vamos a ver, que España, para que le compren unos bonos, tenga que pagar casi 5 puntos por encima de la inflación que ahora cuenta, y 4 más de lo que cuesta el dinero, lo que único que dice, pienso, es que quienes compran la deuda española piensan: “España está fatal pero necesita pasta si o si; que pague”, pero, además, indica otra cosa: como el vencimiento de tales bonos es en el 2025, es decir, con los tiempos que corren como si fuese el 6260, lo que dicen esos diferenciales es que la desconfianza en España se va a mantener ya que va continuar siendo negocio mantener, o vender, esos papeles.
Es decir, ya no es porque los bonos alemanes esto o aquello, es por los españoles, y es porque se quiera dar una imagen que no es cierta. Nos han comprado los bonos, sí, pero, ¿a qué precio?. (Entre nosotros: si me hubiesen sobrado unos cuantos miles de millones yo también hubiera querido comprarlos).
- El BCE ha dicho que sería conveniente que las entidades financieras no repartan beneficios a fin de “aumentar la disponibilidad de crédito (...) para cuando repunte la demanda” (El País 16.07.2010, Pág. 21). De entrada mi lectura es otra: que no repartan beneficios y que guarden pasta en el armario para tapar las grietas más urgentes que se vayan produciendo.
No sé; “para cuando repunte la demanda”, es como decir para cuando Flash Gordon regrese de su próximo viaje. Estamos ante una fase de consumo imprescindible por parte de unas poblaciones cuyo desempleo va a aumentar, con una nula capacidad de nuevo endeudamiento, con unas rentas medias decrecientes, y el BCE está hablando de “para cuando repunte la demanda”, pues vale: para cuando llueva de abajo para arriba.
Pero que nadie piense que el BCE no se entera: no va a haber recuperación económica “sin el saneamiento de los balances y sin el control efectivo de crédito” (Misma fuente anterior). Traduzco: 1) sin que salga a la luz toda la porquería que hay en los balances de las entidades financieras (¿y de las empresas?, no se habla de la porquería que pueden tener las empresas no financieras en sus balances, ¿tienen?, claro: ¿por qué no van a tenerla?) y 2) sin un plan operativo para que se tenga la absoluta seguridad de que esas entidades financieras no van a volver a meterse en embolados como los que se han metido hasta hace cuatro días. ¿Qué estamos hablando de “otras entidades financieras”?, ¡¡¡¡evidentísimamente!!!!.
- La Dodd-Frank Act no es una ley más sobre temas bancarios, ni siquiera en una Glass-Steagal Act bis: esta afirmaba: “a partir de ahora las cosas se van a hacer así”, aquella niega: “desde ya las cosas no van a volver a hacerse así nunca jamás”. De la nueva me quedo con dos cosas: por un lado crea un ojo-que-todo-lo-ve: la Reserva Federal, o quien sea, se meterá entre las costuras del sistema financiero para escudriñar que está sucediendo y diseccionar eso que está sucediendo hasta llegar al nivel molecular tal y como hacen los científicos de la serie “Bones”; por otro crea un poder-que-extirpa-lo-malo: si lo que ha escudriñado el otro poder es negativo, este lo elimina.
Dicen que es excesiva, otros que es insuficiente. Ni alabo ni critico: es así porque tiene que ser así: porque la evolución de las cosas ha llevado a que ahora las cosas de las finanzas tengan que ser así, del mismo modo que antes fueron de otra manera y masantes de otra distinta; punto. Pero que nadie se crea eso de que “esto se hace para evitar caos económicos”. Esta Act posiblemente sirva para evitar un caos como el sucedido, pero es que, ¿saben?, el próximo caos será de otra manera: ningún caos es igual a otro anterior, y los caos seguirán aconteciendo: porque es así, porque en el sistema la entropía no es cero.
(El suplemento que El País publica a partir una selección de textos tomada de The New York Times incorporó, en la Pág. 5 de su edición del 22 de Julio, un artículo verdaderamente interesante sobre los costes del iPhone 4. Resulta que el desglose que ha realizado la compañía iSuppli a partir del despiece del móvil y de la identificación y seguimiento de sus componentes, llega a que, sobre un precio de 600 dólares pagados a Apple, el 1,09% equivale a los costes del ensamblaje, realizado en China, naturalmente; el 7,66% representan materiales varios, los materiales propiamente dichos se llevan el 31,25%; y el resto, el 60,00%, es el beneficio. Si quieren ver el desglose de los costes, vayan aquí: http://www.nytimes.com/2010/07/06/technology/06iphone.html?pagewanted=2&sq=iphone%20iSuppli&st=cse&scp=1, y pulsen en el recuadro en el que pone “Multimedia”, abajo a la izquierda.
Leyendo cosas como esta uno se da cuenta de que se paga por lo que se quiere, no por lo que cuesta lo que se espera. Para haber llegado al iPhone 4 han hecho falta miles de horas de desarrollo, y en él hay incorporadas toneladas de horas de experiencias (shows de antena al margen), pero, ¿realmente está justificado un beneficio del 60%?. Ya, ya, si el mercado dice que sí, es que sí; OK, pero es preciso añadir algo: mientras pueda decirlo, es decir, mientras ese mercado tenga renta y/o capacidad de endeudamiento para decirlo, cuando no las tenga, ¿qué sucederá?, ¿dejará de comercializarse el iPhone 4?, ¿su precio se derrumbará?, ¿se reducirá su producción y su precio aún será más elevado a fin de elitizar aún más el gadget?. Mañana veremos, mañana veremos).
(Leído en Le Monde ayer: “La France et l’Allemagne parlent convergence fiscale” (http://www.economie.gouv.fr/actus/pdf/100721franco-allemand.pdf). La idea no es mala, de hecho, pienso, se va en esa dirección (¿desaparecer el euro?, ¡por favor!), pero entonces, ¿cómo se incorporan las diferencias en las estructuras de PIB?, y eso en esas dos economías, imaginemos el tema con España y Países Bajos).
Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.
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