Inmigración
Santiago Niño Becerra - Lunes, 05 de Julio
Tema superpolémico, lo sé, pero como no se aborde en sitios como este no se va a debatir prácticamente en ninguna parte, por lo que acabará saliendo tarde y mal y de forma explosiva. De entrada quedémonos con una premisa: la emigración, en el 99% de los casos es un fenómeno exclusivamente económico.
Tomemos el destino paradigma en temas migratorios: USA. Cierto es que las personas que en 1620 llegaron en el Mayflower a Massachusetts no les movieron causas económicas para zarpar de Plymouth a borde de tal buque, al igual que a la mayoría de las que las siguieron en las décadas siguientes, pero la emigración masiva que llegó a USA tras la hambruna de Irlanda de 1845 Ѣ€” 1849 tuvo una única finalidad: sobrevivir, sobrevivir porque sobraba en Europa, y se encontró con un escenario ideal: era supernecesaria para poner en marcha un país (no “el” país: revisen “Gangs of New York”, Martin Scorsese, 2002).
Más de un siglo después y en otra latitud, Josep Tarradellas, presidente de la Generalitat de Catalunya, pronunció, al poco de regresar del exilio, una frase que ha devenido célebre: “Es catalán todo aquél que vive y trabaja en Cataluña”, yendo a lo que es objeto de esta página, de las palabras del Presidente podía deducirse que es catalán quien genera PIB en Cataluña desde el lado de la oferta, con todas las implicaciones que ello tiene, evidentemente. Puede estarse de acuerdo, o no, con la frase, pero lo que no puede negarse es que así es como, en el fondo, ha sido considerada la inmigración: ¿alguien duda hoy que son catalanes los descendientes de las personas procedentes de Murcia que se asentaron en Cataluña a finales del siglo XIX y principios del XX y que trabajaron codo-con-codo con “catalanes genuinos” en las fábricas textiles de Sabadell y Terrassa?.
Lo que sucede es que los cambios de conceptualización que han llegado de la mano de la crisis sistémica (en términos sociológicos esos cambios se perciben antes de que sean perceptibles en el terreno económico) y que en lo económico pueden ser admitidos y aplicados con relativa rapidez y relativa facilidad, en lo demográfico su admisión puede llevar décadas, y en esas décadas dar lugar a fortísimas tensiones sociales camufladas de choques culturales, conflictos religiosos y pugnas raciales, cuando, en el fondo, fondo, lo único verdaderamente importante que hay detrás de tales tensiones son razones económicos.
El Presidente USA Barack Obama ha pronunciado recientemente otra frase que, pienso, también pasará a la posteridad: “(...) ser americano no es cuestión de sangre, sino de fidelidad compartida a unos valores” (El País 02.07.2010, Pág. 1). Analicen al detalle esa frase: es un calco de la que hace casi treinta años pronunció el Presidente Josep Tarradellas, adaptando vocabulario a la época, evidentemente, pero queriendo decir, pienso, en el fondo, lo mismo. El problema es que la frase de Obama hoy ya no tiene sentido: ha llegado tarde porque hoy la realidad, incluso los matices, es muy distinta a la que era hace 150 años, o, incluso, hace 30. Hace un siglo, o medio, era necesario factor trabajo: cuanto más mejor, sin importar de donde viniese, hoy, también sin importar su procedencia, es necesario el factor trabajo que se necesita, y cada vez va a ser necesario menos.
La frase del Presidente Obama llega tarde. Doy por descontado que la mueve la buena intención: legalizar a quienes se hallan en una situación irregular, por razones de orden público, incluso por motivos de justicia social, aunque detrás solo se halla la verdad de que hoy los bajos costes de la mayoría de esas personas son esenciales para la economía USA. La pregunta es cuántas de esas personas van a seguir siendo necesarias mañana. Ahora trasladen ese razonamiento a España, una economía que trajo a cinco millones de emigrantes para que levantasen bloques de viviendas en jornadas de la duración que hiciese falta y pagándoles lo considerado oportuno, y para que trabajasen en la hostelería y en la restauración con semejantes jornadas y parecidas remuneraciones.
Eliminen del tema de la inmigración componentes raciales, culturales, religiosos, de procedencia geográfica, y quédense únicamente con el hecho de que gran parte de aquellos cinco millones de inmigrantes que se dejó entrar y permanecer en España no sean necesarios para generar PIB; insisto, prescindan del color de la piel, del modo de vestir, de las costumbres y de las creencias religiosas de esas personas: hoy el único problema que subyace tras las crecientes tensiones que en España se están generando en torno a la inmigración (en unas zonas más que en otras, claro) son económicas: ya no son necesarias esas personas, y en USA van a descubrir lo mismo dentro de cuatro días. A partir de ahí va apareciendo el resto: problemas de convivencia, violencia interétnica, enfrentamientos entre comunidades, ...
Lamentarnos ahora ya no tiene sentido: mal o bien (mal, muy mal) se hizo lo que se hizo y el pasado, pasado está, ahora debe pensarse en desactivar una auténtica bomba de tiempo. ¿Se puede desactivar?, si, pero el proceso es feo bajo los parámetros del modelo que ya está muriendo, y, además, precisa de la coordinación internacional, lo que es complejo de lograr, por lo que cabe esperar que durante unos cuantos años no se haga nada en ese camino de la desactivación, lo que llevará a que se pierda un tiempo precioso y a lamentaciones posteriores por haberlo perdido; que le vamos a hacer: somos humanos.
Lo que si, pienso, debería tenerse ya muy claro es que frases como las del Presidente Obama no van en la dirección de solucionar el problema, al revés; pero bueno, también en eso, en las frases, somos humanos.
(Uds. ya lo han leído aquí hace meses: vamos a peor, a mucho peor: http://noir.bloomberg.com/apps/news?pid=20601087&sid=aFoR1AugJvSA&pos=2).
Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.
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