Ireland
Santiago Niño Becerra - Martes, 12 de MayoVuelvo sobre el tema porque ciertas cosas indignan. La inmensa mayoría de quienes hoy dicen que las cosas de la economía no van bien o, incluso, que van mal, y lo que es peor, añaden que desde hace tiempo vienen advirtiendo de lo peligroso que era continuar por el camino que por el que esas cosas transcurrían, hace cuatro días decían lo contrario. Las hemerotecas demuestran que la inmensa mayoría de esas personas, hasta hace esos cuatro días se llenaban la boca diciendo lo sólidos que eran los fundamentos de la economía internacional y lo breve que iba a ser la "desaceleración" por la que temporalmente estaban pasando las distintas economías planetarias.
Esas personas decían que las mal llamadas economías emergentes -puras economías subdesarrolladas exportadoras de una o dos commodities- iban a quedar al margen de cualquier problema (¿recuerdan el famoso “decoupling”?, ¿quién habla hoy de él?) y que, además, podían actuar como impulsoras de las demás economías. Decían que China, casi, casi, iba a salvar al mundo y que su economía iba a superar a las de varios países según un calendario perfectamente estructurado. También que la economía española era la monda, y añadían que estaba creciendo más que nadie (lo que era cierto, lo que no decían era cómo crecía). Y que los países de la Europa del Este eran los nuevos Eldorados a los que cualquiera con una brizna de olfato económico tenía que dirigirse. Pero de todas las inconsistencias lógicas que decían, lo que más me ha llegado al alma han sido los sinsentidos que se decían sobre Irlanda.

En mi libro “El crash del 2010” dedico parte de un capítulo a analizar el caso de esa economía, caso, pienso, de manual de lo que debe hacerse si lo que se busca es iniciar una huida hacia adelante porque ya no queda a donde ir, o montar una burbuja a fin de estrujar el último dólar al entorno y, después, echar el vuelo.
El Tigre Celta, la evolución de un modelo virtuoso, un caso a imitar, el segundo PIB per cápita de Europa. La precrisis ha puesto de manifiesto el gran bluff que fue Irlanda, un bluff diseñado a golpe de bajos impuestos sobre beneficios, inflado a base de hipercrédito y de especulación, financiado con inversión extranjera, y mantenido con unas clamorosas carencias sociales. Quienes de entre Uds. me siguen han podido leer aquí, hace ya tiempo, sobre la insostenibilidad del modelo irlandés. Pero ya han aparecido voces cambiando el mensaje: ayer Irlanda era alguien a envidiar hoy es alguien a compadecer, y siempre lo habían dicho. ¡Y un rábano!.
Lo sucedido con la economía irlandesa ha sido el típico invento de “metemos algo y damos por supuesto de que vamos a sacar muchísimo más porque todo el mundo se va a creer que es factible”. Lo peor del caso es ese invento fue avalado, bendecido y certificado por organismos de cuyo prestigio nadie duda; no hace falta dar nombres: son conocidos por todos. Y lo más peor, lo pésimo, es que esa forma de hacer era inevitable. O Irlanda hacía lo que hizo o no crecía, ni lo que creció ni prácticamente nada; o la economía irlandesa se apalancaba en el crédito y en los impuestos ridículos y pasaba a depender de la inversión extranjera, o continuaba siendo el farolillo rojo de Europa y productora de emigración neta al igual que lo había sido en el último siglo y medio; o el país celta continuaba siendo uno de los más pobres de Europa (¿sabían que hasta mediados de los años 60 en muchas casas cercanas a la desembocadura del río Shannon y no lejos del segundo aeropuerto de Irlanda no llegó la energía eléctrica?) o tiraba la casa por la ventana y pasaba a creer que era el segundo país más rico de Europa.
“El segundo más rico”, ¿saben porqué Irlanda tenía el segundo PIB per cápita de la UE?, pues porque producía una enormidad para los 4,5 millones de habitantes que la república tiene, y exportaba la tira, pero, ¿qué, realmente, no a deuda, se quedaba en el país?, ¿con qué servicios contaba la población?. Ahora Irlanda se enfrenta a una caída estimada de su PIB del 11% -en Marzo del año en curso: será mucho más- en el 2009 con respecto al PIB generado en el 2008, y a una deuda de compañías promotoras y constructoras inmobiliarias que supera el 30% de ese PIB y que tendrá que ser pagada por su población a costa de disponer de menos servicios y de pagar más impuestos.
Y las últimas previsiones del FMI: evolución del PIB: 2009: -8,0%; 2010: -3,0%, 2011: 1,0%, 2012: 2,3%, 2013: 2,6%, 2014: 2,6%. Serán perores, pienso, pero para lo que viene tanto da: cuando se produzca la recuperación la irlandesa será una economía estancada. Y claro la pregunta es obvia: para quienes decía que Irlanda era un Tigre: ¿cómo puede pasar una economía de ser un tigre a ser, qué?.
Se dirán que estoy indignado con lo sucedido con Irlanda, y sí, así es: me siento muy indignado, mucho. Irlanda es un caso paradigmático de chapuza y cuchufleta económica en el que casi todo el mundo comulgó con ruedas de molino porque se quería que el invento funcionase. Durante unos años las luces estuvieron encendidas a base de hacer una trampa tras otra, hasta que la cosa no ha dado más de si, como en otros muchos sitios: España, por ejemplo.
Sí, me cabrea lo sucedido con Irlanda, por las falsas verdades cantadas por muchos, y porque el país y sus gentes me encantan; y porque lo sucedido en esa República era inevitable, al igual que lo sucedido en otros muchos sitios.
Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.
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