Obras públicas
Santiago Niño Becerra - Lunes, 23 de AgostoMuy interesantes las conclusiones que pueden extraerse del informe que han elaborado las cinco patronales españolas de la construcción: destrucción de ocupación como consecuencia de la política de recortes en el gasto / inversión en obra pública / infraestructuras, y desaparición de empresas si ese mismo Estado no paga lo que ya debe (http://www.seopan.es/). Pero hay más.
Enumeramos y luego hablamos del tema: 1) El número de empresas constructoras que hoy existen, ¿es el adecuado?, 2) la política de obras públicas y construcción de infraestructuras, ¿es acertada en toda circunstancia?, y 3) las obras que se planean y programan, ¿son verdaderamente necesarias en una atmósfera de carencias como la actual?.
En España, como en todos los países con ojos y cara, existen empresas constructoras “de pisos” y “de carreteras”, algunas cubren las dos vertientes, sobre todo durante el megaboom del ladrillo que vivimos. Fue una situación en la que cada mes se construía, de-todo, más que el anterior pero menos que el siguiente. Una situación en la que el crédito fácil y el dinero barato hacían de combustible y actuaban de lubricante.
El número de empresas y su dimensión crecieron, y otras vinieron de fuera, y las de aquí salieron al exterior. Aumentaba la actividad, y la ocupación, y todas las actividades conectadas con ese mundo. Y los ingresos públicos: Estado, regiones, ayuntamientos. Y creció la capacidad de consumo-a-crédito de la población. (Ayer me preguntaron: “Pero aquello sólo benefició a algunos”, “No, respondí, benefició a prácticamente todos, pero la mayoría aún está pagando ese beneficio, ¡y lo que les queda!).
Ahora la actividad constructora -de todo- está cayendo, y va a seguir cayendo. Las empresas del subsector solicitan obras, pero, ¿el problema es la falta de obras o el problema reside en el exceso de empresas constructoras?, es decir, si está absolutamente reconocido que existe un exceso de capacidad mundial de ensamblaje de automóviles que fuentes autorizadas cifran en el 20%, ¿por qué no puede haber un exceso de capacidad en el subsector de la construcción?.
Si los tiros fuesen por ahí no se solucionaría el problema de la caída de la ocupación en la construcción, al contrario, pero se pondría sobre la mesa fallos garrafales de planificación acaecidos durante estos años pasados, y supuestos realizados sin demasiada base: que el crédito iba a continuar siendo tan fácil y que la capacidad de endeudamiento iba a seguir creciendo del mismo modo.
Otro tema que se halla muy relacionado con el anterior es la capacidad de la obra pública para remontar situaciones recesivas o depresivas. Cuando las cosas empeoran, cuando la actividad decae, los Estados se ponen a hacer carreteras, es una receta que lleva funcionando desde los años 30, ¿por qué no ahora?; esa es la filosofía del Plan E y similares. El problema es que hay un pero.
Una política de obra pública orientada a la reactivación económica debe cumplir una característica fundamental: tiene que tener recorrido; es decir, debe crear verdadera actividad nueva; en otras palabras, los recursos que moviliza no tienen que existir y, por tanto, pueden ser absorbidos sin problemas por el sistema, en eso consiste la aproximación de la tasa de crecimiento hasta el crecimiento potencial que decía Keynes, y por eso la política keynesiana funcionó tan bien entre 1950 y 1970. Pero ahora las cosas son muy diferentes.
La utilización de políticas de gasto como suministradoras de potencia precisa que haya márgenes libres, espacios no utilizados en el escenario en el que se desempeñan las realidades económicas, pero ahora ya está todo copado, ocupado, utilizado. Las políticas keynesianas partían de la base de que había margen para un mayor endeudamiento, pero hoy ese margen ha desaparecido.
Continúo diciendo que lo primero que hubiera tenido que hacerse es un análisis exhaustivo de la calidad del gasto: ¿se gasta eficientemente lo que se gasta?, pero recortes hubieran tenido que realizarse, y en una situación así que, entiendo, casi es de supervivencia (mañana lo será), es lógico haber recortado gastos e inversiones en obras que no son genuinamente esenciales.
Es mi opinión, claro, aunque como opino puedo preguntar: quienes creen que no, que no deberían haberse recortado gastos en obra pública, ¿qué piensan?, ¿hubiera tenido que recortarse en otras cosas o no hubiese tenido que recortarse en nada?.
Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.
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