¿Por qué en España el paro ...? Ѣ€“ Anexo Ѣ€“ 1
Santiago Niño Becerra - Martes, 27 de OctubreUds. ya lo han leído aquí, varias veces, pero vamos a decirlo otra vez:
la tasa de desempleo del factor trabajo está creciendo porque cada vez es necesaria menos población para generar la misma cantidad de PIB -o más cantidad de PIB- de la que se generaba cuando se necesitaba más población; eso ha sucedido porque la productividad ha ido aumentando, y esa tendencia va a continuar, y no por lo que piensan: más beneficios para las compañías que generan el PIB, sino porque si la productividad crece la cantidad de commodities utilizada se reduce.
Eso está sucediendo en todas partes: es una tendencia y se convertirá en norma como consecuencia de la crisis sistémica en la que vamos a entrar; lo que sucede es que unos países/áreas están mejor preparados/as para afrontar ese cambio sistémico que otros/as: las economías de espacio reducido, que ya están generando un elevado valor per cápita, con bajo nivel de población pero de muy elevada formación, con una alta dotación de capital productivo por unidad de PIB generado, y flexibles, lo tienen mejor de cara a ese cambio que las que no cumplen esas características. Dinamarca, Países Bajos o Suecia (e Inglaterra, aunque no por esos mismos motivos) lo tienen menos mal que España.
En España, cuando las cosas “iban bien” el número de personas con una edad entre los 16 y los 65 años que querían trabajar ya era más reducido que en los tres países citados, y no piensen que eso es bueno porque indica que más jóvenes se están formando: el número medio de jóvenes en período de formación es muy semejante en los cuatro países, la diferencia estriba en el tipo de formación que esas/os jóvenes obtienen en España y en los otros países citados y en las posibilidades posteriores de ser contratadas/os, es decir, de ser necesarias/os: en España menores que en los Países Bajos, por ejemplo.
Con los adultos sucede algo parecido. En España es necesario un número determinado de personas adultas para generar el PIB que España genera: menos, en proporción, que en los otros países citados, para generar un PIB de menos valor que en esos otros países; pero como la productividad española es menor, “mucha gente” (que, en realidad, no lo es en relación a la población entre 16 y 65 años), está generando “poco PIB” en relación al valor de lo que fabrican.
Atendiendo al empleo del factor trabajo, la economía española tiene dos problemas: 1) normalmente necesita mucho menos factor trabajo del que podría disponer, y 2) cuando “las cosas van bien” necesita más factor trabajo del que habitualmente precisa, pero a un coste mucho más bajo del que puede pagar porque el PIB que genera es de bajo valor.
En consecuencia, la economía española está condenada a dos infiernos: uno: a tener una elevada tasa de desempleo, mucho más alta que la de economías como las enumeradas, teniendo en cuenta que el cambio sistémico implicará que el desempleo en éstas también aumente; otro: como la productividad española es baja, la remuneración media del factor trabajo en España será reducida: mucho más reducida que la remuneración media de las economías indicadas.
Existe, aún un tercer infierno en el que la economía española caerá. Como en todas las economías, la tasa de desempleo española tiende a crecer y la remuneración salarial media a bajar; en base a eso alguien podría pensar en plantear expulsiones masivas de población inmigrante, pero eso no arreglaría nada porque como el tipo de PIB que España genera continuaría fundamentalmente siendo el que es, lo que se conseguiría con esta medida es profundizar en el hundimiento de la remuneración media porque la productividad española no justificaría aumentar dicha remuneración.
Una variante de este infierno es hundir la remuneración media a fin de conseguir una mayor competitividad. Sería inútil. Como la cantidad de PIB que España genera continuaría siendo prácticamente la misma (ya que la capacidad de consumo interior y exterior variaría poco y, en todo caso, a la baja) la tasa de ocupación no crecería pero lo que sí aumentaría sería la tasa de pobreza, con todas sus consecuencias sociales y económicas.
Otra variante (esta muy colateral) de la anterior es lo que en los 80 se denominó el “reparto del trabajo” (del tiempo de trabajo, en realidad): totalmente inútil: la productividad cae, el poder adquisitivo unitario no aumenta, la calidad del PIB generado no crece y la competitividad no mejora. En Francia saben bastante de esto.
Luego está el tema de la temporalidad, del contrato de trabajo temporal. Existe una verdadera obsesión de Gobiernos y de muchos expertos por reducir la tasa de temporalidad, una tasa que en España es altísima: 25% (hace cuatro días, 33%). Se dice que el trabajo temporal es malo por múltiples razones, sin embargo todas esas razones son razones propias de un modelo -el vigente- que ya se ha agotado; pienso que es justo al revés: el futuro se halla en el trabajo temporal: muy elevadas tasas de productividad harán que se necesite factor trabajo puntualmente para realizar tareas concretas en lugares determinados, no como hasta ahora en que se decía que se necesitaba todo el factor trabajo posible en todas partes para realizar todas las tareas imaginables.
Dejando al margen cuestiones jurídicas, una variante del trabajo temporal es el trabajo a tiempo parcial, muy abundante en los países citados porque ... la productividad horaria de sus trabajadoras y trabajadores es muy elevada, por lo que la remuneración de cada una de esas horas lo es, permitiendo a esas trabajadoras y a esos trabajadores -hasta ahora, que eso también cambiará- escoger trabajar menos horas.
España tiene una tasa de trabajo a tiempo parcial ridícula, y en la inmensa mayoría de los casos, forzada; la tiene ridícula porque las bajas remuneraciones no permiten escoger trabajar menos horas, y es en muchos casos forzada porque forzadamente escoge la trabajadora o el trabajador trabajar menos horas ante la alternativa de no trabajar ninguna: “o un contrato de 20 horas semanales, o ningún contrato”.
No se vayan: mañana seguimos.
Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.
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