Viernes, 25 de Mayo de 2012

Reflexiones Ѣ€“ 1

Santiago Niño Becerra -  Lunes, 12 de Octubre

452 Ѣ€" En su tradicional intervención radiofónica semanal el presidente USA dijo, el pasado 5 de Septiembre, que los estadounidenses que invirtieron sus ahorros en los mercados de valores habían perdido dos billones de dólares. Tremendo, pero, si los han perdido,ilustración ¿dónde están ahora?, y, por ir más allá, ¿de qué forma pudo producirse tamaña pérdida?.

Álguienes adquirieron unas participaciones en unos fondos, esos fondos invirtieron en productos financieros utilizando los ahorros de esos ciudadanos estadounidenses; cuando los fondos realizaron la inversión los precios estaban a unos niveles, los fondos supusieron una evolución de las cotizaciones que proporcionase una rentabilidad a los ahorradores; los ciudadanos esperaban poder complementar el importe de la pensión pagada por el Estado con las rentabilidades obtenidas por esos fondos. Es un mecanismo conocido, entonces, ¿qué ha sucedido con esos ahorros por importe de dos billones de dólares?.

Conocen mi postura: pienso que nadie es culpable de lo que ha sucedido: la evolución del sistema llevó a que se hicieran las cosas que se hicieron y a que hicieran como se hicieron; pero hay algo que, aunque se hizo como se hizo porque no cabía que se hiciese de otro modo, choca frontalmente con una de las principales características del enfoque que ha adoptado el sistema en el último medio siglo: la falta de información, y es curioso que críticas a eso haya tan pocas.

Esas ahorradoras y esos ahorradores estadounidenses que metieron sus ahorros en esos fondos y que ahora se aperciben que han perdido dos billones de dólares, ¿eran conocedores de dónde se estaban metiendo?. Ya, ya, les movió la avaricia: esperaban multiplicar su inversión; pero, ¿eran conscientes de los riesgos que estaban adquiriendo al entrar en tal o cual fondo?. La respuesta, pienso, es un no rotundo.

Una persona adquiere un electrodoméstico y, si el aparato en cuestión cumple su cometido de forma defectuosa, la operativa que el comprador debe seguir se halla diáfanamente recogida. Una ciudadana o un ciudadano USA que se halle entre quienes han perdido parte de sus ahorros, ¿qué puede hacer?. Sí, puede interponer una querella por la vía judicial, pero yo no me estoy refiriendo a eso: ¿a qué oficina o agencia debe dirigirse para reclamar que tal producto financiero ha funcionado defectuosamente?, porque, funciono de forma defectuosa, ¿no?.

¿Sonríen?, no lo hagan. Aceptamos como normal que una secadora de ropa pueda funcionar defectuosamente aún cuando quien la adquirió haya seguido a rajatabla las instrucciones del fabricante, por lo que es responsabilidad de este resarcir a la persona que compró tal secadora; pero cuando un producto financiero funciona inadecuadamente y/o quienes en él invirtieron pierden los dientes, decimos: “Eso es el riesgo”.

En otras palabras, el fabricante de la secadora debe responder si el diseño y/o el ensamblaje de la lavadora es inadecuado, o cuando la información suministrada al comprador es insuficiente (¿creen Uds. que los fabricantes suministran manuales de funcionamiento tan completos por amor al arte?), pero, ¿quien responde de las pérdidas que, tal vez, un inadecuado diseño de esos productos financieros han causado a las inversoras y a los inversores que participaron en esos fondos que los negociaban?, ¿quién de una posible inadecuada o insuficiente información suministrada al comprador de la participación?.

“Es que no es lo mismo un producto financiero que una secadora de ropa”, dice el del fondo. ¡Claro que no!: la diferencia se halla en las expectativas. La máxima expectativa que puede tener quien adquiera una secadora de ropa es que seque la ropa con arreglo a lo indicado en el manual del fabricante, nada más; la máxima expectativa que puede esperar quien adquiera un producto financiero es forrase. La secadora es algo tangible: la promesa es verificable; el producto financiero es un futurible: algo incierto. El problema reside en que, en el mundo financiero, en muchas ocasiones, quienes venden no informan de todo lo que deberían y quienes compran no entienden lo que se les cuenta; quienes venden esperan y quienes compran quieren. Mal asunto.

452 bis Ѣ€” Un lector me ha remitido un video, lo tienen aquí: http://www.as.com/futbol/articulo/gordos-copa-alcorcon-madrid-leonesa-barcelona/dasftb/20091009dasdasftb_18/Tes. Recoge las muestras de júbilo desenfrenado de los jugadores de dos clubes de fútbol españoles al enterarse de que en el sorteo de una competición de tal deporte habían salido emparejados con el Real Madrid y con el Barcelona. Si ya han visto el vídeo les invito a que vuelvan a verlo, y si no lo han visto, a que lo vean, pero les sugiero que lo vean analizando el porqué de esa alegría. Esos jugadores saben que, en pura lógica, van a ser eliminados, pero les da lo mismo porque saben, también, que en ese partido van a obtener el mayor ingreso de taquilla de su historia. Es decir, se alegran por el dinero que el partido va a reportar a sus clubes, por lo económico, cosa que no critico: cada uno se alegra de lo que cree conveniente alegrarse.

Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.