Sábado, 11 de Febrero de 2012

Turismo

Santiago Niño Becerra -  Lunes, 05 de Octubre

Una lectora me envía un mail y me cuenta sobre sus vacaciones de Verano:

“(...) En (nombre de una región española) muy bien, mucho sol, aunque por lo que se ve se nota la crisis. Estuvimos en (nombre de un local de copas) con actuación en directo, y sólo tenía unas cinco mesas ocupadas. ilustraciónLos demás locales igual. El camarero nos preguntó de donde éramos y empezamos a hablar, llevaba muchos años allí, dice que este año tenían tres camareros menos, que el jefe estaba que trinaba y que si hubiésemos ido el año pasado conseguir una mesa libre era casi imposible sin esperar un buen rato. Decía que muchos de sus amigos camareros profesionales (él lo era, un trato exquisito) estaban en el paro, cuando antes eran muy buscados y muy bien pagados. (...).

Hoy en mi trabajo los compañeros hablaban de la crisis y de que ya en todos los sitios habían escuchado que lo peor había pasado. Daban por hecho que ya pasó lo peor”.

Lo que se deriva de esto es simple. Hacer turismo, ¿es necesario?. Respuesta, no. Es necesario ingerir, diariamente, la cantidad óptima de hidratos de carbono, grasas y proteínas que precisamos, pero, ¿hacer turismo?. Mi lectora habla de que en el Verano del 2008 era imposible encontrar una mesa en ese local, en ese y en tantos otros; en el Verano del 2008.

En el Verano del 2008 la tendencia que estaba marcando el PIB ya apuntaba hacia abajo, y el consumo de los hogares, y la tasa de de ocupación. La ciudadanía extraía las últimas gotas a sus tarjetas y el Gobierno proclamaba que España iba a crecer el +1,6% en el 2008 y el +1,0% en el 2009, y que la tasa de desempleo del factor trabajo iba a ser el 10,4% en ese año y el 12,5% el siguiente, es decir, el actual.

Ahora, de cara a la galería, a cualquier galería, bastante de esa ciudadanía afirma que lo peor ha pasado; ¿porque lo dice el Gobierno?, no, eso influye, claro, pero la razón fundamental es el deseo de la gente de que lo peor pase y de que EL milagro llegue lo antes posible; luego, en la penumbra de un local de copas, con la música apropiada de fondo, ante ninguna galería, esa misma ciudadanía reconoce que ya no es un problema encontrar una mesa en ese local porque ya no quedan tarjetas para escurrir. ¿El Plan E?, ¿la bajada del euribor?, pequeñas dosis de anfetaminas para llegar a mañana.

El Turismo, y el automóvil eléctrico: el nuevo futuro, la ilusión de mañana. Vamos a ver, si el problema es de subutilización de vehículos, de exceso de capacidad productiva, de infraúso de commodities, ¿qué más da que aquel automóvil que pasa por allá y en ocupa una sola persona durante la media hora que lo va a utilizar al día lo mueva combustible fósil o la energía que produce una batería de litio?. ¿La contaminación?; ¿sabían Uds. que una vaca media contamina en un año tanto como cuatro automóviles medios?.

El automóvil eléctrico, entiendo, es parte de EL milagro, es el querer volver a lo de antes con un cacharro semejante al conocido pero con un toque guay. No resuelve nada, pero ilusiona un montón, y mola mucho: supongo que saben que es hoy lo más superchic en materia de automóviles, pues tener un T…...... modelo P…......

El tema: volver al momento en que oleadas de turistas entraban por la frontera; conduciendo automóviles eléctricos, evidentemente.

(Decir hoy “La recuperación ha comenzado” equivale a decir “Hoy es el primer día del resto de tu vida”. La primera frase la pronunció el pasado Jueves el director del FMI, la segunda, lo ignoro. Existe una especie de obsesión por proclamar, cuanto antes, que “la crisis ha finalizado”, una salida que, desde hace meses, se pronosticó que sería en forma de “V”; ahora, alimentado -aún- por el deseo de la población de que “las cosas se arreglen de una vez”, se lanza al aire el mensaje de que ya hemos salido de agujero. Y disiento.

Estamos donde estamos, es decir, no estamos -ya- mucho más abajo porque: 1) se han inyectado en la economía, de una u otra manera, una cantidad de pasta equivalente al 35% del PIB del mundo, 2) se ha aceptado que son buenos todos los activos que tienen las entidades financieras aun sabiéndose que entre 2,5 y una cantidad indeterminada de billones de dólares, no valen ni el papel en el que están impresos, 3) se ignora que la suma de derivados que están dando vueltas por el planeta es una cantidad similar a la que se obtiene tomando el PIB del mundo y multiplicarlo por diez, 4) se da por supuesto que todas las personas físicas y jurídicas podrán atender los pagos de sus deudas, y que los Estados podrán, también, atender los suyos, 5) por supuestísimo se da que “alguien” comprará toda la deuda pública que crean conveniente emitir los Estados, 6) que no van a faltar, nunca, las commodities que hagan falta y de ellas habrá la cantidad precisa, 7) que la oferta de trabajo, tardará, pero se ocupará, y 8) que la esperanza de la gente en EL milagro permanecerá incólume mientras haga falta y con la intensidad conveniente. Lean estos puntos otra vez y memorícenlos.

¿Por qué, entonces, se dice que “la crisis ha finalizado”?, pues porque ya se ha agotado la munición y para llegar a mañana queda poco más que la esperanza. Dentro de nada (literal) este castillo de paja que se ha construido empezará a derrumbarse. Una cifra parpadeará en la pantalla de un ordenador, será cualquier cosa: las ventas de lavadoras en Kansas o los futuros de la dracma griega, poco importará, pero lo que sea será suficiente para que la confianza se tambalee. A partir de aquí, se habrá acabado la precrisis.

En cualquier caso, el FMI, o cualquier institución que dogmatice sobre la actual situación conocen muy bien la realidad de la Economía y de las economías, de ahí que después de la soflama llegue una tonelada de “peros” y vuelvan a sacar a relucir la famosa forma de “W”: ¡no existe una crisis en forma de “W”!, o, ¿es que le llama “salir de la crisis” a que durante un mes el consumo de automóviles aumente en Alemania debido al porrón de ayudas dadas a la compra de vehículos?.

En el fondo es hacer la salsa gorda a la población (al electorado), ¿para “que se animen”?, ¿para que se calmen?, ¿para que se conformen?; recuerden: “el mundo va bien” se construyó sobre la deuda, sobre el crédito y sobre la creencia de que unos cuantos bits de ordenador podían valer mil millones de dólares. Olvídense del FMI y salgan a la calle, y pregunten).

Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.