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¡CARETAS FUERA!

Lunes, 15 de Diciembre de 2008 Santiago Niño Becerra

ilustracionLlevan un año así: nos están diciendo a plazos, al reino, que existe un fallo en la circulación del cuerpo económico español, un fallo circulatorio que, aceleradamente, está desembocando en una gangrena, y ya sabemos que hay que hacer cuando una parte de la anatomía de una persona se gangrena. El preinforme publicado por el FMI el 9 de los corrientes de título "Spain: 2008 Article IV Consultation - Concluding Statement of the Mission" (lo tienen aquí), no descubre nada que no se supiese; dice, sí, que el PIB de España crecerá el -1,0% el próximo año, pero Uds. han leído aquí mis previsiones: la cosa va a ser mucho peor: en el 2009 crecerá entre el -2,7% y el -2.1%; en el 2010 entre el -3,3% y el -2,8%; en el 2011 el PIB se moverá entre el -4,0% y el -3,4%; o sea que, por el lado del crecimiento, el FMI no asusta: lo verdaderamente interesante del preinforme no está en las cifras, sino en la letra. Lo verdaderamente interesante está en que el FMI prescribe una receta para la economía española, pero la prescribe como única alternativa al desastre, una receta que no es una simple lista de medidas a tomar, sino un conjunto de posturas que predeterminan un posicionamiento.

De la lectura de las posturas económicas que prescribe el FMI para la economía española se deduce algo muy profundo: que el destino económico de España para las próximas décadas ya ha sido escogido por quienes pueden decidirlo, y es un destino que, para serles sinceros, lo encuentro muy lógico teniendo en cuenta los mimbres con que se cuenta, pero es un destino triste, porque es pobre, porque enfoca hacia la limitación.

Partiendo de la base de que el FMI dice que vienen tiempos muy duros para España (para todas las economías: espérense al próximo informe global), de esos tiempos muy duros España tan sólo va a poder salir haciendo una serie de cosas que lo que suponen es un retroceso en términos de volumen de PIB debido a que se oficializa el tipo de PIB que España genera y se bendice un nuevo modo de generarlo: bajo valor añadido con una apreciablemente mayor productividad; menos PIB, pero más PIB per cápita de quienes produzcan ese PIB que, en número, serán bastante menos de quienes ahora producen el PIB del reino.

Veamos. España debe aumentar su productividad, pero no a base de capital físico y humano, sino de flexibilización de las condiciones de trabajo. España debe incrementar su competitividad, pero no a base de meter más valor añadido en los bienes que fabrique y en los servicios que elabore, sino en abaratar sus costes de producción, fundamentalmente, los laborales (no sólo los salariales).

La prescripción del FMI es simple: España es lo que es, no soñemos imposibles, no imaginemos paraísos inexistentes. España tiene lo que tiene, dispone de lo que dispone, cuenta con lo que cuenta, y con eso que tiene, dispone y cuenta puede hacerse lo que puede hacerse. Si España no quiere hundirse en la negrura más absoluta debe hacer eso que puede hacer de la forma más productiva posible a los menores costes posibles.

Eso significa que España se hará más pequeña, que la población quedará escindida en dos, que la oferta de trabajo será muy inferior a la demanda de trabajo, que el poder adquisitivo medio descenderá, que se acabarán los créditos del 100% para comprar una primera residencia y una ampliación del mismo para adquirir una segunda, que descenderá la venta de Audis, que irán vacíos los vuelos de placer (mientras se mantengan) a las Seychelles, sí, pero España sobrevivirá; pobremente, con un peor standard de vida, con una tasa de desempleo media sostenida del 20%, o más, pero sobrevivirá. ¡Ah!, y esas pymes que sobreviven a base de chapuzas fiscales, con chanchullos de barrio y que creen que el despido libre les va a solucionar la vida, que no se alegren: en ese mundo regido por la productividad y por le eficiencia tienen los días contados.

¿Duro?, mucho: ir a menos es muy, muy duro; pero el FMI nos dice que no hay alternativa: se acabaron los fondos comunitarios, se acabaron las oleadas de billetes procedentes del exterior entrando en las entidades financieras españolas, se acabaron las decenas de millones de turistas atiborrando las playas españolas, se acabó el levantar cada año 0,8 millones de viviendas, y el fabricar 1,2 millones de automóviles: se acabó, porque no es sostenible para nadie y porque España carecía de base para hacerlo. Fue, ya no es. Punto final.

Ese es el mensaje del preinforme del FMI: ¡caretas fuera!.

(En este contexto: ¿qué sentido tiene que el Parlamento apruebe unos presupuestos que ya no valen ni el papel en el que están impresos, unos presupuestos que parten de la base de que la economía española va a crecer el ... ¡+1,0%! el próximo año).

(Aviso para navegantes. Si alguna/o ciudadana/o no española/ol se halla leyendo estas líneas, que no se ponga contento: la crisis va a ser terrible para España, sí, pero para todo el mundo va suponer una ostia de las que no se olvidan en décadas. Cierto, cierto, a unas economías les va doler más que a otras, pero a todas les va a doler, mucho, muchísimo, porque todas las economías van a ir a menos, y eso siempre duele. Esa, sin grandes cambios va a ser la prescripción del FMI para todo el mundo; estamos de suerte: a nosotros nos la ha dicho antes).

Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull. 

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