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Crece la expectación acerca del sueldazo de los ejecutivos, ahora que la Crisis aprieta y ahoga. De la alarma estrictamente bursátil que ha generado este hecho en los últimos años, se ha pasado a la alarma social. Los ejecutivos no pueden exhibir sus galas a cargo de la empresa que representan. aquíт van algunos datos. En España, a mediados de diciembre pasado, la Comisión Nacional del Mercado de Valores publicó que el código de buen gobierno está todavíÑ‚Âa muy lejos de aplicarse en las compañíÑ‚Âas españolas que cotizan en Bolsa. Sólo nueve de las 35 empresas del Ibex publicaban información individualizada sobre las remuneraciones de sus consejeros. Además, sólo 28 de las más de 170 sociedades cotizadas en España -junto a 43 cajas de ahorros y 20 emisoras de renta fija- ofrecíÑ‚Âan esa información, en lo que supone un incumplimiento del denominado Código Conthe. El estudio aseguraba que la políÑ‚Âtica de retribuciones del consejo y los altos ejecutivos "sigue sin someterse" a la junta de accionistas. Ni siquiera con carácter consultivo. Hay más. Un año antes, en 2006, supimos que la retribución media de los consejeros ejecutivos creció un 33%, hasta situarse en 253.000 euros debido fundamentalmente al ejercicio de derechos de opciones sobre acciones y de los salarios variables en función de objetivos. Una referencia importante: de acuerdo con los datos de la Agencia Tributaria, el sueldo medio en España ese mismo año, en 2006 se situó en 16.840 euros, con un alza interanual del 5,2%. Respecto a los blindajes, 20 entidades manteníÑ‚Âan en 2006 líÑ‚Âmites estatutarios al ejercicio de los derechos de voto, sólo dos menos que en 2005.
Para rematar la faena, sabemos que suelen ganar más aquellos consejos que menos acciones representativas del capital tienen, y al revés. Muchos tienen la osadíÑ‚Âa, además de comprar una (1) sola acción cuando se incorporan a un consejo. Es un gesto para la galeríÑ‚Âa, pero obsceno para el observador. En esta acumulación de dispendios, un estudio publicado hace unos años en Estados Unidos demostraba que los presidentes empresariales que compraban casas por un valor superior a los 100 millones de dólares eran los que peores resultados promedios presentaban más tarde. Es decir, no sólo no creaban valor, sino que lo destruíÑ‚Âan.
¿Y a partir de ahora? Hay instituciones como el Banco Central Europeo o la Autoridad de los Servicios Financieros (FSA, en ingles) del Reino Unido, que ha anunciado que tendrá en cuenta las bonificaciones extraordinarias -retribución variable o bonus- que reciben los banqueros del paíÑ‚Âs a la hora de evaluar la exposición al riesgo de las entidades. Hay una idea creciente de que los planes de incentivos han derivado en un fomento excesivo del riesgo a corto plazo, lo que habríÑ‚Âa alimentado la crisis crediticia mundial. El primer ministro luxemburgués y presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, ya arremetió hace tiempo contra las remuneraciones “sin líÑ‚Âmite” de los altos ejecutivos empresariales, que contrastan con la exigencia de “moderación salarial” que se dirige a los trabajadores, y pidió un debate sobre la “distribución de los beneficios” que está generando el actual momento económico. “Los trabajadores ven como se les invita a la moderación salarial mientras que otros actores de la vida económica y social reciben remuneraciones sin líÑ‚Âmite”, lamentó Juncker en una comparecencia ante la comisión de Asuntos Económicos de la Eurocámara.
La emoción está servida, porque el fenómeno de los blindajes de los ejecutivos y la indemnización de la que se benefician al ser despedidos ha sido objeto de una fuerte polémica durante los últimos díÑ‚Âas tras el rescate de bancos como el belga-holandés Fortis o el franco belga Dexia y la salida de sus dirigentes. El consejero delegado de Dexia, Axel Miller, y el presidente del Consejo de administración, Pierre Richard, renunciaron a las indemnizaciones previstas en su contrato en caso de dejar la entidad, apodadas “paracaíÑ‚Âdas de oro”. Las indemnizaciones de Miller se habíÑ‚Âan estimado en cerca de 3,1 millones de euros. Los ministros de EconomíÑ‚Âa aprobarán en Luxemburgo unas conclusiones sobre la remuneración de los directivos en las que se recogen tres prioridades. En primer lugar, la necesidad de mejorar la transparencia y dar un papel mayor a los accionistas a la hora de decidir sobre el sueldo de los directivos. En segundo lugar, los paíÑ‚Âses de la UE quieren buscar una relación “más precisa” entre las remuneraciones de los ejecutivos y los resultados de las empresas que dirigen. Finalmente, se estudiará cómo reforzar las salvaguardas para evitar conflictos de interés a la hora de fijar los salarios de los directivos.
Mientras esto pasa en Europa, leo en Cinco DíÑ‚Âas que las indemnizaciones recibidas por los 12 grandes prohombres de la banca estadounidense han alcanzado cerca de 400 millones de euros, incluyendo lo percibido en dinero en efectivo, stock options y otras retribuciones. Stanley O’Neal dejó la dirección de Merril Lynch el 28 de octubre de 2007, embolsándose 119 millones de euros (recuerden las pérdidas que declaró luego Merrill). Su sucesor, John Thain, recibió casi siete millones de euros como despido por dirigir la entidad menos de un año, antes de que la firma fuese adquirida por Bank of America, el 14 de septiembre de 2008. Charles Prince, presidente de Citigroup, cobró más de 77 millones pese a que su salida se produjo una vez que el banco anunció depreciaciones de activos por 8.000 millones de euros. Otros ilustres beneficiarios de generosos paracaíÑ‚Âdas dorados han sido Kerry Killinger, de Washington Mutual (32,5 millones de euros); Richard Fuld, de Lehman Brothers (17,7 millones de euros) o James Cayne, de Bear Stearns (9,6 millones de euros), según datos recogidos por la cadena norteamericana CNBC.
En este proceso, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, ha dado un ultimátum a los directivos para que pongan fin a la práctica de las indemnizaciones millonarias conocidas como “paracaíÑ‚Âdas de oro” y ha recordado hoy a las organizaciones patronales que deben proponer un catálogo de prácticas “aceptables” sobre su remuneración porque de lo contrario el Gobierno regulará por ley este asunto antes de finales de año. Sarkozy les ha pedido presentar públicamente sus propuestas a lo largo de estos díÑ‚Âas, para que el Gobierno pueda extraer las consecuencias oportunas.
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