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La primera vez que a nivel mundial se celebró el "Internacional Worker"s Day" fue en 1891 a propuesta de la American Federation of Labor a la Segunda Internacional. Fue instituido en conmemoración de la Masacre de Haymarket en la que la represión policial de una manifestación en demanda de la jornada de ocho horas ocasionó una docena de muertos entre los manifestantes concentrados en Haymarket Square, Chicago, el 4 de Mayo de 1886. De aquello ya hace mucho, ... mucho; hoy el mundo -¿el mercado?- del factor trabajo es muy diferente a como era entonces, de hecho, uno de los efectos de la precrisis en la que estamos inmersos va a ser el cambio de significado en numerosos de los conceptos en él vigentes. Las palabras podrán continuar siendo las mismas, pero pasarán a significar algo distinto a lo que hoy significan. Uno de los significados que cambiarán será el de desempleo del factor trabajo: el de paro.
Hasta no hace mucho, “reducir el paro” significaba poner en marcha políticas a fin de ocupar a personas que, por motivos coyunturales, habían pasado a estar desocupadas, es decir, a estar sin empleo; eran personas de las que nadie dudaba que, con las medidas oportunas, en breve plazo pasarían a estar ocupadas de nuevo. Este supuesto se basaba en un hecho incuestionable: las y los integrantes de la población activa eran necesarias y necesarios para generar PIB, un PIB que siempre debía ir en aumento.
Es decir, el objetivo era re-ocupar lo más rápidamente posible a esas personas que habían perdido temporalmente su trabajo ya que eran totalmente, absolutamente necesarias para generar PIB, un PIB que cada día debía ser mayor y más elevado; pero eso ya está dejando de ser así.
Hoy -más mañana, mucho más pasado mañana- hay que generar el PIB conveniente, y hay que hacerlo de la forma más productiva posible -más mañana, mucho más pasado mañana-; consecuencia: muchas de las personas que están desocupadas, de las que se irán desocupando a medida que vayamos profundizando en la crisis, muchas de las personas que nunca se han ocupado (recién licenciadas, recién graduadas, recién obtenido su título, el que sea), no van a ser necesarias, o van a serlo durante muy poco tiempo a la semana, o al mes, o al año, durante su vida laboral, que cada vez más va a ser el-resto-de-la-vida de una persona.
Cada vez va a necesitarse menos factor trabajo, y la consecuencia de ello será una muy elevada tasa de desempleo, lo que llevará a una modificación del concepto de paro, y de su medición; también al abandono del objetivo de ocupar a la mayor cantidad posible de población activa; y no será por ningún motivo teórico de gran complejidad, sino por una razón muy simple: porque será necesario muy poco factor trabajo, es decir, una población ocupada muy reducida.
Pienso que ya hemos llegado esta situación: en el reino cuatro millones de parados (incluyan el subempleo, y el paro encubierto) y un porrón de undermileuristas lo demuestra, y subiendo; y pienso que se debería empezar a gestionar el asunto: Gobierno, entes regionales, sindicatos, patronales empresariales, ..., ahora, cuando aún nos queda algo de tiempo; pero no: seguimos con lo mismo: hay que reducir el paro: el Gobierno, pero también toda la oposición: toda. En fin.
Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.
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