Una subida de más del 5% que da una nueva vuelta de tuerca a los mercados de por sí lastrados por los malos datos en EEUU
Justo cuando más arrecian las críticas de unos y las alabanzas, de otros, a las actuaciones reiteradas de los bancos centrales desde que estalló en agosto del año pasado la Crisis de Crédito, salen a escena numerosos análisis sobre la evolución y comportamiento de los mercados financieros en crisis anteriores. Ninguna turbulencia financiera ha sido igual a la anterior, ni ésta será igual a la próxima. El discurrir histórico de los mercados está salpimentado de cimas y de valles, y al revés. Épocas de exuberancia han dado paso a ciclos depresivos. Para el inversor, lo importante no es quedar atrapado en ninguno de los fenómenos. No hay que morir de éxito en los momentos de euforia ni es aconsejable tirarse por la ventana cuando llegan los recortes. Por eso, en la situación actual los analistas más fríos recomiendan abrir los ojos de par en par y escuchar a todos. Por ejemplo, es muy frecuente escuchar y leer en las últimas semanas que las actuaciones de los bancos centrales es situaciones extremas anteriores son las que han traído ahora estos lodos. Cabe por tanto deducir que las actuaciones de ahora de los bancos centrales tendrán efectos más perniciosos en años venideros ¿Cabe la vuelta atrás?
Elijo hoy la reflexión de los economistas de Moody’s, que consideran que el fácil acceso a la deuda barata y a la liquidez de los últimos años supone la principal causa de la crisis actual. “La política monetaria llevada a cabo por los bancos centrales ha generado el entorno que lo fomentó”, explicaba hace unas semanas Christine Li, economista de Moodys Economy.com, el brazo económico de Moody’s, en un informe cuyo título es elocuente: ¿Sembraron los bancos centrales las semillas de la crisis?.
Según la experta, los bancos centrales han mantenido unos tipos históricamente bajos en respuesta a los reducidos niveles de inflación. “Como consecuencia, unos costes de financiación bajos y unas laxas condiciones de acceso al crédito llevaron a los consumidores a contraer una deuda histórica, desde las tarjetas de crédito a hipotecas”, añade Li. Este escenario pudo provocar la creación de una burbuja en el mercado inmobiliario. “La Reserva Federal podría haber reaccionado lentamente a la hora de elevar el precio del dinero, una vez que la economía se recuperó del pinchazo de la burbuja tecnológica. Cuando se originó la burbuja inmobiliaria, la Fed no actuó para evitarla, porque su mandato se centra en controlar la inflación”.
También se ha generado una burbuja en el sector financiero, puesto que los bajos tipos de interés llevaron a los inversores a destinar su dinero a ciertos vehículos de inversión, actualmente con problemas, con el objetivo de conseguir una rentabilidad extra. “Las instituciones financieras, a su vez, se apalancaron con el fin de impulsar su rentabilidad”, añade Li.
Según la economista, los bancos centrales prefieren actuar con las secuelas de la crisis más que usar la política monetaria para aplacar la burbuja de los precios de los activos. “Como consecuencia, el reciente pinchazo de la burbuja del crédito ha provocado un colapso de las instituciones financieras, planteando serios riesgos sistémicos a todo el sistema financiero”. En este sentido, recuerda que Bear Stearns “es sólo la última víctima en el proceso de desapalancamiento. Más episodios como éste son probables”.
La profundidad de esta crisis aumenta los riesgos de una prolongada recesión en EEUU que afectará a la eurozona y provocará más pérdidas en el sistema financiero europeo. Según Moody’s Economy.com, la recesión se dará durante los dos primeros trimestres de 2008. “El estímulo monetario (agresivas bajadas de tipos) deberá ser eliminado una vez que finalice la recesión, para evitar que se fomente otra burbuja”.
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