LA CARTA DE LA BOLSA

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Miércoles, 7 de Enero de 2009. 13:18
Flash: Hoy no se esperan indicadores económicos de relevancia en EEUU

Los inversores, sin embargo, si deberán estar atentos a las habituales cifras semanales de reservas de crudo

Burbujas

ARCHIVOSantiago Niño Becerra -  Jueves, 15 de Mayo de 2008

Son más de las que dicen; tienen un impacto mucho más destructivo de lo que se dice. Todas las burbujas empiezan igual, todas tienen unos ingredientes semejantes: la de los tulipanes, la de los Mares del Sur, la bursátil de los años 20, la de las puntocom, la de los Monegros, la el Reino de Don Quijote, la inmobiliaria de ayer. Evidentemente, sus desarrollos no son idénticos, pero todas tienen un arranque semejante, y un tempo similar. En las burbujas siempre destacan dos elementos: el creer que es posible obtener revalorizaciones instantáneas y permanentes: la avaricia, y el momento en las que se producen: cuando hay, cuando existe un deseo incontenible de “ir a más”; además, es imprescindible un elemento que actúe de catalizador, de acelerador, de provocador y mantenedor de la reacción: hoy ha sido el acceso al crédito.

Todas las burbujas acaban estallando, y su estallido es la señal de que algo se ha acabado, de que algo finalizó, pero hay algunas que, además, marcan el final de un proceso, de un modo de hacer las cosas, las actuales burbujas pertenecen a este último tipo.

“¿Actuales burbujas?” se estarán diciendo, sí­, porque varias son las burbujas que se han estado solapando en el entorno mundial desde hace cinco años, desde el 2003. La inmobiliaria, la de las commodities, las de los tipos de cambio, la financiera en sus múltiples manifestaciones, la de los alimentos. Y todas han estado posibilitadas, alimentadas, por un mismo componente: el crédito.

En el planeta hay un volumen de pasta (capital, dinero, posibilidad de monetización, llámenlo como quieran) que equivale a más de treinta veces el PIB del mundo, pues bien, esa pasta debí­a ponerse en movimiento a fin de generar beneficios (recuerden: el 15% mí­nimo), y a alguienes se les ocurrió dar crédito a toda persona que fuera capaz de firmar y que fuese intrí­nsecamente capaz de acumular bienes (una/un danesa/es lo es, una/un aborigen de Nueva Guinea, no). Y ya está: el invento se puso en marcha, y hasta hoy.

En medio han pasado cosas, claro: ¿por qué se continuaron edificando viviendas a pesar de que ya era obvio que la oferta estaba superando a la demanda, a la capacidad de endeudamiento?. ¿Cuánto vale Yahoo!?, ¿45.000 millones de dólares, 50.000?; cuanto vale, en relación, ¿a qué?.

Por ahí­ hay gente que ya está atinando, personas que ya están oliendo lo que se nos está viniendo encima. Warren Buffet, en la junta de su fondo, el dí­a 3 de Mayo (lo tienen aquí­: http://www.berkshirehathaway.com/meet01/2008proxy.pdf). Lo dijo: ya nada volverá a ser igual a como fue. Se van quemando etapas: nunca volveremos a ver el Nasdaq a más de 5.000, jamás volverán a darse las condiciones para que alguien que compre por la mañana un inmueble lo venda por la tarde habiendo ganado el 20%. Son fines de época y, en este caso, de tempo, de modo de hacer las cosas: está siendo el inicio de una crisis sistémica: nadie hemos vivido algo así­. Y será doloroso, mucho, lo dijo Buffett, pero será más de lo que él mismo cree, y también se está equivocando con el tempo: lo peor no ha pasado: lo peor está por llegar (¿se equivoca o es que hoy toca hablar de otra cosa porque conviene que se crea otra cosa?).

Burbujas: 1,9 puntos porcentuales: esa es la distancia que separa el no poder llenar una piscina del poder llenarla. Lo dice la legislación medioambiental catalana. Debo ser muy duro de entendimiento: hace cuatro dí­as, la mayor parte del reino en general, y Cataluña, en particular, estába al borde desastre hí­drico, ahora resulta que por las cuatro lluvias del pasado fin de semana, ya podemos lavar los coches y regar las plantas. Insisto: el 1,9% es la cifra que separa el estar puteados del no estarlo, el porcentaje que media entre que la situación con el agua sea tan malí­sima que suponga tener que restringir usos y consumos de agua, de no tener que hacerlo.

Yo tengo otra teorí­a: ¿se imaginan un hotel de playa -o de montaña, tanto da- llenito de turistas al que se le diga: “oiga, si quiere rellenar su piscina o montar un jueguecito acuático, se trae el agua en aljibe y paga el agua a precio de Rioja gran reserva, si no, no hay agua”?, ¿se imaginan la primera página de esos tabloides de Europa que tanto gustan a muchas/os de las/los europeas/os que vienen aquí­: “¡Exclusiva!: ¡Restricciones de agua en España!. ¡Ya no serán posibles las orgí­as sexuales en las piscinas españolas!”. Y eso no se puede permitir, ¿verdad?; y no se puede permitir porque gran parte de esas lectoras y de esos lectores de esos ¿periódicos? contribuyen a que el saldo exterior por cuenta corriente del reino no sea peor de lo que es. 1,9%; ¡pues vaya!; y si se desmiente, y después se desmiente el desmentido, tanto da.

Burbujas: el PIB del reino creció el 0,3% durante el pasado trimestre; el 2,7% en tasa anual, y, a efectos de PIB, estamos en Marzo. Mal, mal. El 3,8% a 31.12.2008: aquello fue una burbuja: muchas burbujas, demasiadas burbujas, y las burbujas estallan: será menos, mucho menos: dicho desde Marzo: el 1,4%.

Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economí­a IQS. Universidad Ramon Llull.

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