En el mercado de divisas, el cambio del euro pierde el nivel de 1,36 dólares pese a los malos datos en EEUU
Quiénes siguen de cerca los movimientos diarios de los mercados de acciones habrán observado cómo la volatilidad implícita, al margen de la que procura cada día el fenómeno recurrente de la Crisis de Crédito y de Confianza, ha subido de tono en los valores líderes, que son los que concentran el grueso de la operativa en la coyuntura actual. Hay razones internas, de propio mercado, que explican este fenómeno. La proximidad de cierre del año es la de mayor relevancia. Unos y otros, actores y participantes en las Bolsas, tienen que llegar al cierre del ejercicio con las mejores notas posibles. Hay quienes han dado, incluso, carpetazo al año. Como en el juego de las siete y media, se quedan servidos. Otros, por el contrario, deshacen posiciones y componen otras nuevas, con la mirada puesta en 2008. En los dos casos hay un asunto de vital importancia para los protagonistas: el corretaje, los ingresos por intermediación, que son los que engordan sus cuentas de resultados, al margen de las operaciones por cuenta propia. Por eso, es muy frecuente que se reordenen carteras, pero que todo siga igual.
Es una ceremonia aparentemente confusa, pero burda en grado máximo. Hace años invertí en uno de los mejores fondos de renta variable de la Bolsa española, eran los años de la exuberancia. Al cabo de doce meses vendí toda la posición. El fondo de marras, insisto que en pleno auge de los índices, cerraba cada mes que subía la Bolsa con un rendimiento muy inferior al conseguido por el índice. Por el contrario, el fondo bajaba más que el índice el mes que tocaba descensos. Una vez examinadas las vísceras de la gestora descubrí que el esfuerzo en la gestión no era otro que la acumulación de corretajes, es decir, su propia contabilidad y no la del cliente. Se limitaban a operar alrededor de lo clásico, sota, caballo y rey. Todos los meses hacían los mismo.
Trabaja entonces en un periódico. Una tarde me llamó el director a su despacho. “Siéntate, Romero”, me dijo. “Una pregunta muy confidencial ¿Cómo es posible que mi fondo del Banco X haya subido sólo un 3% el mes pasado cuando la Bolsa lo ha hecho en un 10%”. Le argumenté la falta de profesionalidad de las gestoras (la suya, por cierta no era la mía) y la obsesión principal de intermediar para conseguir corretajes y que, además, no cabía denuncias, porque la ineficacia no está penalizada. Al despedirnos le dije que yo había vivido un caso similar y que ya hacía meses que había liquidado el fondo. Para este viaje no se necesitan estas alforjas.
Seis meses después, el director me confesó que había vendido su fondo al día siguiente y que le iban las cosas mucho mejor y en línea con las expectativas del mercado. Había invertido su ahorro, me dijo, en los valores líderes y a esperar. Es decir, ni compras ni ventas, ni especulación a corto plazo, ni corretajes a la luna. Hace mucho que no sé nada de él, porque luego fueron nombrados más directores. Luego invertí personalmente en este proyecto, lacartadelabolsa. Ha pasado mucho tiempo.
La historia, no obstante, se repite de manera rutilante. Veo desde hace quince días trueques y juegos malabares. Hoy compran Telefónica, mañana la venden y pasado mañana la vuelven a comprar. Con Santander, BBVA, Repsol e Iberdrola sucede lo mismo. Cambios rápidos en la carteras gestionadas para que todo siga igual. Pero en el camino, el corretaje se ha dejado notar.
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