Es el cuarto mes consecutivo de descenso, con dependencia extrema de Wall Street y marcada volatilidad
Sr. Joaquín Almunia. Distinguido Señor. Ayer, el periódico El País publicó una muy interesante entrevista en la que Ud. abordaba una serie de temas que actualmente están en el candelero, temas que son el día a día de la economía europea e internacional, y lo hace abiertamente, sin pelos en la lengua pero con prudencia. Intentando ir por ese mismo camino, me permito realizar una serie de comentarios a lo, por Ud., apuntado.
De entrada, no estoy de acuerdo con Ud. en que las subprime y la vivienda se hallen en el origen de la situación que estamos viviendo, situación que, ni de lejos puede ser calificada de crisis. Las subprime no fueron más que la manifestación del conjunto de problemas que desde hacía décadas estaban afectando al sistema económico mundial, por ello, lo que viene, entiendo, será una crisis sistémica y lo que estamos ahora viviendo, su precrisis.
En consecuencia, pienso que no cabe hablar de crisis USA: la situación de agotamiento es global; sin embargo la problemática en USA se está manifestando de una determinada manera y, en la UEM, de momento, de otra; la razón: las realidades económicas, sociales y políticas son diferentes. USA, tras su Guerra Civil, constituyó su unión monetaria, Europa la está construyendo. USA carece de un modelo de protección social que amortigüe los impactos negativos sobre su economía, modelo que sí tiene Europa, aunque, todo sea dicho, en retroceso. USA es un imán para la inversión exterior, sobre todo financiera, la UEM no o, al menos, no como USA, y ello se ve reflejado en lo que el euro es. No nos engañemos, Sr. Almunia, nosotros, los europeos podemos querer que el euro sea esto o aquello, pero la realidad pura y dura muestra que hoy, en el planeta, de cada diez operaciones económicas que se realizan, nueve continúan siendo en dólares.
En lo que no estoy en absoluto de acuerdo con Ud. es en lo que dice al respecto de que el nacimiento de la UEM fue una decisión política; tal y como yo lo veo fue una decisión tomada, exclusivamente, por necesidad económica. Recordará que en las quinielas de países que precedieron a la aparición del euro como moneda única, una serie de países no figuraban en ninguna de dichas quinielas; España era uno de los países que nunca salía en las listas. Luego, muy inteligentemente, se vio que dejar fuera del euro a países con los que la UEM iba a tener un trato muy activo a nivel comercial y financiero era un suicidio porque era dejar la puerta abierta a la especulación internacional, por ello se realizaron todos aquellos arabescos semánticos (recordará la famosa ‘intencionalidad hacia el equilibrio’ de Giscard d’Estaigne) a fin de meter en el euro a todas las economías posible, como decía: necesidad.
Y tampoco lo estoy con su calendario en relación a las expectativas de crecimiento. De entrada, habrá reparado en que las instituciones oficiales también han entrado en la línea de ir retrasando cada vez más la ¿recuperación?. Ahora Ud. habla de segunda parte del 2009, es decir, el segundo semestre de dicho año. Tal y como yo lo veo, Sr. Almunia, será precisamente en la segunda mitad del 2009 cuando la situación internacional se hallará más degradada y cuando ya será evidente que la crisis es inevitable; a finales del 2009 el grado de parálisis será casi total porque ya se habrán agotado las herramientas que se están utilizando: las convencionales, y nada se habrá conseguido.
Finalmente, Ud. se refiere a que la evolución salarial ha de hallarse en línea con la de la productividad, estoy totalmente de acuerdo, pero para que la productividad avance hace falta algo esencial que Ud. no menciona: altísimas dosis de inversión; además, la evolución al alza de la productividad implica algo a lo que Ud. ni remotamente se refiere: la aparición de un excedente masivo de factor trabajo, lo que pone sobre la mesa otro problema: ¿qué hacer con él?.
Sus palabras Sr. Almunia, invitan a la reflexión, como siempre; y, como siempre, son de agradecer.
Reciba un muy cordial saludo.
(Es curioso que la aparición de las palabras del Comisario coinciden en el tiempo con manifestaciones realizadas por el presidente del Gobierno. Según el Sr. Rodríguez Zapatero, decir que las cosas no van bien, que las cosas van a ir muy mal, y razonarlo, es pesimista. Vaya, podríamos recordar aquella estrofa de Joan Manel Serrat: “Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”. Pesimismo, entiendo, es creer que la economía española jugaba en la Champions League y luego ver que la Champions es una conveniencia, una figura retórica).
Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.