LA CARTA DE LA BOLSA

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Coeficiente de tracción

ARCHIVOSantiago Niño Becerra -  Lunes, 23 de Noviembre de 2009

Entre los innumerables ensayos a que se someten los fabricados siderúrgicos existe uno especialmente significativo. ilustraciónConsiste en tomar una muestra del producto plano o redondo a analizar de una longitud de un par de palmos y colocarla en una máquina asidos sus extremos por sendas mordazas; a continuación el mecanismo comienza a estirar la muestra mientras un ordenador va recogiendo diferentes parámetros; llegado un momento la muestra se rompe al no soportar más estiramiento, instante en que la prueba concluye.

La economía planetaria (y la de cada uno de los países que la componen) se está aproximando el momento en que en que se produce la rotura, momento en el que un ordenador registrará los parámetros inmediatamente anteriores al momento en que rompa; como en el caso de la muestra de acero que rompe debido a un exceso de fuerza de tracción que la composición química de ese acero no puede soportar, la economía planetaria está ya próxima a un nivel de estrés difícilmente aguantable. El símil es evidente: la rotura de ambas, de la muestra de metal y la de la economía mundial, es debida a una cuestión física: la imposibilidad de continuar estirándose.

Durante estos años pasados (fundamentalmente desde 1991) hemos crecido a base de crédito: crecíamos -el planeta- por que alguienes nos daban capacidad de endeudamiento, y con esa deuda consumíamos bienes y servicios (cualesquiera bienes y cualesquiera servicios, y recuerden que cuando hablamos de esto la inversión también es consumo).

A la vez, a-la-vez, el pacto que tras la II GM se cerró entre USA y el resto del mundo funcionó a todo trapo: USA consumía los excedentes -de todo- que la creciente capacidad productiva de las economías planetarias no podía colocar en otras partes a cambio de que esas economías aceptaran sin rechistar todos los dólares que a USA le conviniese imprimir.

Todo ha ido sobre ruedas hasta que la tracción aplicada a la economía ha llegado a un nivel insoportable para esta (si en estos momentos detuviéramos el ensayo y observásemos la muestra con los medios ópticos adecuados, veríamos, ya, numerosas microfisuras; el problema es que la evolución económica no puede ser detenida): el nivel de endeudamiento de las personas no puede crecer más, el de algunos Estados si, pero la deuda de tales Estados, cuando la emitan, deberá ser adquirida por alguien, lo que no está claro es si será comprada; la capacidad productiva de todo ha alcanzado un nivel que la demanda, aunque quiera, no puede consumir; las entidades financieras, las bombas impulsoras del combustible y del lubricante que posibilitan el funcionamiento del sistema muestran partes de sus mecanismos oxidadas aunque sin saberse el alcance de las consecuencias de tal óxido: ¿cuántos de los créditos de todo tipo hasta ahora concedidos serán incobrables?, lo que añade incertidumbre a la incertidumbre.

Economías que dependen de que otras economías consuman lo que fabrican; economías atrapadas en una dinámica infernal que continúan financiando a USA porque dependen de que USA continúe consumiendo sus bienes; economías que, de una u otra manera, inyectan fondos en sus cimientos a fin de apuntalar sus estructuras sabiendo que el agua salada seguirá minando esos soportes ya que esas columnas no fueron diseñadas para estar sumergidas en un mar de salinidad tan elevada; USA pretendiendo continuar siendo juez y parte de una historia que ya se le está escapando entre las manos; países que creen -en realidad es lo que desean- que van a ser el relevo cuando lo cierto es que dependen de lo que les compren a quienes ellos están financiando.

‘Es que estamos a las puertas de una crisis sistémica’, dice el del fondo; ya, eso lo venimos diciendo aquí desde hace meses. Se ha llegado a la situación a la que se ha llegado porque, si no, no se crecía, y ahora se pretende solucionar con más de lo mismo, con el agravante de que ni es posible ‘más’, ni es factible continuar con ‘lo mismo’.

Es USA, sí, y Alemania, también, es China, y Brasil, y España, pues bueno. Ninguna economía está sana porque el sistema está enfermo; y el todo no está formado más que por las partes que lo componen. Se toca aquí y se descompone aquello, se aumentan los estímulos y se descalabran los déficits sin que se componga la confianza. Si, si: aún queda algún cartucho, como intentar volver a un sistema de cambios fijos, aunque … ya saben. 

Aquí: “Las previsiones del Gobierno, mal que les pese a algunos, se cumplen”. Señora Ministra de Economía del Reino de España, el 08.10.2009, en el Parlamento de la nación (El País 09.10.2009). ¿Cómo es posible que diga algo así cuando las hemerotecas están repletas de previsiones realizadas por este Gobierno y por Gobiernos anteriores que no se han cumplido?.

(Los alquileres: se están derrumbando; los de viviendas, los de oficinas, los de naves. Recuerdo una charla que tuve hace un par de años con un ‘experto’ en temas inmobiliarios: ‘los alquileres jamás bajarán’, argumentaba; ‘si familias y empresas les es imposible pagar una cuota hipotecaria de X euros tampoco podrán atender un alquiler que sume ese mismos X euros, ¿no?’, respondí yo. Los alquileres están bajando, y más bajarán. Es un tema de oferta y demanda, claro, pero hoy es más que eso: es un tema de capacidad de pago insuficiente).

(¿Sabían que existe en el reino una asociación cuyo nombre es Plataforma Multisectorial contra la Morosidad?, bien, pues el pasado día 18 se reunieron y exigieron el cambio de la legislación correspondiente a fin de que el máximo plazo de pago de facturas y suministros sea de 60 días. La iniciativa, entiendo, es lógica y más que prudente, incluso me atrevería calificarla de excesivamente permisiva, pero tiene un problema. Si se supone que nadie nace moroso ni impagador, para que alguien pague algo a 60 días como máximo, cómo máximo ese alguien tiene que cobrar a 60 días; otra posibilidad es que otro alguien financie ese decalage; y otro más que ese alguien pueda, con sus propios medios, sostener la diferencia, es decir, autofinanciase; si excluimos el no vender a quien se sospecha puede no pagar a menos de 60 días, el puro robo y la piratería tan de moda, no hay más.

Ahora tendríamos que entrar a analizar cada una de esas posibilidades y enmarcarlas en el momento actual, cosa que no vamos a hacer porque Uds. son muy inteligentes y ya han realizado dicho análisis. O sea, que sí).

Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.

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