Los inversores, sin embargo, si deberán estar atentos a las habituales cifras semanales de reservas de crudo
Greenspan, el que alertó hace años de la exuberancia irracional de los mercados, el que apuesta ahora por la entrada de la economía de Estados Unidos en recesión y por la continuidad del caos inmobiliario en la primera potencia económica del mundo, fue el que sentó las bases de las diferentes tragedias actuales. La economía especulativa se ha impuesto en los últimos siete años a la economía real, del mismo modo que la economía financiera, la de la ingeniería contable, se impuso a la economía cierta en los felices años 90. La caída desordenada de los tipos de interés iniciada con el estallido de la burbuja de los valores tecnológicos creó otras burbujas que ahora estallan, como la de la Bolsa, las commodities e inmobiliarias. En el centro del campo de batalla se han encontrado los bancos centrales y privados, aquellos regalando el dinero a mansalva y éstos distribuyéndolo con poco tino y menor tiento. Por eso, el desplome, otra vez, de los tipos de interés sólo reparará los rotos de las diferentes burbujas, pero no saneará el fondo.
Hemos escrito en los últimos días que la Bolsa española es la más endeuda de la zona euro y el exponente claro de lo que ha sido la economía especulativa en los últimos años basada en el apalancamiento del apalancamiento. Construcción e inmobiliarias, un Ibex de ladrillo como hemos dicho de manera reiterada, han soportado la situación, primero el éxito sin precedentes, ahora el fracaso sin paliativos.
Las seis grandes constructoras cotizadas CS, Acciona, FCC, Ferrovial, Sacyr Vallehermoso y OHL obtuvieron un beneficio neto conjunto el año pasado incapaz de soportar los ratios eficientes de la deuda contraída con anterioridad, deuda que se incrementó más del 170% sobre al año anterior. La bonanza que aún presentaba la actividad constructora, las operaciones corporativas protagonizadas por estas compañías y, sobre todo, el salto de algunas de ellas al negocio energético han sido los motores del fenómeno.
No obstante, esta estrategia de inversión en diversificación e internacionalización de sus negocios se ha traducido, también, en un incremento de su endeudamiento. Desde que el BCE comenzó a subir los tipos todo se vino a abajo y todas ellas se prepararon para soltar lastre. Las deudas son insostenibles y con escasos retornos cuando los tipos suben.
La pregunta que se han hecho los analistas más fríos en los últimos dieciocho meses es si los retornos, gracias a la importantes diversificaciones llevadas a cabo en los últimos años, van a poder compensar las fuertes cargas financieras, los apalancamientos monstruosos. Es cierto que llevan varios años planteando una serie de interrogantes, que, hasta mediados del año pasado, han despejado las principales compañías del sector con mucho éxito. Pero no es menos cierto es que en los últimos años los tipos de interés han permitido compras mil millonarias a través de un endeudamiento descomunal. Las compras efectuadas pagaban con creces los intereses de la deuda. Ahora la curva comienza ser menos curva y retornos e intereses casi van a la par. Y lo que es peor, los bancos y cajas de ahorro no sueltan un euro.
En la economía de a pie, el proceso es muy parecido. El gentío está sentado sobre hipotecas que combina con créditos al consumo, menaje del hogar y automóviles. Además, ha hecho incursiones especulativas, con apalancamiento, en el terreno inmobiliario y en la Bolsa. Hasta que todo cae como un castillo de naipes.
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