LA CARTA DE LA BOLSA

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PÁNICO. EL GENTÍO HACE MUNDANZA EN TIEMPOS DE TURBULENCIAS. YA NO RESPETAN AL SANTO

ARCHIVOMoisés Romero -  Jueves, 16 de Agosto de 2007

ilustraciónPánico vendedor. Ventas a troche y moche, al precio que sea, que siempre es el peor de los precios. El papel, la oferta de acciones, inunda los salones de contratación del mundo en lo que es un nuevo episodio de reacción exagerada a un hecho concreto que afecta a un segmento concreto, aunque amplio, de los consumidores estadounidenses. El crash por entregas de las Bolsas en este mes de agosto, que ajusta su guión al peor de los pronósticos, al menos por ahora, emana de un sentimiento pésimo sobre los efectos colaterales del estallido de una parte de la burbuja inmobiliaria en la principal economía del mundo. Es decir, que el Mercado (con mayúsculas) considera que algún gran banco puede crujir, atrapado, como está, en el meollo de las hipotecas. Se apuesta, también, por un sentimiento de pobreza global, porque todo el mundo se consideraba rico con sus inmuebles hasta ayer, aunque debiera, el tenedor del inmueble, más de lo que éste vale, como se ha demostrado. Y entre tanta turbulencia el Santo sabio, el sabio Santo, aconsejó no hacer mudanzas. Pero aquí ya nadie respecta a nadie. Ni siquiera a los Santos del Almanaque.

En varios pueblos de la España de siempre se sacan los Santos cuando no llueve o a Santa Bárbara cuando truena. El sentimiento religioso se combina con las estampas iconoclastas, que en la mayor parte de las ocasiones son fruto del miedo del ser humano a lo que desconoce o no alcanza a entender ¡Dios mío! Por eso el Santo sabio dijo que en época de turbulencias es aconsejable no hacer mudanzas, quedarse uno quieto, con los ojos abiertos y la mente despierta. Ojo avizor, reflexión, sin pánico, tampoco con entusiasmo desmedido, porque no es el caso.

Tiempos nuevos, épocas que van y vienen. En el mundo global, ya pocos idolatran a los Santos. Por eso, el gentío de la Bolsa desoye consejos ancestrales, que han demostrado su eficiencia y eficacia con el paso de los siglos y se tira por la venta al grito de ¡Fuego! Unos y otros miran las implicaciones de la burbuja inmobiliaria en otros tantos valores cotizados y apenas encuentran una docena de títulos implicados. El Mercado, inmisericorde, hace tabula rasa, mide a todo el mundo por el mismo rasero.

Pero estas son escenas típicas, tópicas, clásicas de un mercado ineficiente. No es la primera vez que ha sucedido. Tampoco la última. Luego, más tarde, conforme pase el tiempo, el Mercado (con mayúsculas) pondrá, como siempre, las cosas en su sitio, es decir, se volverá eficiente. Cuestión de tiempo, mucha paciencia. Esperar. Ahí es cuando el Santo sabio advirtió de que en épocas de turbulencias como las actuales conviene no hacer mudanzas.

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