La falta de acuerdo entre los países de la zona euro a un plan de rescate dan lugar a medidas unilaterales e ineficaces
Los mejores gurus y analistas del mercado han desenterrado el hacha de guerra y, en un manifiesto poco usual, recomiendan aborrecer las prácticas del pasado, las que aconsejan conducir con la ayuda del retrovisor. En términos económicos y bursátiles desprecian los datos y estadísticas que se publican cada día, porque, dicen, son agua de borrajas, datos pasados, que lejos de ayudar en la prospección del futuro nos pueden engañar. En el mismo acto, centran todos sus esfuerzos en la detección de los indicadores adelantados, aunque la mayor parte de ellos son poco fiables ¿Qué esconde este sortilegio? Miedo al futuro. Cunde la sensación, como escribía el lunes pasado, de que la Gran Sorpresa negativa, si es que llega, se producirá con nocturnidad, premeditación y alevosía. Dicen los más viejos y sabios del lugar que todos moriremos con las botas puestas, pero la Bolsa sigue, abre y cierra sus puertas todos los días.
El tren del mercado no se detiene. Los pasajeros tienen la opción de seguir o de tirarse en marcha. Lo peor es correr detrás de la maquinaria. Son numerosos los bolsistas y especuladores a corto plazo los que reconocen en los últimos meses que se han quedado cacareando y sin pluma, desplumados por el azar y el capricho del mercado. Cuando parece que los índices van a sucumbir, resuellan, sacan la cabeza. Y al revés. Sorprenden a unos y a otros, los cogen con el pie cambiado. Los que mejor han librado en este rifirrafe han sido los operadores e inversores con flema, los que se han quedado quietos.
Resulta difícil, no obstante, aislarse de lo que sucede en el mercado. El contagio siempre termina llegando, tanto cuando los indicadores padecen la fiebre del alza, presa de la exuberancia, como cuando el pánico se generaliza. Lo curioso de la coyuntura actual es que no sucede ni una cosa ni otra, aunque el principal índice del mercado española ha batido marcas históricas. El hábil proceder de los tejedores de índices permite combinaciones entre media docena de valores líderes. Cuando Telefónica sube, bajan los dos grandes bancos, y al revés. Se ha unido a esta contienda la fiebre por la energía verde, cuyos máximos valores en términos de Ibex son Iberdrola y Acciona.
Pulsemos, no obstante, la tecla inicial. Los sabios reniegan de los datos de hoy, porque, dicen, son los mimbres usados de ayer. Urge escrudiñar el futuro, examinar las vísceras del paciente para evitar sorpresas. Como he dicho el miedo es que nos sorprendan a todos con las botas cuestas. Un poco más allá. Hay pánico a que en un momento determinado la Crisis de Confianza y de Crédito se transforme y vista de Crisis de Bolsa. O sea, miedo al colapso.
Parece, no obstante, que la gran caída puede esperar. La recta final de cada año, como ahora, se caracteriza más por la entrada de dinero en los mercados procedentes de Planes de Pensiones y de Jubilación, que por la salida de efectivo. Un sostén importante. El debate sobre el principio del fin del ciclo exuberante continúa, pero se debilitará conforme se acerquen las Navidades. Luego resurgirá con más fuerza a mediados de enero. Eso dicen los augures.
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