Los inversores se muestran muy intranquilos ante cualquier noticia y la temporada de resultados da margen para los sustos
Viernes 6, noche. Un ex alumno, hace algunas semanas, vino a mi despacho y me comentó que sus padres (su familia es propietaria de una pequeña empresa sita en una localidad cercana a Barcelona, una típica localidad catalana que, años ha, fue ‘muy industrial’ y hoy es cada vez ‘más de servicios’), junto con un grupo de amigos, también propietarios de pequeñas empresas sitas, también, en la misma localidad, organizaban, periódicamente, cenas en un conocido restaurante, también sito en la misma localidad, a las que invitaban a personas con una cierta proyección intelectual (no me dijo eso exactamente, pero, entiendo, que es lo que quiso decirme). Pues bien, como él solía seguir mis colaboraciones en los medios, había comentado al grupo de amigos la posibilidad de que asistiese a una de esas cenas; el grupo, según me dijo, se sintió encantado; me preguntó mi apetencia para asistir así como mi disponibilidad, y quedamos para el día referido.
En aquella cena se hallaban sentadas cuatro empresas, pequeñas, pero, al menos hasta ahora, rentables. Dichas empresas, sus propietarios, tenían ganas de saber opiniones, de conocer puntos de vista (estoy convencido de que en el siglo XVI muy bien hubieran podido ser familias de comerciantes de Siena interesados en la cultura renacentista).
Se habló de todo, pero, sobre todo, se habló de lo que va a venir, de lo que ya está llegando. Me preguntaron mucho, claro, y a la conclusión a la que llegué es a la de que no estaban profundamente preocupados con lo que se está acercando, o, tal vez, lo que sucede es que saben disimularlo muy bien; aunque, posiblemente, lo que más se acerque a la realidad sea que no creen que la crisis vaya a ser tan profunda y tan larga como les expuse.
Que esté llegando una crisis, hasta cierto punto lo encuentran lógico. Aunque han podido beneficiarse de los vericuetos por los que ha transitado el sistema en los últimos años, tienen claro que la situación no es sostenible. En ningún momento dijeron algo así como ‘esto es el fin’, de hecho estoy convencido de que a medida que íbamos charlando ya estaban dando vueltas a sus cerebros en relación a cual sería la mejor forma de reorientar sus actividades.
Luego, de vuelta a casa, estuve pensando en las horas pasadas. Esas personas viven el día a día, conocen la calle como la palma de su mano, pero se mueven a un nivel muy micro, no pasan de un primer nivel de poder e ignoran casi todo lo que se cuece en las estancias en las que se mueve el poder con mayúsculas. Pues bien, si, en última instancia, esas personas y otras como ellas (que son quienes con el concurso de los factores productivos generan gran parte del PIB del reino) tienen un tan limitado poder real, es que en el mundo postglobal en el que estamos inmersos, el poder se halla mucho más concentrado de lo que imaginarse puede.
(Un poco más arriba he dicho que a estas empresarias y a estos empresarios se les veía poco preocupados, pero quienes sí lo estaban, al menos un poco más, era mi ex alumno y una pareja de amigos suyos que también asistieron a la cena; ¿edad?, entre 22 y 23 años, evidentemente).
Sábado 7, mañana. Lo que sigue bien podría denominarse ‘cambio de orientación’. Conviene un ‘cambio de orientación en el negocio’, ¿quién no ha oído eso alguna vez. El pasado Sábado, en uno de esos paseos matutinos por el casco antiguo (en realidad no tanto, aunque hoy en día …) de la localidad en la que resido y de los que ya les he hablado, hice una foto, pero he creído conveniente no adjuntarla por aquello de la publicidad negativa.
En una esquina de bastante tránsito y hace unos tres años, una multinacional -muy multinacional- de la intermediación inmobiliaria, abrió una agencia, supongo que franquiciada; pues bien, en la foto que tomé aparecía un enorme cartel escrito en grandes letras negras sobre fondo amarillo, adherido al escaparate – fachada de la agencia en el que podía leerse: “SE ALQUILA”, bajo el rótulo, un teléfono y un número de fax … de otra agencia inmobiliaria, pequeña, muy pequeña, de la misma localidad, una agencia de toda la vida. Me detuve un instante frente a la, ya, ex agencia y pensé que sí, que la mayoría de lo que sucede es lógico, pero que, a veces, puede ser muy paradójico, ¿no creen?.
Domingo 8, mañana. Leo la prensa con la parsimonia de la no puedo disponer el resto de la semana; fruto de lo que leo voy a repetir algo ya dicho (el problema de repetir las cosas es que, al final, ni te escuchan). Vamos a ver, ¿por qué aunque el BCE suba los tipos la inflación continúa caminando hacia arriba?; ¿por qué existe la diferencia que existe entre el euribor y el tipo de referencia?; ambas: pues porque lo que estamos viviendo no es un problema coyuntural.
Los presidentes de los Bancos Centrales se limitan a aplicar el manual, un manual que puede gustarnos, o no, pero es un manual que, más o menos, ha estado funcionando estos últimos años; pero ya no es así porque del mismo modo que a velocidades cercanas a la de la luz las leyes de la física newtoniana comienzan a fallar, los fallos sistémicos que están empezando a producirse invalidan políticas que históricamente han sido efectivas.
Fallos sistémicos: agotamientos. Vamos a ver, ¿cuándo el nivel de deuda privada había alcanzado el monto que ahora ha alcanzado?, ¿cuándo, en el pasado, el saldo crediticio vivo había llegado a la cota actual?, ¿cuándo los déficits exteriores de ciertos países habían trepado hasta los lugares que ahora lo han hecho?, ¿cuándo la necesidad crediticia había llegado a las marcas actuales?, ¿cuándo la especulación con commodities había alcanzado las actuales cotas?, ¿cuándo, en el pasado, en muchas áreas, el sesgo en la distribución de la renta había sido parecido al actual?, ¿cuándo se había dado la combinación de todo lo hasta ahora dicho.
Todo lo anterior genera tensiones que agotan los mecanismos del sistema, se producen entonces fallos sistémicos y, de resultas de estos, deviene una crisis potente en la que los manuales no sirven. Y en eso estamos.
Como pueden ver, un fin de semana bastante productivo.
(Huelga de transportes. ¡En …………. (nombre de la localidad donde cada uno reside) muy fuerte, fortísima!; si, puede ser, pero lo verdaderamente importante no es la huelga en sí, sino lo que significa: la falta de un recurso: el transporte. ¡es que el transporte es básico!, se dirá, ¡nuestra economía depende de la movilidad!. Claro, claro. Pero cojan cualquier commodity y restrínjanla hasta que escasee, cualquiera: ¿qué es lo que obtienen?: problemas. Bien, miren bien esta huelga porque a partir de Noviembre los recursos -todos- en un lugar hoy, en otro mañana, y en un u otro momento, escasearán. Más vale que vayamos acostumbrándonos a racionalizar su gasto; eso nosotros, que por arriba nos regularán su uso).
Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.