El Sovereing, filial del Santander, cae un 7% debido a su alta exposición a estas dos compañías hipotecarias
“No tengo tiempo para pensar”, dice el jefe de la mesa de operaciones de un gran banco nacional. “Los acontecimientos van demasiado rápido. Y los mercados, su volatilidad, son un buen reflejo de ello. Del momento “dulce” económico que algunos bancos centrales advertían para el crecimiento mundial en los últimos años (crecimiento fuerte vs. inflación contenida) a la calificación como compleja que hemos escuchado de manera reiterada en las últimas semanas a varios miembros de la Fed, que han dejado abiertas las puertas a nuevos recortes de tipos en los próximos meses (el mercado ya asigna una probabilidad del 100 % para un descenso de 0.25 puntos en marzo). Todo demasiado rápido y esto nunca es bueno para nadie ni para nada. Más tarde recurriremos al dicho de que aquellos vientos trajeron estos lodos”, dictamina.
“No es buena tanta precipitación. Por ejemplo, apenas se sigue el curso de la inflación en un entorno de debilidad del crecimiento. Tampoco, el diferencial sostenible entre la inflación total y la subyacente. Las volatilidades se disparan, con el VIX en niveles de máximos históricos; fuertes vaivenes de los spread de crédito, con el crossover 5 años en euros subido en un tobogán”, añade nuestro interlocutor.
“Tanta es la precipitación, tanta el ansia por recomponer el cuadro de mando, que incluso el Secretario del Tesoro de Estados Unidos ha aludido a la necesidad de innovar para que los prestatarios puedan obtener financiación ahora. Innovar en los mercados financieros se ha convertido ahora en una palabra tabú, porque muchos inversores aún están lejos de conocer realmente la razón del castigo en sus posiciones sobre activos en teoría sin riesgo”, añade.
“¿Por qué no reclamar, más bien, una mejora en la distribución de recursos desde los bancos centrales a las entidades financieras, no tanto una relajación de la desconfianza como una actuación más eficiente de los bancos centrales en proporcionar liquidez al mercado”, prosigue.
“Hay más. La recomposición de los mercados a través de la ayuda de fondos soberanos, que tanto debate están generando entre los gobiernos de los países desarrollados tampoco es la pócima milagrosa. Urge más transparencia, mayor regulación, aunque es muy difícil de conseguirlo, porque a la postre, siguen siendo el dinero público de países en desarrollo, algunos con regímenes políticos no democráticos, los que ahora estarían comprando porciones importantes de compañías en sectores sensibles de los países desarrollados”, concluye.
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