Gas Natural y y Cintra lideran las ganancias del selectivo con avances de más del 5 por ciento
Transparencia es el término que más se ha repetido desde que estalló la Crisis de Crédito en agosto pasado, a la que siguió la Crisis de Confianza, y ahora la Crisis Económica. Los bancos centrales han sacado la manguera todos los días regando de dólares y euros el sistema financiero, que los bancos han atesorado y no redistribuido. Incluso han intervenido entidades privadas con el dinero público, como a principios del siglo pasado. El dinero, no obstante, se resiste a salir de su escondrijo. Como en las grandes partidas de póker, en las que algunos se juegan hasta la camisa, la tensión es brutal. Unos y otros se miran de reojo. Éstos desconfían de aquellos, y al revés. La secuencia es lógica, porque en los últimos ocho meses la acumulación de desvaríos por parte de un grupo selecto de participantes en los mercados, principalmente por la banca anglosajona, ha sido mayúsculo. Las pérdidas comunicadas han sido hoy mayores de las anunciadas ayer. O sea, no ha sido transparencia. Hay en el encuadre actual una rúbrica que debe ser tratada con rigor y con cirugía traumática, la de las operaciones fuera de balance. Mejor ahora que dejar que se embalse la situación. El G7 ha dado 100 días de prórroga a las entidades.
“Si los bancos y las cajas de ahorro tienen miedo a abrir los cajones, imagínate la posición de celo extremo del inversor que se juega sus cuartos en la Bolsa y en otros menesteres financieros. Los armarios hay que abrirlos de par en par, para que los muertos, si los hubiera, puedan ser enterrados en paz. Las rúbricas de los balances hay que exponerlas a la luz, para que todo el mundo las vean. Hay, en fin, que abrir los sobres que se han ido cerrando con el paso del tiempo, correspondientes a otras tantas operaciones formalizadas. Los bancos y demás agentes financieros deben desnudarse. Así de explícito se mostró conmigo hace unos días uno de los mejores estrategas de la Bolsa española.
Como él hay otro sabio que enfiló la misma senda. Hay coincidencia, dentro y fuera de las fronteras, en denominar a la crisis actual Crisis de Confianza determinada por la Crisis de Crédito, y al revés. Un todo indivisible. Es decir, los bancos perdieron antes del verano la confianza entre ellos y a continuación cerraron el grifo del crédito. La Reserva Federal de Estados Unidos llamó a todos en agosto. A continuación hicieron lo mismo los bancos centrales. El mensaje fue inequívoco. Los bancos debían desnudarse ante la opinión pública y enseñar sus vergüenzas para atajar rumores y especulaciones. Así lo hicieron y las Bolsas respiraron, me dice.
Meses después, no obstante, el mercado descubre que hicieron un strisptease en lugar de un desnudo total. Citi, Merrill, Crédit Suisse, UBS, Deutsche, Societé Generale, Commerzbank, Morgan Stanley, Bears son entidades que han ido añadiendo apuntes al balance y verificando que las pérdidas son ahora mayores de las anunciadas al principio de la Crisis ¿Por qué considerar que ahora dicen la verdad cuando antes no lo han hecho?, añade.
La Bolsa ha pedido transparencia, luz y taquígrafos, pero todo ha sido administrado con cuenta gotas, con más oscurantismos que otra cosa. Los balances, no obstante, soportan mal y por poco tiempo las rúbricas falsas ¿Por qué no han contado la verdad íntegra desde el primer momento? Esta sospecha es, precisamente, la que ha vuelto a menear con fuerza el árbol de la volatilidad y de la incertidumbre en las Bolsas. Que se abran todos los sobres y que consten en balance, sentencia.