LA CARTA DE LA BOLSA

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LA AUTOCOMPLACENCIA ES MALA COMPAÑERA DE VIAJE PARA UN MERCADO TAN AGITADO COMO LA BOLSA

ARCHIVOMoisés Romero -  Domingo, 20 de Abril de 2008

ilustraciónLos dos últimos años están llenos de sobresaltos tácticos, emotivos y, con frecuencia, viscerales de los mercados de valores, porque la progresión ha sido, sin prisa pero sin pausa, al alza. A medida que los índices fueron escalando posiciones, mayores han sido los incrementos de volatilidad. Los episodios de incertidumbre habían sido superados en periodos de tiempo relativamente cortos. Ello hizo que la mayor parte de los actores bajaran la guardia y desestimaran que los peligros acechaban. La autocomplacencia, en fin, se había instalado en los mercados, porque cundió la idea de que si las cosas se ponían muy feas alguien vendría a salvarnos. La autocomplacencia elevó, de este modo, la prima de riesgo, porque es una mala compañera de viaje en mercados dinámicos y vivos, activos las veinticuatro horas del día, como la Bolsa. Las cosas se pusieron, luego, muy feas y los sucesivos intentos por salvar a los participantes en el mercado fracasaron en sus inicios. Volvió la autocomplacencia, pero en sentido contrario, con la visión de que las cosas no iban a mejorar. Pero en abril han mejorado de manera clara y han dejado a los más pesimistas con la boca abierta. Los bancos centrales han vuelto a salvar los muebles de la Bolsa. Por eso nunca hay que estar instalados en la autocomplacencia, sea cual fuere la dirección elegida. No existe la verdad absoluta.

Hemos buscado en nuestros archivos referencias próximas a los movimientos que desarrollan los mercados en las últimas semanas. Hemos elegido un análisis de estrategia del gestor de fondos de Schroders, Olaf Siedler, divulgado en julio del año pasado, a continuación de una de las sacudidas más importantes que afectaron a las Bolsas del mundo entonces y que, según el banco de negocios, recordaba a la situación vivida 20 años antes. Curioso, porque la crisis hipotecaria patente en la actualidad evoca a otros tiempos más remotos en lo que respecta a sus posibles consecuencias trágicas.

Decía el gestor hace nueve meses que por el momento, los inversores han mostrado una manifiesta autocomplacencia, probablemente porque debido a la importante rentabilidad acumulada desde marzo de 2003 se pueden permitir tomarse con calma una corrección beneficiosa o quizás porque creen que los compradores de capital riesgo saltarán a escena en un momento determinado para hacerse con algunas gangas a los actuales precios bajistas. En la actualidad, no se han repetido los mismos parámetros. La crisis no ha sido superada, al menos en su peor tramo. Eso es lo que se percibe en el mercado.

Nadie niega, así, que los mercados de valores atraviesan un momento lleno de riesgos. El escenario de cuento de hadas, calificaba el gestor de fondos, en el que se combina un elevado crecimiento con unos reducidos niveles de inflación se está esfumando a la misma velocidad con la que se incrementan los riesgos geopolíticos con China y Rusia asumiendo un papel más firme, el espíritu revolucionario que se extiende por Latinoamérica y la crisis potencial en torno a Irán. Es decir, parámetros que siguen vigentes en la actualidad.

Siedler se definía un optimista con cautela, pero en su justa medida y adornaba su exposición con un análisis de la situación de los mercados el verano pasado y la similitudes que encuentra con la crisis vivida en 1987. Entre las similitudes encontramos un sólido entorno económico y de rentabilidad, un importante déficit fiscal y de cuenta corriente en los EE.UU., un dólar en fase de depreciación, unos tipos de interés en tendencia alcista, un nuevo gobernador de la Reserva Federal estadounidense, un incremento en los precios de las materias primas, mercados emergentes al alza y la fuerza de instrumentos derivados. A esto, Siedler añadía el hecho de que, tal y como ocurre en la actualidad, se obtenían grandes beneficios en poco tiempo, lo que se traducía en un elevado grado de auto complacencia por parte de los inversores.

No ha pasado aún un año y todo ha empeorado hasta provocar un aumento del grado de autocomplacencia (a peor) en determinados sectores del mercado, aun a sabiendas que es mala compañera de viaje. Esta máxima sirve igual para la pléyade de inversores que han desconfíado del potencial de rescate de los bancos centrales. Y no ha sido así. Vista la secuencia de la última semana, lo peor parece estar de nuevo por llegar, porque los habitantes del reino de Jauja ya han tomado asiento en los mercados. Insisten en que Papá/s Estado/s nos hará ricos y felices a todos.

Si las cosas continúan como en las últimas tres semanas habrá que convenir que la autocomplacencia (a mejor) a vuelto a campar en los mercados de acciones. Quizá sea la peor noticia.

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