LA CARTA DE LA BOLSA

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LA BOLSA DESEMPOLVA EL VIEJO CARTEL DE “NO HAY ALTERNATIVA A LA INVERSIÓN EN ACCIONES”

ARCHIVOMoisés Romero -  Martes, 10 de Abril de 2007

ilustraciónAlguien escribió hace muchos años que el bolsista es el hombre que más veces tropieza en la misma piedra. Padece con frecuencia, además, amnesia. O sea, es frágil de memoria y proclive a entrar sin mirar en la tendencia del momento, en lo que se conoce como efecto manada. Hace unas semanas asistíamos al derrumbe súbito de las cotizaciones. En apenas cuarenta y ocho horas se perdió todo lo ganado en el año. A continuación llegó la recuperación y del nuevo el brinco de los índices a los niveles más altos del año, que coinciden con cotas históricas. Hace unas semanas propios y extraños argumentaron que las valoraciones bursátiles eran excesivas, que las Bolsas estaban caras. En las últimas horas escuchamos una vieja perorata, una frase cansina y poco original: no hay alternativa a la inversión en acciones. Por eso, las cotizaciones de la mayor parte de las compañías superan resistencias y se hinchan como palomitas de maíz.

Coinciden los grandes bancos centrales del mundo que la burbuja inmobiliaria ya ha estallado en Estados Unidos y que está a punto de explotar en otros países como España, aunque aquí la cultura, por devoción y hábitos históricos en lo que toca al ladrillo es diferente. Más bien se trata de una parálisis importante en el ritmo de ventas de inmuebles que de una caída de los precios. En ciclos inmobiliarios similares al actual sucedió lo mismo. El valor de los inmuebles apenas bajó en España, pero sí estuvo congelado durante años. En cualquier caso, los inversores y especuladores consideran que las posibilidades de hacer negocio en este segmento es más complicado.

Hay coincidencia entre los expertos, también, de que el recurso a la renta fija es ahora más peligroso, por el riesgo que entraña, que en ciclos anteriores, porque la evolución de los tipos de interés es una incógnita en Estados Unidos y en Japón mientras se mantiene la tendencia de fondo alcista en los tipos de interés europeos. Además, los retornos de los bonos siguen siendo bajos comparados con las magníficas rentabilidades que ha brindado la inversión en acciones durante los últimos cuatro años.

Cuando se valora la expectativa de las commodities, atinar es más complejo debido a la negociación implícita con futuros y a la estrechez de estos mercados. De ahí la desvinculación entre los precios de las commodities y el consumo de las mismas. Se ha dicho que en el precio del petróleo un 30% es especulación y fantasía alcista y no consumo cierto. Además, los precios de la mayor parte de las materias primas siguen en zona de máximos, con ligeras desviaciones en los últimos doce meses sobre los mejores registros de la historia. O lo que es lo mismo, tampoco aquí se vislumbran buenas oportunidades de negocio.

Queda la Bolsa sola mirándose el ombligo de las operaciones corporativas.
Algunos agitadores se empeñan en vender las bondades del PER actual sobre los promedios históricos para demostrar que las valoraciones no son excesivas. Nadie, sin embargo, los cree. La llama de las Bolsas, ahora con el cartel colgado de que no hay alternativa a la inversión en acciones, la mantienen viva las operaciones corporativas. La prima de riesgo inherente a este fenómeno justifica los precios de la mayor parte de los títulos. Otra cosa son los multiplicadores reales.

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