Los inversores se muestran muy intranquilos ante cualquier noticia y la temporada de resultados da margen para los sustos
Nada ha cambiado en la metodología de valoración y de percepción de los movimientos bursátiles. La gran clave es el crecimiento económico, el árbol que despliega luego sus ramos en abanico y da cobijo a otros fundamentos que influyen en el proceso de formación de los precios de las acciones. La liquidez es una parte más, un factor importante en el trasiego diario de las Bolsas, pero no es la piedra filosofal, la palanca, el factor considerado en sí mismo. Por eso, hay que mirar con lupa por dónde camina la economía, cuál es su pulso, cuáles sus constantes vitales, ahora que tanto se ha hablado de la liquidez como motor de los mercados en los últimos años. Es una verdad a medias. La liquidez, un factor para muchos que está en el origen de esta mayor disposición a buscar rentabilidades más altas, también sería una consecuencia de muchos de estos cambios estructurales.
Es más, el exceso de liquidez de los años pasados puede transmitir y generar problemas en el futuro. Lo que estamos viviendo en los últimos meses va en esta dirección, precisamente. En un mundo de baja inflación, uno de los riesgos es que la elevada demanda mundial pueda llevar a un aumento de los precios externos. También, el creciente endeudamiento, aunque partiendo de cifras bajas de deuda frente a beneficios, puede llevar a un aumento del precio del dinero a plazo por encima de lo previsto. Por eso, no conviene echar las campanas al viento. Hay que ser cautos.
Son muchos los estrategas, analistas y observadores los que han considerado que la elevada liquidez a nivel mundial ha sido uno de los factores más relevantes para explicar el comportamiento favorable de las bolsas en los últimos años. Un factor importante, es cierto, pero no el factor clave, El Factor con mayúsculas. De hecho, se ha demostrado en los últimos meses que los mercados se mueven más por los impulsos que proporcionan los datos sobre inflación y crecimiento económico que por las fases de una liquidez más o menos agrandada.
Hay, en el encuadre bursátil actual, otros factores que pesan más que la liquidez analizada en sí misma. Por ejemplo, la mayor o menor aversión al riesgo. Se suben o bajan escalones en esta variable de acuerdo a varios parámetros, por ejemplo según sea la coordinación a nivel internacional ante los grandes acontecimientos financieros y económicos; la secuencia de los resultados empresariales; la retribución al accionista y los retornos del capital invertido y, por qué no, la elevada dependencia del mundo del crecimiento chino, en términos de demanda exterior, como antes lo ha sido Estados Unidos.
No podemos olvidar, finalmente, el peso que en la actualidad tiene la curva de tipos, que es posible se amplíe en los próximos meses. Un factor que los bancos centrales deberían tener en cuenta para no tensionar más de la cuenta los tipos de interés oficiales. La Fed parece coincidir con esta apreciación. Pero dentro el BCE aún hay un debate abierto sobre el tema.