Repsol se desfonda un 1,5 por ciento tras el importante esfuerzo alcista protagonizado ayer
El aserto popular dice que no hay quinto malo, pero no dice nada del sexto. Esta es la pregunta de moda ¿hay un sexto bueno?, porque la Bolsa lleva cinco años de subidas encadenadas en términos globales. Los índices, como siempre que se miden de principio a fin de un curso, esconden que en el periodo acotado ha existido una volatilidad creciente, numerosos altibajos, una aceleración súbita de la incertidumbre, que han ocasionado miedos y huidas precipitadas, dejándose todos los enseres en el camino, de muchos participantes en los mercados. Ahora que el cierre del año está más cerca, ha llegado el momento de repasar las numerosas consideraciones de expertos y analistas bursátiles. Poco importa el color que teñirá el final de este ejercicio. A los inversores les importa más los colores que se llevarán el año que viene. Dicen algunos estrategas que el ciclo está muy maduro.
El ciclo está cada vez más maduro y como la fruta madura, la tendencia natural es la caída. Así opina el 70% de los 189 gestores de todo el mundo encuestados por Merrill Lynch hace cuatro semanas. El sondeo refleja una actitud de cautela dentro de una calma relativa, que es lo mismo que nadar y guardar la ropa a la vez. Los gestores son conscientes de que se acercan periodos de enfriamiento económico, pero se niegan, son tercos y reacios a realizar grandes cambios en sus estrategias de inversión.
Las perspectivas económicas no son positivas, pero se descarta una recesión a nivel global. Tan sólo un 12% de los gestores considera que el crecimiento podría deteriorarse hasta niveles de crisis en los próximos 12 meses. Un 61% cree que es poco probable y un 27%, muy improbable. Tampoco, las perspectivas de beneficio empresarial son optimistas. Una mayoría del 65% de los gestores opina que los beneficios empresariales se van a deteriorar en los próximos 12 meses. La encuesta refleja que los gestores creen poco probable que los beneficios crezcan más del 10% y destacan como principal motor del crecimiento de las empresas la reducción de costes, y no el aumento de los precios o el crecimiento en volúmenes.
Los gestores consideran adecuada la política de retribución al accionista que mantienen las empresas, aunque declaran que les gustaría que las compañías utilizaran el flujo de caja para aumentar esa retribución a través de recompras de acciones y pago de dividendos. De hecho, las perspectivas de los inversores institucionales no son negativas para las Bolsas. Un 56% de los encuestados opina que los mercados de acciones están correctamente valorados, un 19% declara que están sobrevalorados y un 24% cree que están infravalorados.
Por su parte, la renta fija sigue sin gustar. El 46% de los gestores opina que los bonos están sobrevalorados. ‘Las posiciones sectoriales y geográficas sugieren que la mayoría de los inversores aún favorecen a la renta variable, y se sienten cómodos con la idea de que la economía global puede aguantar una desaceleración en Estados Unidos. Creen que las noticias macroeconómicas negativas ya están descontadas en el mercado’, dice Merrill Lynch.
Los gestores no son muy optimistas, pero una señal de confianza en los mercados es la proporción de liquidez que mantienen sus carteras; la cual es un reflejo de aversión al riesgo cuanto más elevada es. En la encuesta de noviembre, el nivel medio de liquidez en las carteras de los gestores asciende al 3,7%, el nivel más bajo de los últimos cuatro meses. En agosto, en pleno estallido de la crisis subprime, esta proporción alcanzó el 4,4%. Los gestores mantienen un horizonte de inversión normal, ni mayor ni menor al habitual. Eso sí, reconocen que esperan más volatilidad en los mercados en los próximos meses.