Es el cuarto mes consecutivo de descenso, con dependencia extrema de Wall Street y marcada volatilidad
Cada ciclo económico impone sus modas y éstas se instalan, tarde o temprano, en las Bolsas. Hay conceptos que parecen enterrados para siempre, pero que salen de la ultratumba al cabo de los años provocando pánico, miedo entre el gentío. La morosidad, por ejemplo, es uno de ellos. La exuberancia económica en España ha hecho que este término ni siquiera haya alcanzado el nivel técnico exigido, es decir, que siempre las entidades necesitan un porcentaje mísero de morosidad para seguir bien entrenadas y, con ello, adelantarse a peores coyunturas. En los últimos años, las noticias conocidas en este apartado han sido la concatenación de mínimos, hasta el punto de que la morosidad no ha sido noticia. La variable cambia, no obstante, y en los últimos meses comienza a mostrar sus garras más afiladas, aunque sin llegar aún a niveles preocupantes. Avisos, en cualquier caso, que ponen en guardia a gestores, inversores y analistas. A los cambios de ciclo siempre anteceden situaciones como ésta.
Los augurios, además, no son favorables en este singular capítulo, que lleva muchos años enterrado en los balances de las compañías. La morosidad de las empresas registrará en 2007 un incremento del 10% respecto al ejercicio anterior. Así lo aventura un estudio de Crédito y Caución, que subraya el empeoramiento de los impagos empresariales desde el cuarto trimestre de 2005. Los datos de morosidad comercial de enero, como último conocido, reflejaro un mantenimiento de los niveles de insolvencia empresarial respecto al mismo mes de 2006, mientras que los datos preliminares de febrero apuntan a una recuperación de la senda de los niveles de impago.
En enero, el textil, que se sitúa entre los sectores con peor comportamiento de pagos, presentó por primera vez en varios meses un leve repunte de sus niveles de morosidad, junto a empresas de distribución y alimentación, de construcción y servicios. Por el contrario, los sectores de bienes de equipo mejoraron su comportamiento de pagos, lo que permitió estabilizar el indicador sobre morosidad empresarial en el primer mes del año. Los impagos empresariales crecieron un 7,1% durante el pasado ejercicio en relación a 2005, con un índice de incumplimiento que alcanzó su máximo valor en el mes de octubre, cuando los impagos crecieron un 9%.
Los que asistimos al discurrir de los mercados financieros al instante sabemos que la sensibilidad de los actores es hoy diferente a la de hace unos meses. La aversión al riesgo se ha instalado en los mercados financieros, un hecho desestimado durante gran parte del ejercicio pasado. Por eso, los inversores exigen ahora una mayor prima de riesgo a la Bolsa, quizá exagerada. Por eso, el análisis de los sucesos bursátiles y de sus protagonistas se formula desde planteamientos más pesimistas que optimistas. La visión negativa tiene ahora más seguidores que su contraria.
Este fenómeno es consustancial a los planteamientos bursátiles. Desde siempre, la Bolsa construye sus tendencias y el entorno las dignifica, si llega el caso. La Bolsa es un estado de ánimo de sus participantes, un sentimiento generalizado en una u otra dirección. Hace semanas cambió el sentimiento a peor y asuntos rancios como la morosidad o los impagos hipotecarios alarman a la clientela, que se rasga las vestiduras desconsiderando que ésto ya fue anunciado de manera reiterada, repetitiva, en los últimos años.
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