Una subida de más del 5% que da una nueva vuelta de tuerca a los mercados de por sí lastrados por los malos datos en EEUU
La adicción de numerosos ciudadanos chinos, como otros tantos ciudadanos del mundo, al juego es conocida de sobra. Releyendo informes recientes hay cifras que ahondan este fenómeno y que explican la voladura incontrolada de la Bolsa de aquél país y el efecto contagio al resto del mundo: un informe cuantifica que más del 90% de los préstamos personales recientemente concedidos por los bancos chinos podrían haberse destinado de manera poco ortodoxa a la Bolsa, es decir, se piden para comprar un coche, por ejemplo, pero se destinan a especular en acciones. La crisis asiática ha contaminado a todos los mercados y desvelado otra gran burbuja, la del carry trade. Es un juego de arbitraje en divisas muy viejo y que siempre termina acarreando enormes pérdidas. Consiste en pedir préstamos en monedas con tipos bajos para satisfacer las deudas contraídas en otras monedas con tipos más altos. Cuando, como ahora, la moneda en la que se ha formalizado el préstamo, como es el caso universal del yen japonés, sube en vertical los intereses ya no cuentan, porque el gran agujero, la enorme pérdida, se ha hecho con la variación monetaria. O sea, que la coyuntura actual no tiene desperdicio.
La crisis bursátil actual emana, como tantas otras, de la ambición sin límites de los participantes en los mercados, que son los que inflan las cotizaciones, hacen mal uso de los excedentes de liquidez y más tarde, en sentido, contrario tumban índices y hacen añicos las referencias más fiables. La avaricia anida tanto en el ánimo de los inversores privados como en los corazones de acero de esos potentes ordenadores que utilizan los hedge fund para adentrarse en los mercados y faenar a sus anchas. Como decimos al principio, muchos chinos se distinguen, desde siempre, por su pasión por el juego. Esta forma de entender determinados asuntos se combina con la especulación, como elemento que siempre preside el discurrir de los acontecimientos en el mercado. El mal uso de la pócima avaricia-especulación ocasiona efectos propios de una bomba de relojería, como en la actualidad.
Son muchos los que se preguntan la relación causa-efecto entre el estallido especulativo de los mercados chinos y la propagación de la onda expansiva al resto de las Bolsas del mundo. Puede decirse que el binomio avaricia-especulación es el mismo en todos los mercados, aunque con mayores acotaciones en unos que en otros. La economía china no está regulada como sería deseable y es más frecuente el mal uso de los préstamos personales, asunto que en Occidente está más controlado en teoría. Pero ahí más. La relación causa-efecto hay que buscarla en el baile de monedas y, claro está, en la continuada penetración de los grandes grupos multinacionales en el entramado empresarial y financiero de China, de tal modo que la caída de los mercados les afecta de manera directa en sus cuentas de resultados. A estos asuntos hay que añadir el efecto globalización propiciado por las grandes gestoras de fondos de inversión.
Es normal que los mercados castiguen a las divisas con peores fundamentos, que es lo que ha pasado con el dólar, tras la serie estadística de los últimos días, fría y desangelada en su conjunto, y que busquen refugio en otras. Es lo que pasa desde hace unas jornadas con el yen japonés. La apreciación, desmesurada para los dirigentes económicos japoneses, provoca nervios en la Bolsa de Tokio, que hasta ahora se había defendido mejor de la crisis por la debilidad. La subida del yuan desvela, al mismo tiempo, que muchos ciudadanos del mundo se han endeudado en yenes, como sucediera hace 25 años, para aprovechar tipos de interés bajo cero. Ahora, el alza de la moneda tiene un efecto devastador sobre los préstamos, porque su conversión acarrea mayores pérdidas que las vinculadas al pago del crédito.
Sigamos, por ahora, pendientes de China, no queda otro remedio. El Congreso del Pueblo Chino comenzó el domingo y se prolongará durante la semana. Hemos conocido que su Gobierno espera un crecimiento algo superior al 8 % este año. También un alto cargo del banco Central ha considerado que podría haber una ampliación de banda de fluctuación del Yuan, pero no de forma inmediata.
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