Es el cuarto mes consecutivo de descenso, con dependencia extrema de Wall Street y marcada volatilidad
La pandemia de operaciones corporativas mantiene viva a la Bolsa española y, lo que es más importante, permite que las altas valoraciones registradas por multitud de compañías se mantengan intactas. Tras el troceo de Endesa, los mejores sabuesos del mercado ya se han instalado en varios corros a la espera de que los fondos de riesgo o las grandes multinacionales se fijen en diferentes compañías. Hay más empresas susceptibles de ser opadas, compradas y luego troceadas, como los casos por todos sabidos de Altadis e Iberia. La nueva fiebre del oro sacude la espina dorsal de un mercado que se resiste a doblar el espinazo. Dicen los mejores analistas del mercado que la Bolsa está cara. Admiten, no obstante, que siempre hay que pagar una prima por hacerse con el control de una compañía. Ahí está el nuevo juego, la plusvalía posible. El resto ya está suficientemente valorado en los precios actuales.
Bajos tipos de interés, excepcionalmente bajos, y operaciones corporativas multinacionales han sido las principales claves del comportamiento de la Bolsa en los últimos meses. El volumen de fusiones entre empresas superó el año pasado los 3,3 billones de dólares (2,6 billones de euros) y situó el flujo medio de operaciones diarias de este tipo en más de 10.000 millones de dólares (7.700 millones de euros), con lo que quedó pulverizado el récord de 2000, cuando la burbuja de Internet condujo a las compañías a un ritmo frenético de adquisiciones. El año en curso amaneció escaso de ideas, pero conforme han pasado los días de nuevo han aflorado operaciones corporativas que permanecían latentes.
Hemos escrito recientemente que 2006 cerró con la acumulación de récord importantes, desde la rentabilidad directa de los índices hasta las fusiones y operaciones corporativas pasando por las cifras históricas de actividad en acciones. Como siempre, la realidad supera la ficción. Durante el año pasado se constataron importantes puntos comunes con ciclos eufóricos. Por ejemplo, con situaciones anteriores a la fiebre bursátil por los valores tecnológicos, que terminó en marzo de 2000 con el crash de esas compañías. Eran épocas de gran trasiego empresarial, de fusiones y adquisiciones, de vino y de rosas, de grandes revalorizaciones bursátiles. La historia se repite, pero con distintos collares.
A diferencia de 2000, cuando el sector informático y tecnológico concentró la mayor atención, 2006 finalizó con concentraciones en una amplia variedad de actividades, entre ellas las de la energía, el acero o el de los mercados bursátiles. Algunas de las operaciones más sonadas fueron las de Gaz de France y Suez; Arcelor y Mittal; Alcatel y Lucent, o la de Euronext y la Bolsa de Nueva York. Los expertos dicen que la tendencia actual va más dirigida a la concentración sectorial que a la pugna por Internet, que condujo a espectaculares operaciones, como la de 140.000 millones de dólares con la que se cerró la fusión entre AOL y Time Warner.
En esta dirección, otro asunto a destacar es que las operaciones actuales se caracterizan por una mayor complejidad y duración en el tiempo. Por un lado, las empresas adquiridas oponen una resistencia creciente, a veces como medida de defensa de intereses industriales y otras veces para obtener una mayor revalorización. Por otro lado, la reticencia de los gobiernos nacionales a vender empresas con función estratégica ha aumentado, en un entorno de mayores movimientos transnacionales en Europa y de ampliación del marco regulador. El caso de Endesa en España y de Autostrade en Italia han sido dos de los más significativos.