Los inversores, sin embargo, si deberán estar atentos a las habituales cifras semanales de reservas de crudo
Una de las frases y escritos que más hemos escuchado y leído en los últimos días ha sido el tópico de que los cazadores de gangas han entrado en el mercado. Nunca las crisis fueron buenas, por mucho que se empeñen determinados agitadores en reflejar la bondad del movimiento corrector de los últimos días. Las crisis ocasionan fuertes pérdidas y ensombrecen el ánimo de los actores. El sentimiento de pobreza tiene luego ramificaciones en otras áreas del consumo y éstas en el entramado económico y empresarial que da soporte a las Bolsas. Que los mercados cometen excesos siempre es algo que todos conocemos. Pero de ahí a alabar la bondad de un descalabro, mortal para los más endeudados, va mucho trecho. Nunca las crisis fueron buenas, pero siempre dejan oportunidades de compra muy interesantes. Lo difícil ahora es acotar el recorrido, porque una incursión precipitada te puede dejar colgado de la brocha.
Recordar que la inversión en acciones sólidas y con fundamentos demostrados es la más rentable a largo plazo suena desafinado en un momento de máxima agitación, nervios rotos y grandes dosis de valium consumidas por los diferentes partícipes en los mercado. Se trata, no obstante, de una realidad incontestable. Todas las crisis pasadas han dejado tras de sí una estela de muertos financieros, desahauciados y arruinados, porque la excitación vendedora llega en estas circunstancias a tal grado de paroxismo que se confunden los términos y se anulan las valoraciones. Todas las crisis, no obstante, dejan oportunidades históricas de compra. En la actual sucederá lo mismo.
Resulta fácil al oído la perorata, que es como predicar sin dar trigo. No obstante, lo difícil es entrar el día D a la hora H, el momento justo el día adecuado. Las tendencias bajistas dibujan líneas similares a las alcistas. Si es muy complicado salirse del mercado en es su punto de maduración no los es menos adentrarse en el mismo en su periodo de capitulación, cuando todo el mundo, la inmensa mayoría desquiciada ha hecho un sell off, ventas a mercado sin mirar precios. Hace unos días la Bolsa entró en la espesura del pánico y ahora en la red de la avaricia. Los fuertes incrementos de la volatilidad así lo determinan.
Lo que se maneja ahora en los foros de mejor reputación, en los de siempre, en los que han alternado sucesivos periodos de exuberancia con otros de vacas flacas es si determinados precios han alcanzado ya un nivel adecuado de compra con un planteamiento inversor a medio y largo plazo o si, por el contrario, el efecto manada aún seguirá instalado en el mercado, con lo que los retrocesos volverán aserá generalizados, sin distingos. La percepción de que en el río revuelto los mejores pescadores son los que más ganan comienza a ser patente en determinados sectores del mercado.
Aconsejan los sabios, no obstante, seguir los acontecimientos sin precipitarse, porque la Bolsa es más un mercado de oferta, siempre hay papel disponible a uno u otro precio, que de demanda, porque no siempre hay compradores dispuestos a jugarse los cuartos. Aluden los viejos observadores al principio físico de los movimientos sítmicos, con un fuerte estruendo inicial seguido de nuevas sacudidas hasta que el terreno se asienta. O sea, que hay que esperar una caída de la volatilidad. Entonces aparecerán los cazadores de gangas. Hasta ahora todo es locura.
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