Los inversores, sin embargo, si deberán estar atentos a las habituales cifras semanales de reservas de crudo
Niegan la mayor, no dan su brazo a torcer y los índices bursátiles giran sobre sí mismos. Hay coincidencia, dentro y fuera de las fronteras, en denominar a la crisis actual Crisis de Confianza determinada por la Crisis de Crédito, y al revés. Un todo indivisible. Es decir, los bancos perdieron antes del verano la confianza entre ellos y a continuación pisaron la manguera, cortando el chorro del crédito. O si se prefiere, cerraron el grifo del crédito en el interbancario, porque unos y otros desconfiaban. La Reserva Federal de Estados Unidos llamó a todos en agosto. A continuación hicieron lo mismo los bancos centrales. El mensaje fue inequívoco. Los bancos debían desnudarse ante la opinión pública y enseñar sus vergí¼enzas para atajar rumores y especulaciones. Así lo hicieron y las Bolsas respiraron. Dos meses después, no obstante, el mercado descubre que hicieron un strisptease en lugar de un desnudo total. Además, hay magos, el Mago Botín, que compra y vende bancos con fuertes plusvalías en corto espacio de tiempo. Demasiado peligroso, porque los depositantes e inversores sospechan de tanta magia.
El primer enunc¡ado es muy claro. La Bolsa entendió en septiembre que los bancos, los protagonistas del desastre actual, porque están atrapados en la crisis hipotecaria subprime y en otras hipotecas de mayor alcance, se habían desnudado de arriba a abajo. Un desnudo total, que es lo que pedían los participantes. Dos meses después, desaparecidos los vapores etílicos de la borrachera de la especulación posterior, la de la recuperación que ha situado los índices bursátiles en máximos históricos contra todo pronóstico, los bolsistas se frotan los ojos y verifican que lo visto y no visto fue un espectáculo de striptease en la pasarela y que el desnudo no fue tal.
Dos meses después, Citi, Merrill, Crédit Suisse, UBS, Deutsche... y otros dicen que donde dijeron digo, dicen Diego y que la contabilidad actual verifica que las pérdidas son mayores de las anunciadas. El bolsista de a pie entiende que en agosto y septiembre pusieron parches por todos los sitios y que los bancos implicados en la maniobra peligrosa actuaron con escasa diligencia. Ganaron, han ganado, eso sí, tiempo. Pero no han podido tapar la herida.
En los últimos días ha vuelto a celebrarse la frase de que es peor el remedio que la enfermedad. La Bolsa ha pedido transparencia, luz y taquígrafos, pero todo ha sido administrado con cuenta gotas, con más oscurantismos que otra cosa. Los balances, no obstante, soportan mal y por poco tiempo las rúbricas falsas ¿Por qué no han contado la verdad íntegra desde el primer momento? Esta sospecha es, precisamente, la que ha vuelto a menear con fuerza el árbol de la volatilidad y de la incertidumbre en las Bolsas. Más, incluso, que los malos resultados empresariales que se publican en Wall Street.
Se han dado operaciones, además, que dejan atónitos a inversores y depositantes. Los Medios, unos más que otros, alaban las excelencias de Emilio Botín. “El Santander vende Antonveneta y gana 2.400 millones en tres semanas”, rezan los titulares de los periódicos. Los que siguen de cerca los avatares de la Bolsa conocen que Emilio Botín había comprado el banco italiano a ABN Amro por 6.600 millones y que lo ha traspasado ahora a Monte Dei Paschi por 9.000.
Uno se pregunta ¿han dormido tranquilos los depositantes de Monte Dei Paschi después de tamaña operación? ¿Acaso cifras tan abultadas y conseguidas en tan corto espacio de tiempo pueden ser digeridas por el comprador? Botín ha salido a hombros, pero, que sepamos, nadie ha dimito en Monte Dei Paschi ¿Usted confiaría sus dineros, arriesgaría su ahorro en estos fastos, en donde unos banqueros se juegan los cuartos con otros?
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