La falta de acuerdo entre los países de la zona euro a un plan de rescate dan lugar a medidas unilaterales e ineficaces
Los actores en los mercados mantienen, a veces, posiciones cicateras, que confunden a estrategas y analistas. Los actores en Bolsa suelen mirar, con frecuencia, para otro lado y ningunear asuntos de relevancia extrema. Por ejemplo, los resultados empresariales. En el proceso de formación diario de los precios de las acciones cotizadas, el resultado de las empresas tiene un gran significado. La experiencia demuestra, es más, que en épocas de crisis y de debilidad global de los mercados, como ahora, las malas noticias empresariales tienen un mayor reflejo en sus precios que cuando el son de los violines lo invade todo. Por eso, los mejores especialistas del mercado recomiendan prestar mucha atención a la evolución de los balances empresariales, porque los resultados del primer trimestre han sido malos. No obstante, la moda del ser mejor de lo esperado soportó durante algún tiempo valoraciones muy superiores a las que técnicamente son admisibles. Los resultados son los que son, al margen de lo que se espere o deje de esperar. Eso no cuenta en el precio cierto.
El primer semestre pronto cerrará sus puertas. El periodo de tiempo es suficientemente amplio para mirar lo sucedido desde enero y para atisbar lo que puede pasar hasta diciembre. El primer semestre dará claves de la profundidad de la crisis, del deterioro del consumo, de la estructura de los resultados empresariales y de la fortaleza o debilidad de las empresas que cotizan en Bolsa. Cuáles están preparadas para asumir mayores retos y cuáles se verán obligadas a tirar la toalla, como ha sucedido siempre en los peores ciclos económicos.
Hasta ahora, los resultados empresariales conocidos en lo que va de año han mostrado un claro empeoramiento, han virado a la baja. La sensación ha sido, no obstante, de que las Bolsas han mirado hacia otra parte, porque han estado empeñadas en fundamentar todas sus actuaciones según los movimientos de los tipos de interés, la orientación de los flujos de dinero procedentes de los fondos soberanos y, entre otros asuntos, de la actuación concertada de los principales bancos centrales del mundo. Tarde o temprano, sin embargo, los principios clásicos de valoración bursátil se imponen a la hora de comprar o vender acciones. Los resultados quiero decir, juegan siempre una baza fundamental.
Por ello considero importante refrescar la memoria, el estado de situación. En Europa, las previsiones actuales reflejan una estimación de beneficio para las empresas del Stoxx 600 de un 2,8% para este año, cifra que sin incluir a los bancos alcanzaría un 4,7%, aunque hay especialistas que consideran que pueden terminar en negativo. Las rebajas se han impuesto y sólo la fortaleza de los sectores ligados a las materias primas ha compensado la caída de estimaciones. Desde el inicio del año sólo tres sectores han visto sus estimaciones para 2008 revisadas al alza: químicas (+8,5%), petróleo (+5,8%), y metales y minas (+9,9%). Por el contrario, las revisiones a la baja más fuertes desde el inicio del año son para banca (-21,5%), aerolíneas (-29,3%), semiconductores (-80,1%), papeleras (-15,7%) y construcción (-13,8%).
En Estados Unidos, las empresas del S&P 500 perdieron en el entorno del 16,5% el primer trimestre del año. Si se excluyen los bancos, el resultado global habría sido de un alza del 10%. Se trató del tercer trimestre consecutivo de pérdidas para las empresas del S&P 500, algo que no se veía desde el tercer trimestre de 2001. Es importante recordar que a principio de año, el consenso apostaba por un incremento de beneficios del 5,7%, estimación que para el 1 de junio había caído a un -10,9%. Es un fuerte giro en las expectativas que se explica fundamentalmente por las rebajas que ha recibido el sector financiero, según comentan desde Thomson Reuters.
Lápiz y papel para esperar los resultados que vienen. Es el peor momento para tomar medidas precipitadas.
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