Es el cuarto mes consecutivo de descenso, con dependencia extrema de Wall Street y marcada volatilidad
Luz y taquígrafos. Los inversores continúan con la aversión a la inversión en Bolsa, aunque los sucesivos intentos de recuperación de las formas y del equilibrio en los principales índices han quitado presión al fenómeno desde mediados de abril. El miedo es que lo es una Crisis bancaria y de crédito se convierta con el paso del tiempo en una Crisis de Confianza y Económica. La manera de administrar las deudas y de rubricar los balances decidida por grandes corporaciones bancarias y financieras ha disgustado a la mayoría de actores en los mercados. Las cifras que se manejaron el verano pasado respecto al coste de la Crisis de Crédito han ido engordando con el paso del tiempo, porque la mayor parte de los bancos han dado por válido aquél viejo dicho de que los trapos sucios conviene lavarlos en casa. La Bolsa, no obstante, quiere lo contrario. Los balances necesitan ser aireados, más oxígeno, más luz para todos. Es la única manera de que las cuentas que hoy se publican referidas a las pérdidas en las que han incurrido otras tantas entidades no se vean superadas con creces, con demasiada holgura, días después. El primer semestre del año puede ser una buena referencia para conseguir este logro. El G7 dio un periodo de 100 días a los bancos para que pusieran las cuentas al día, blancas y radiantes.
En este encuadre, aún se escucha el eco de un estudio de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas) en el que sugería la “necesidad imperiosa” de incrementar la información disponible sobre operaciones fuera de balance, en particular “para conocer sus efectos sobre el riesgo y la estabilidad financiera”, y de forma “especialmente destacada” para los productos derivados. Funcas indicaba que los episodios de la crisis crediticia que comenzó en 2007 y “la canalización y expansión de gran parte de los riesgos fuera de balance atestiguan esta necesidad”. En concreto, el estudio reflejaba que el 40% de los ingresos de las entidades financieras de los países de la Unión Europea procede de la actividad no tradicional, es decir, de ingresos distintos a los intereses, mientras que las operaciones de fuera de balance, como fondos de inversión o fondos de pensiones, representan ya el 20% del balance. Según Funcas, en España la evolución de los “disponibles por terceros” de bancos y cajas de ahorros españoles (financiación en tarjetas, líneas de crédito y productos similares), representaban el 30% del total de la actividad crediticia, lo que “indica la relevancia adquirida por el negocio fuera de balance como extensión de las operaciones de financiación habituales de los intermediarios financieros españoles”.
En concreto, los disponibles por terceros han pasado, en tan sólo una década, de 100.000 millones de euros en 1996 a 400.000 millones de euros en 2006 para el conjunto de entidades. Según Funcas, “este significativo crecimiento ha ido en paralelo al de la actividad de financiación crediticia al sector privado en balance”. En concreto, el crédito a otros sectores residentes ha aumentado un 260% en el mismo periodo, y en 2006 ya alcanzaba los 1,4 millones de euros para el conjunto de bancos y cajas de ahorros. En el caso de los productos derivados, han pasado entre junio de 2005 y octubre de 2007, de 61.000 a 80.000 millones de euros en su vertiente de activo y de 51.000 a 96.000 millones de euros en su vertiente de pasivo.
En lo que se refiere a la Unión Europea, el informe sobre las operaciones de fuera de balance concluye que desde mediados de los años 90 se ha producido un continuo crecimiento de los ingresos procedentes de actividades no tradicionales en la mayoría de los países de la Unión Europea. El estudio refleja que en Europa la ineficiencia de beneficios es “notablemente superior a la de costes”, tanto operativos como totales. La eficiencia en beneficios se sitúa en torno al 50%, la de costes totales en el 10% y la de costes operativos en el 20%.
Además, los nuevos países miembros presentan indicadores de eficiencia muy similares, e incluso superiores en la eficiencia en beneficios, a los del resto de países de la Unión Europea. Este hecho apunta a que tanto las medidas de privatización y liberalización de los sectores financieros como la entrada de capital extranjero “han permitido a estos países mejorar la calidad de la gestión y la provisión de los servicios bancarios”.
Asimismo, el informe concluye que las mayores tasas de productividad “parecen ser patrimonio de las entidades que con mayor intensidad han venido realizando operaciones fuera de balance”. En promedio, el conjunto de las entidades de depósito ha experimentado un aumento de la productividad del 3,44% entre 1992 y 2004, con una tasa de crecimiento promedio del 0,28% anual; esto es, en promedio, las entidades bancarias producen un 3,44% más de ‘outputs’ utilizando la misma cantidad de ‘imputs’ que en 1992.
El cambio productivo de signo positivo ha venido claramente propiciado por el cambio técnico, que ha experimentado un crecimiento acumulado del 19,54%, resultado de una tasa de crecimiento interanual promedio del1,5%.
El informe concluye que las actividades bancarias no tradicionales “producen una renta en forma de comisiones en vez de la renta en forma de intereses asociada con las actividades tradicionales, y se registran como operaciones fuera de balance, dificultando el control y el registro y consideración a la hora de establecer el perfil de riesgo de la entidad”. Las operaciones fuera de balance (en el enfoque estandarizado) serán convertidas en exposiciones equivalentes de crédito a través de la utilización de factores de conversión de crédito (CCF).
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