Una subida de más del 5% que da una nueva vuelta de tuerca a los mercados de por sí lastrados por los malos datos en EEUU
A punto de finalizar septiembre, el tercer trimestre del ejercicio, son muchos los gestores y estrategas que apartan, aunque con mucho tacto, la crisis de crédito actual y reparan en los resultados empresariales que vienen, después de los adelantos que en Wall Street ha hecho ya los grandes bancos de inversión. Abundan desde hace meses comparaciones de la crisis actual respecto a episodios febriles y caóticos similares vividos en el pasado. Se hurga en la Gran Depresión de 1929; se recala en el crash de octubre de 1987 y se desmenuzan aspectos coincidentes en caídas generalizadas como las de 1998; marzo de 2000 y primaveras de 2004 y 2007. No obstante, ninguna crisis es igual, porque de serlo ya habría sido abortada antes de su aparición. Es más, abundan las diferencias entre unas y otras. En la actual, el gran soporte son los beneficios empresariales. El rosario de presentaciones comenzará la semana que viene.
Hay coincidencia, aunque con base empírica dudosa, en comparar la crisis financiera y de mercados actual con la de 1998. Aquella fue un crash por entregas, dura y violenta. Los hedge fund que operan con divisas se dejaron más de lo que tenían en la crisis del rublo y se vieron obligados a vender activos en cadena y en todas las Bolsas del mundo. Es el otro lado de la globalización de los mercados, el giro a la inversa. Suben todas las Bolsas al alimón, pero también bajan al unísono. No se trata de mercados o activos concretos. Son movimientos generales basados en la matemática global y dirigidos por estos fondos.
Esa es la gran coincidencia entre una crisis y otra. La actual, no obstante, exhibe otro etiquetado. En la que se denominó como Crisis Rusa, los multiplicadores del momento superaban las 20 veces. Es decir, coincidió el fenómeno con una valoración excesiva de las acciones en casi todas las Bolsas del mundo. En la crisis financiera y de confianza actual, el PER está mejor soportado, porque se sitúa en la franja media histórica que apunta una valoración más razonable y sensata. Los buenos beneficios empresariales alcanzados sitúan este indicador en la actualidad en las 12 veces.
Vista esta secuencia, sí puede decirse que en episodios viscerales y de pánico como los vividos en las últimas semanas hay gangas, es decir, compañías que llegan a cotizar en Bolsa por debajo de su valor contable y, lo que es más importante, cuentan con perspectivas de futuro positivas, porque su negocio está al margen de la crisis actual. En la crisis de 1998, no hubo gangas. Por eso, la duración de los diferentes movimientos a la baja fue mayor que ahora.
Llegan los resultados. La gran banca de inversión estadounidense ya ha rendido cuentas. El león de la crisis no es tan fiero como lo pintan. Si se confirman los pronósticos, el PER promedio seguirá ajustado, se convertirá en el mejor valededor del mercado de acciones en la crisis actual.
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