LA CARTA DE LA BOLSA

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Martes, 14 de Octubre de 2008. 17:52
Flash: Pese a que las condiciones del mercado han mejorado, aún hay mucho nerviosismo

Los inversores se muestran muy intranquilos ante cualquier noticia y la temporada de resultados da margen para los sustos

“O NO HAY IDEAS O ÉSTAS SE PAGAN CARAS. DÁDME UNA IDEA Y MOVERÉ LA BOLSA”

ARCHIVOMoisés Romero -  Miércoles, 21 de Mayo de 2008

ilustracionEl patio de la Bolsa anda revuelto, plagado de confusiones y enredado en la cuerda de sus múltiples contradicciones, entre las que destacan el desprecio a los acontecimientos de su entorno, desde el alza de las commodities hasta el enfriamiento económico trufado con inflación. En los soportales, en estos días de sol y lluvia compartidos, se discute sobre el fondo del mercado. No hay ideas nuevas, dicen unos. Sí hay ideas frescas, revelan otros. Todo sigue igual que hace dos años, cuando empezó a dibujarse la tendencia bajista general, añaden los primeros. Sí hay nuevas proyecciones, argumentan los segundos, pero nadie parece estar dispuesto a poner los euros sobre la mesa. Los dos frentes coinciden en que el dinero sigue sin fluir, tanto el institucional, porque bancos y cajas de ahorro no sueltan un euro, como el privado. Este último asustado y en la faltriquera, porque son muchos los miedos al futuro que se divulgan desde todos los frentes. Y en términos de Bolsa ya saben que un guru reputado dijo aquello de “dádme una idea y moveré la Bolsa”

He escrito en alguna ocasión que sin ideas que admirar no hay sentimientos enfrentados, que son los que influyen de manera decisiva en el proceso de formación de los precios. A unos les gustan las nuevas ideas y compran, otros las desprecian y venden. Gracias a ello, las cotizaciones suben y bajan. Así se mueve la Bolsa.

Las ideas tienen una vigencia temporal, como norma. Sólo algunas sobreviven al paso del tiempo. Las nuevas ideas en la Bolsa van relacionadas, generalmente, con el seguimiento de las modas impuestas por los grandes actores en el mercado, es decir, por los fondos apalancados, la banca de inversión y las instituciones que mayores masas de dinero mueven cada día. Hay ideas perversas, como las que sucedieron a la crisis de los valores tecnológicos en marzo de 2000. Lo que vendieron entonces los más poderosos es que la quiebra de la confianza en el mercado (escándalos contables y financieros) iba a pasar factura a los precios de las acciones. Y así sucedió.

Antes de esta cura de adelgazamiento, lo que algunos denominaron poner los pies en el suelo, abundaron las ideas fantásticas, que fueron las que llevaron en volandas las cotizaciones de las acciones hasta alcanzar niveles estratosféricos. Fue la moda, allá por mediados y finales de los 90, de comprar valores muy endeudados y con fuertes pérdidas, porque la idea de entonces era que a mayor nivel de endeudamiento y de pérdidas mayor capacidad de crecimiento.

Fue la moda de los valores tecnológicos, de la nueva economía.
Fue la idea brillante de aquel ciclo, que luego puso contra las cuerdas a los índices bursátiles de todo el mundo. Hay, también, ideas muy simples, que, con frecuencia son las que perduran en el tiempo. Por ejemplo, comprar valores con bajos multiplicadores y altas rentabilidades por dividendo. Es la idea clásica, que se asienta en los valores de siempre y que ha dado rendimientos excepcionales en los últimos seis años, desde el hundimiento de los valores tecnológicos.

Aquí y ahora, los gurús buscan nuevas ideas ante el agotamiento, dicen, de las expectativas de los valores que más han tirado del carro en los últimos años. Una de las últimas ideas de moda ha sido la de las energías renovables y alternativas al petróleo. Los valores y commodities relacionados con el caso han contado con una impresionante fuerza relativa desde que Bush alimentara la expectativa de que hay que eliminar la dependencia del petróleo en asuntos energéticos y buscar otras alternativas para que el mundo no se pare. Estos valores también están agotados.

El gurú, en fin, vuelve a demandar IDEAS.

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