LA CARTA DE LA BOLSA

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Viernes, 22 de Agosto de 2008. 04:39
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Una subida de más del 5% que da una nueva vuelta de tuerca a los mercados de por sí lastrados por los malos datos en EEUU

SE BUSCA DIRECTOR GENERAL DE CAJA DE AHORROS PARA INVERTIR

ARCHIVOMoisés Romero -  Domingo, 15 de Abril de 2007

ilustraciónHemos escrito hace algún tiempo que en la película Wall Street hay una escena que ha perdurado con el paso de los siglos. El protagonista, un broker de la mayor Bolsa del mundo, le espeta a un compañero de profesión: “Si en Bolsa quieres tener un verdadero amigo, cómprate un perro”. Es la imagen cierta de un mercado difícil, complejo, con el peligro siempre al acecho y con tintes burlescos en numerosas ocasiones. La realidad confirma que unos aconsejan comprar ésta o aquella acción cuando han vendido, y al revés, en lo que es un juego sucio, de auténtico pillaje. Las cosas, no obstante, son las que son y unos y otros participantes habrán aprendido lecciones suficientes con la experiencia. En la Bolsa actual, la frase es otra: “Si quieres tener un verdadero amigo, que sea director general o alto ejecutivo de una caja de ahorros, porque él aliviará tu autocartera o inflará tus valores con compras compulsivas”.

Ahora que hay nuevos inquilinos en el Banco de España, que es el organismo que tutela el sistema financiero y sus protagonistas, es un buen momento para sentarse a observar las reacciones, actitudes, advertencias y comportamientos de la máxima autoridad monetaria sobre un mal endémico, el de las cajas de ahorro y sus derivaciones bursátiles. Mientras los bancos ahuecan el ala y huyen de la renta variable, las cajas de ahorro incrementan posiciones.

No hay caja de ahorros que no tenga un portafolio más o menos importante de participaciones bursátiles. Unas veces compran por presiones políticas locales, para contrarrestar, dicen, el poder de terceros, de los forasteros que se dice en el argot popular. Del localismo mal interpretado pasan a mayores, con entradas por encima del 5% en varias compañías sin otro argumento que el simplemente financiero o la intuición bursátil del gestor de moda. Gracias a esta iniciativa, que a diferencia de los bancos y entidades cotizadas, no necesitan explicaciones a los accionistas, porque no los tienen, hay empresas que han logrado mantener la cotización por encima de niveles de valoración razonables.

Que las cajas de ahorro, en la mayor parte de las ocasiones sin ton ni son, pero sí con personalismos claros de sus mentores, se han convertido en el maná de la Bolsa es algo que los párvulos saben desde sus primeros escarceos en el mercado. Que a la puerta de las cajas de ahorro llaman todos los días máximos ejecutivos de otras tantas compañías cotizadas para endilgarles la autocartera, es algo que está a la orden del día. Además, unas cajas imitan, por contagio, a otras y en algunos casos ponen en peligro sus recursos.

Desde Endesa a Unión Fenosa pasando por el Banco Pastor y continuando por Sacyr Vallehermoso, Metrovacesa o Europac
apenas existen empresas cotizadas en la Bolsa española en cuyo capital no figure una caja de ahorros, bien sea La Caixa, Caja Madrid, Cajamar o la caja de Murbullos de Abajo, caja y pueblo, por cierto inexistentes.

Llegados a este punto la pregunta es ¿dónde está el verdadero peligro de la Bolsa española? En el enorme potencial vendedor de estas instituciones que se autodefinen como sin ánimo de lucro. Es la otra cara de la moneda. Hasta ahora las compras de las cajas de ahorro han soportado y mantenido amancebadas muchas cotizaciones. Pero todo tiene un límite y un tiempo.  Incluso un cambio en la legislación.

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