De acuerdo con el consenso de analistas, una lectura inferior a 50 puntos representa una contracción de la actividad
La Bolsa se muestra terca y no ofrece síntomas de mejora. Las reacciones esporádicas al alza apenas suben escalones de manera contundente, de tres en tres, o, mejor, de cuatro en cuatro, con paso firme y vigoroso. Se sube un peldaño, pero se bajan tres a continuación. O sea, sumar poco y restar más. Por eso, la mayor parte de los estrategas se aburren de tanto mirar a las pantallas. Incluso bostezan gracias al silencio que impera en muchas salas de cotización, porque los teléfonos en demanda de órdenes no suenan. Con la llegada, por fin, de los primeros calores el sesteo se impone. Para no caer en el sueño total, en la siesta eterna, abundan los juegos sobre el color, sabor y nombre de la Crisis actual ¿A cuál se parece? A continuación expondré una retahíla que muchos de ustedes ya habrán leído antes en La Carta, pero que hoy conviene volver a desempolvar. La última acepción que más seguidores aglutina es la que dice que la Crisis actual es similar a la Crisis del Petróleo de los años 70. Si Rato acierta en sus pronósticos habrá que armarse de paciencia, ahorrar y no malgastar.
Esta semana ha vuelto el debate sobre el cariz de la Crisis Financiera actual a propósito de la reiteración de la Reserva Federal de Estados Unidos y del Banco Central Europeo de que uno de los grandes peligros que se ciernen en la actualidad sobre la economía del mundo es el crecimiento desmesurado de los precios. El control de la inflación pasa a un primer plano y son muchos los que consideran que el enfriamiento económico pasa, de este modo, a segunda posición. Por eso, no hay esperanzas de recortes inmediatos en los tipos de interés en Europa y es mayor la percepción de que muy bien podría subir en Estados Unidos. Subyace en este enunciado el papel del petróleo y la pregunta que ha circulado toda la semana ¿han tocado techo o no los precios?
Rodrigo Rato, ahora director general senior del banco Lazard, entre otros cargos, auguró el martes que los precios del petróleo en los próximos meses van a acelerar su progresión no sólo por el incremento de la demanda de las economías emergentes, sino sobre todo por los escasos márgenes excedentarios existentes. Vamos a una sustancial aceleración del aumento del precio en los próximos meses, advirtió Rato, que contradijo ese mismo día a Dominique Strauss-Kahn, director gerente del Fondo Monetario Internacional, quien dijo lo contrario, que los precios del petróleo probablemente ya hayan tocado sus máximos como consecuencia de la desaceleración económica global.
Escribí hace unos meses que abundan desde hace tiempo las comparaciones de la crisis actual respecto a episodios febriles y caóticos similares vividos en el pasado. Se hurga en la Gran Depresión de 1929; se recala en el crash de octubre de 1987 y se desmenuzan aspectos coincidentes en caídas generalizadas como las de 1998; marzo de 2000 y primaveras de 2004 y 2007. No obstante, ninguna crisis es igual, porque de serlo ya habría sido abortada antes de su aparición. Es más, abundan las diferencias entre unas y otras. En la actual, uno de los grandes retos son los beneficios empresariales. El rosario de presentaciones ya ha terminado. Los maquillajes han abundado en los balances, pero el corifeo de intermediarios ha considerado que han sido mejores de lo esperado sin enjuiciar que han sido débiles.
Hay coincidencia, aunque con base empírica dudosa, en comparar la crisis financiera y de mercados actual con la de 1998. Aquella fue un crash por entregas, dura y violenta. Los hedge fund que operan con divisas se dejaron más de lo que tenían en la crisis del rublo y se vieron obligados a vender activos en cadena y en todas las Bolsas del mundo. Es el otro lado de la globalización de los mercados, el giro a la inversa. Suben todas las Bolsas al alimón, pero también bajan al unísono. No se trata de mercados o activos concretos. Son movimientos generales basados en la matemática global y dirigidos por estos fondos.
Esa es la gran coincidencia entre una crisis y otra. La actual, no obstante, exhibe otro etiquetado. En la que se denominó como Crisis Rusa, los multiplicadores del momento superaban las 20 veces. Es decir, coincidió el fenómeno con una valoración excesiva de las acciones en casi todas las Bolsas del mundo. En la crisis financiera y de confianza actual, el PER está en teoría mejor soportado, porque se sitúa en la franja media histórica que apunta una valoración más razonable y sensata. Los buenos beneficios empresariales alcanzados sitúan este indicador en la actualidad en las 12 veces. Pero el miedo y la expectativa está en un deterioro de los beneficios durante los próximos años, que encarecerían los múltiplos.
Y ahora llega Rato con sus premoniciones sobre el petróleo. Si acierta añadimos a la lista anterior una Crisis más, la Crisis del Petróleo de los años 70, que duró más de 10 años en la Bolsa española y que obligó al Banco de España a intervenir diariamente en los mercados y, aun con ello, no pudo mantenerlos a flote, hasta qeu llegó el cambio de tendencia. Fue una Crisis de inflación y bajo o nulo crecimiento. Hay, no obstante, una gran diferencia entre uno u otro ciclo: los salarios, ahora más bajos en términos nominales y sin visos de que vayan a subir ¿Por qué? Porque los Sindicatos de hoy no son los de antaño. ahora no tienen fuerza ni representación alguna. En los 70, sí.
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