LA CARTA DE LA BOLSA

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Martes, 7 de Octubre de 2008. 01:26
Flash: Los ministros de finanzas de la UE abogan por medidas coordinadas contra la crisis

La falta de acuerdo entre los países de la zona euro a un plan de rescate dan lugar a medidas unilaterales e ineficaces

Sorpresas – 1

ARCHIVOSantiago Niño Becerra -  Domingo, 16 de Marzo de 2008

‘Sorpresas tiene la vida’, ya saben.

Sorpresa, enorme, mayúscula, tremenda, fue el ver la prensa, el oír las noticias, el entrar en clase, el pasado Viernes, y no sentirme golpeado por un martillazo: el Jueves, a primera hora de la tarde, el FMI anunció que no vería con malos ojos que los Estados, con dinero público, sostuviesen a entidades bancarias con problemas. Nada, ni un comentario, ni un murmullo; ¡absolutamente nada!; ¡absolutamente sorprendente!.

Sorprendente porque a lo que abre la puerta la bendición del FMI es a una … nacionalización de la banca. “¡Hala!. ¡Que bestia!”, dirán algunas/os, “¿Dónde va este?”, añadirán. Piénsenlo. Lo que el FMI ha dicho, ¡el FMI una de las columnas sobre las que se sustenta el sistema capitalista!, es que no lanzará las huestes de la ortodoxia contra aquellos Estados que utilicen pasta pública para intervenir en empresas privadas a fin de evitar que se hundan.

Un banco es una compañía por acciones que es propiedad de personas físicas y jurídicas, hasta aquí igual que una empresa que fabrique y venda caramelos de menta, la diferencia radica en que un banco vende, y hasta cierto punto fabrica, el combustible con el que el sistema funciona y el lubricante por el que el sistema se mueve. Una empresa que fabrique y suministre caramelos de menta, pude quebrar, dará mucha pena, pero, si sucede, en el sistema no tendrá ningún impacto. Si quiebra un banco, ¿sucederán cosas en el sistema?.

La respuesta, evidentemente, es afirmativa: la quiebra de un par de bancos, aunque sean pequeños, en Ohio, puede llegar a crear un tremendo malestar en Francia, ya no digamos si un banco mediano o grande es el que quiebra; la razón de esto -¿la culpa?- la tiene la hiperconectividad financiera que ha ocasionado la globalización de la economía. Entonces, parece lógico que un Estado salga en ayuda de un banco que se halla pasando por problemas. ¿Sí?, ¿debe ser así?.

Lo primero que habría que conocer es el motivo por el que esas entidades bancarias han entrado en zona problemática, porque claro -y lo digo sin pelos en la lengua-: si los problemas son debidos a una gestión suicida y/o inepta, que apechuguen ellos y sus accionistas con las consecuencias. “Y con los pobre depositantes, con las ancianitas que dejaron sus ahorritos, ¿qué sucederá con ellos?”, preguntará alguien.

Los pobres depositantes y las ancianitas, de aquí y de allá, al sistema les importan un bledo; utilizan a unos u a otras, pero pasan de ambos porque esos pobre depositantes y esas ancianitas generan muy poco negocio; el negocio de verdad lo genera la especulación financiera y sus parientes: las subprime y compañía. Pero claro, las entidades bancarias …, ¡que carajo!, dígamoslo abiertamente: las entidades financieras, tienen un as en la manga, un as que vale por la suma de todos los otros ases: si ellas se van a la mierda, todo el sistema se va a la mierda, incluidos los pobres depositantes y las ancianitas.

Las entidades financieras, las de aquí, las de allá, y las de todas partes, tienen un problemón: no saben, de verdad, de verdad, cuánto valen sus activos porque no existen activos puros debido a que la hiperconectividad financiera ha hecho que, de alguna manera, todos los activos -los buenos y los malos- acaben involucrados con todos los activos -los malos y los buenos-. Mientras a todo el mundo esto le ha parecido bien, mientras nadie ha discutido si esto vale tanto o cuanto, mientras todo el mundo ha aceptado las historias sobre el movimiento perpetuo que los iluminados de turno iban contando por las esquinas, todo ha ido muy bien; pero cuando como en el cuento, el niño ha dicho que el rey estaba desnudo, cuando un pringao de Tacoma, Washington, ha metido las llaves de ‘su’ casa en un sobre y en él ha escrito la dirección de la entidad financiera que le había concedido la hipoteca, junto a un papel en el que con letra temblorosa ha escrito que no podía pagar, cuando las ‘cartas cascabel’ han empezado a circular, todo el tinglado ha empezado a venirse abajo porque la confianza ha entrado en crisis. Y en eso estamos.

Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.

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