Es el cuarto mes consecutivo de descenso, con dependencia extrema de Wall Street y marcada volatilidad
Es una crisis bancaria. Los fundamentales de entidades como Citi, Merrill, Credit Suisse, UBS, Fortis… han empeorado de manera considerable en los últimos meses debido a la crisis de las hipotecas subprime, en la mayor parte de los casos, y al mal uso y abuso de los derivados, en otros. La banca se ha excedido en sus funciones, ha ido mucho más lejos de lo que es el propio negocio bancario. Ha querido alimentar y sostener los números del pasado sin sopesar los peligros del presente. La banca pesa mucho en la confección de los principales índices bursátiles del mundo. Grandes emporios bancarios enseñan sus vergüenzas, pero muchos participantes en los mercados les exigen más. Quieren transparencia total para evaluar las condiciones del momento, porque hasta ahora el coste de la crisis en los balances se ha administrado con cuentagotas. Además, vuelven con más fuerza los sucesos de agosto. Ningún banco se fía del otro.
Los bancos, principalmente los anglosajones que son los que han sido pillados con las manos en la masa, intentaron en septiembre atraer de nuevo a los inversores y devolver la confianza a los mercados con un ejercicio de transparencia y humildad, con el reconocimiento de que han perdido millones de dólares y de euros en el juego enrevesado de las hipotecas subprime y otras bolsas de activos e instrumentos financieros de alto riesgo. Expusieron sus cuitas y sus cuentas y los actores en los mercados entendieron que ya todo había pasado. Volver a empezar.
Conforme ha pasado el tiempo, todos hemos reparado en el viejo axioma bursátil de que es peor una verdad a medias que una mentira, porque la mayor parte de los bancos incursos en el proceso han reconocido que en septiembre no dijeron toda la verdad y que sus pérdidas son mayores de las anunciadas entonces. Han rodado cabezas en las presidencias y comités ejecutivos, pero el mercado quiere más sangre, la que mana de la herida de la desconfianza total.
Es imposible enderezar el rumbo de los índices bursátiles con estos planteamientos por mucho que sea el empeño, que lo es, de los bancos centrales y de la Reserva Federal de Estados Unidos en darle a la máquina de hacer dinero y facilitar liquidez constante e inmediata a los mercados. La liquidez proporcionada no abarata las valoraciones de los bancos en términos bursátiles. Sus multiplicadores son muy altos, es decir, toca corregir. El contagio, el efecto dominó en la mayor parte de los casos, hace el resto. Por eso, las Bolsas vuelven a zozobrar.
Se ha dicho que la crisis no va con la banca española. Así ha quedado constatado en las cuentas de los nueve primeros meses del año. Las Bolsas, no obstante, suelen mirar con frecuencia las tendencias globales, en un desprecio total a los asuntos propios. Los bancos españoles no están contaminados de hipotecas subprime, pero almacenan cantidades ingentes de hipotecas tradicionales justo cuando el culto al ladrillo se ha transformado en abominación y mayores son los indicios de que la actividad económica puede enfriarse con rapidez en España.
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