El grupo medioambiental Befesa, filial de Abengoa, se sitúa en el extremo negativo al perder un 7,83%
El dividendo continúa siendo la principal fórmula elegida por las empresas para remunerar a sus accionistas. Desde el estallido de la burbuja de los valores tecnológicos en marzo de 2000, las empresas líderes del mercado han decidido mimar a sus socios con aumentos constantes en los dividendos, devoluciones de primas de emisión y ampliaciones de capital gratis. Los que siguen de cerca la Bolsa, los clásicos, los bolsistas de siempre no afean esta conducta, porque revierte en sus bolsillos, pero piden algo más. Quizá un poco de magia y de ilusión, porque no sólo de dividendos vive el bolsista. Son los inversores a largo plazo, no obstante, los que ponen sus euros en aquellas compañías que más pagan, mejor retribuyen. Prefieren el encanto contante y sonante del dividendo en sus bolsillos que las promesas de crear valor y engordar el músculo que hacen muchas compañías. Lo mejor, en cualquier caso, es que el mercado se mueve por los impulsos de unos y otros.
Las empresas cotizadas retribuyeron a sus accionistas con 23.083,97 millones de euros en 2006, lo que representa un incremento del 20,7% respecto a 2005, principalmente debido al pago de dividendos. En concreto, los accionistas recibieron un total de 21.809,71 millones de euros mediante dividendos, un 51,08% más respecto a los 14.435,72 millones de euros entregados por este mismo concepto en el año 2005, lo que duplica cualquier incremento anual desde el año 2000. En enero de este ejercicio, según los últimos datos oficiales, la tendencia ha continuado, porque las sociedades cotizadas retribuyeron a sus accionistas con 3.043,26 millones de euros en dividendos, lo que supone un incremento del 32,12% respecto al mismo mes del ejercicio anterior.
Además, las grandes empresas han optado últimamente por contraer compromisos muy concretos en materia de dividendos que hagan más previsible el importe de los mismos. Es decir, se trata de un señuelo especial manejado tanto por Telefónica como por Iberdrola, pasando por Repsol y recalando en los dos grandes bancos. Como se sabe, uno de los anuncios mejor recibidos por el mercado fue el realizado, se cumple ahora casi un año, por el presidente de Telefónica, César Alierta, que prometió en la conferencia con analistas de mayo pasado duplicar el dividendo desde los 0,50 euros por acción abonados en 2005 hasta un euro en 2009. Telefónica empezó con un aumento del 10%, desde los 0,50 euros pagados en 2005 a los 0,55 de 2006. El incremento es del 15% si se comparan los dos dividendos de 30 céntimos a pagar con cargo a los resultados de 2006 (noviembre de este año y mayo de 2007) con los pagos de un año antes en las mismas fechas (0,52 euros). Desde entonces, la cotización ha recuperado y mantenido la buena fuerza relativa.
Un compromiso similar ha adoptado Repsol YPF. Su promesa es un incremento superior al 82% entre 2005 y 2009, que se descompone en un incremento del 20% en 2006 y un crecimiento superior al 15% anual para los tres ejercicios sucesivos. Los grandes bancos han tenido siempre una política de dividendos más definida y predecible, por lo que no necesitan reafirmarla tanto. Santander y BBVA entregan a sus accionistas en torno a la mitad de sus beneficios.
Los que siguen el día a día de la Bolsa se aturden con tanta cifra. La frialdad de los números encoge su ánimo. Los bolsistas no critican este fenómeno, porque revierte en sus propios bolsillos, pero sí echan de menos proyecciones de imaginación y fantasía, porque son las que, con mucha frecuencia, llevan en volandas a las cotizaciones.
Los bolsistas echan de menos el ímpetu demostrado del empresario tenaz y seductor, ahora que el ambiente está caldeado con operaciones especiales. Nunca, en fin, estuvo tan actual en Bolsa la frase siempre viva de que ¡Inventen ellos! Las empresas no quieren saber de I+D. El dinero, al bolsillo.