El grupo medioambiental Befesa, filial de Abengoa, se sitúa en el extremo negativo al perder un 7,83%
El Gobierno de China ha puesto en marcha un proyecto económico y financiero trasnacional mastodóntico, como en el antiguo Egipto de los Faraones. Trillones de Yuanes que invadirán el mundo, con compras de otras tantas participaciones de empresas relevantes. La devaluación orquestada del dólar ha dejado en pañales a muchos activos nominados en dólares, aunque las gangas sean menos de lo que parece. El dinero emergente aparecerá en Estados Unidos y la recesión económica allí, si es que llega a cuajar, será menos dolorosa de lo previsto. Hay más en este embate. Los países emergentes también quieren unirse a la manifestación y cambiar el papel de los protagonistas de la historia económica. También quieren comprar participaciones de grandes empresas como muestra de poderío. Los fondos soberanos asoman. Si prospera el fenómeno, la exuberancia bursátil alcanzará niveles de paroxismo. El batacazo que algunos pregonan tendrá que esperar.
El papel de los fondos soberanos en los mercados fue objeto de debate en la última reunión del G7. A continuación, Paulson ha vuelto a reiterar que si se mueven desde una perspectiva económica, serán bienvenidos. Pero la situación cambia al considerar el aspecto político. De hecho, es lo que más temen los países desarrollados. Está claro, por tanto, que Estados Unidos debe renunciar a su ancestral práctica proteccionista para que el dinero foráneo neutralice los efectos indeseados de un enfriamiento económico más riguroso de lo esperado. O quizá prefiera morir de éxito.
En este encuadre interesante de los fondos soberanos un analista de prestigio señalaba hace unos días que para este tipo de fondos ( no sólo asiáticos: algunos países de latinoamericanos hablan de su creación considerando el abultado nivel de sus reservas) la compra de participaciones en compañías de países desarrollados eran un motivo de prestigio. Pero, claro está, para los países desarrollados, puede serlo de debilidad de sus economías.
Añadía que una cosa es que Paulson confíe en la fortaleza de la economía china para que compense la debilidad de crecimiento norteamericano y otra que considere que la compañías de Estados Unidos están a precio de saldo. Se cree, así, que las connotaciones políticas son las que más están pesando en los gobiernos desarrollados para que muestren incomodidad hacia la inversión desde países como Rusia o China. Por cierto, un proceso lógico para estos últimos que supone diversificar desde su elevada exposición de sus reservas en deuda. Especialmente la norteamericana. El estratega de Citi en España, José Luis Martínez también se une al debate. Señala que la inversión en Bolsa y deuda son inversiones alternativas. Con todo, en el pasado reciente hemos incluso argumentado comprar Bolsa en base a los bajos tipos de interés en la deuda. Mientras, los bancos centrales también han sugerido en alguna ocasión que la política monetaria podría verse obligada a subir más los tipos de interés oficiales para compensar los bajos tipos de interés de la deuda. Y estos bajos tipos de interés de la deuda, en este caso desde Bernanke, se han identificado por las elevadas tasas de ahorro a nivel mundial.
Concluye que ahora este ahorro ha descubierto la inversión en bolsa, especialmente emergente. Dinero, dinero, dinero. Parece complicado asimilarlo cuando vemos como se mantienen las restricciones en el crédito bancario y probablemente en el mundo real en los países desarrollados. El escenario sigue siendo confuso a corto plazo. Al final, claramente positivo para la deuda. Por el momento, preferimos los plazos largos de la curva de tipos. ¡Ya habrá tiempo de apostar por la normalización de la curva!