El grupo medioambiental Befesa, filial de Abengoa, se sitúa en el extremo negativo al perder un 7,83%
Las Escuelas de Economía apenas cambian su discurso. En los últimos 30 años hemos escuchado, por ejemplo, que los salarios no deben subir, que hay que moderar las tensiones inflacionistas. En efecto, los salarios apenas han subido, pero sí han crecido los precios al consumo. Algo falla, por tanto, en este enunciado. Otras Escuelas abogan por lo contrario, por desestimar los riesgos inflacionistas en favor de un mayor crecimiento económico. Pero tampoco salen las cuentas. En la coyuntura actual, quizá por un agotamiento total de ideas y de expectativas, los discursos de los prohombres martillean los oídos de los escuchantes con una cantinela sórdida, por repetida. En los foros de mayor agitación se resucitan, al mismo tiempo, los debates conocidos ¿Inflación o crecimiento? Con el paso del tiempo hemos constatado que a las Bolsas no les importaría un aumento de la inflación acompañada de un fuerte crecimiento económico.
Lo peor es que la inflación aumente en un escenario de deterioro económico. Es un aspecto económico que provoca desazón con sólo mentarlo. Hace apenas tres semanas, Alan Greenspan ya concedió a esta hipótesis un 50% de cumplimiento. Es pronto, no obstante, para plegar velas, porque los indicadores publicados en lo que de 2008 abundan en la confusión sobre el asunto. Además, dinero no hay. Dinero, quiero decir, que fluya hacia los mercados, porque es muy miedoso.
Entonces ¿Inflación o crecimiento? Es el gran debate, vuelve el debate de hace 7 años, los mismos nombres y apellidos, aunque muchos pueden considerar que la cuestión puede ser válida sólo a corto plazo, porque a medio y largo plazo un escenario de enfriamiento de la economía sólo es coherente con la moderación del crecimiento. Algunos ortodoxos nos han recordado recientemente que la inflación es un fenómeno monetario. Por eso, los bancos centrales viven uno de los peores momentos de los últimos años. Es más, determinados estrategas señalan que los bancos centrales no pueden cambiar el discurso de ambigí¼edad que han mantenido en los últimos meses con respecto a la inflación/crecimiento.
Hace poco, Plosser de la Fed admitía que los últimos datos de inflación parecen más generalizados que en el pasado. “¿Se ha comenzado a contagiar la economía USA del repunte de los precios de las materias primas?”, se preguntaba hace poco José Luis Martínez, estratega de Citi en España. “Sigo pensando que la Fed debió haber bajado más los tipos de interés en su última reunión del año pasado. Aprovechar el momento es importante, puesto que más tarde pueden surgir problemas para hacerlo, como de hecho ya han surgido , toda vez que ahora se apuesta por el alza de los tipos de interés en EE UU para este mismo año. Y es que la credibilidad es un bien valioso que debe ser protegido”, proseguía.
En cualquier caso, los expertos aún esperan que la Fed tenga margen para seguir manteniendo los tipos de interés oficiales en los próximos meses. El argumento es intachable: es fundamental evitar un agravamiento de la crisis hipotecaria, que pasaría por un derrumbe de los precios de la vivienda aún mayor del que se está dando.