En el momento de la suspensión, las acciones de Ebro caían un 2,33 por ciento a 10,06 euros
Conforme pasa el tiempo y se perfilan las expectativas económicas de modo más nítido, aumenta la presión sobre la Reserva Federal de Estados Unidos para que estos vientos no traigan luego malos barros. La luna de miel de los bajos tipos de interés está a punto de terminar, porque la inflación galopa más rápido de lo previsto. Se trata, por tanto, de evitar nuevas burbujas. Otra cosa es el coste político de las decisiones económicas, ahora que la primera potencia del mundo está inmersa en un proceso electoral muy interesante. Hay, además, disidentes en el seno de la Reserva Federal de Estados Unidos respecto a las reiteradas inyecciones de liquidez al sistema y los progresivos recortes de tipos de interés. El presidente de la Fed de Kansas City, Thomas Hoenig, dijo hace unos días que los tipos de interés tendrían que subir de una manera oportuna para contrarrestar la “preocupante” inflación y dejó claro que él no apoyaría más recortes de las tasas de interés. Pese a que Hoenig no es miembro con derecho a voto dentro del comité que establece la política monetaria en el banco central, los analistas sostienen que su postura parece estar ganando terreno dentro de la Reserva Federal, ya que los crecientes costos del petróleo y los alimentos amenazan con acelerar la inflación.
“Estamos en una etapa en la que hay una idea, incluso adentro (los funcionarios con derecho a voto), de que nuevos recortes de tasas podrían no ayudar mucho y crear cierto daño inflacionario”. Es la opinión de Alan Ruskin, jefe de estrategas internacionales en RBS Greenwich Capital en Greenwich, Connecticut. “Todo lo que los datos sugieren es que el panorama para Europa se está deteriorando, y eso es consistente con la presión a la baja sobre el euro”, dice Teis Knuthsen, estratega cambiario en Danske Markets en Copenhague. “Hay una idea de que el tiempo finalmente favorece al dólar”, añade un estratega de un banco de inversión.
Cambio en las agujas de las vías del tren de los mercados. Manifestaciones como las expuestas se han multiplicado en las últimas semanas. Además, una serie de datos económicos desfavorables en Europa ha presionado al euro después de que alcanzara un máximo por encima de 1,60 dólares. Son indicadores recientes que reducen cualquier percepción de que el área del euro está aislada del declive estadounidense.
“Demasiado rápido, demasiado intenso. Apenas hay tiempo para reaccionar. Cuando consideras que los tipos en Estados Unidos van a bajar más, salta la alarma que indica lo contrario. Cuando estimas que la zona euro está mejor preparada para afrontar la Crisis económica global te das de bruces con indicios de una fuerte desaceleración, más acusada en el caso de España. La sensación es que se quiere enterrar la Crisis Financiera a toda costa y cueste lo que cueste. La realidad económica es, no obstante, diferente. Lo lógico es que después de la Crisis Financiera llegue la Crisis Económica”, me cuenta compungido Miguel H. un viejo bolsista.
“Mi consejo es mantener la calma en estas circunstancias y no correr detrás del mercado. Siempre ha sido malo ir con la lengua fuera. Ahora lo es más. Las expectativas, además, se han vuelto locas. Lo que hoy es blanco, mañana es negro. Y al revés. Yo así no invierto en Bolsa”, sentencia.