La compañía ha alcanzado un principio de acuerdo con British Sugar para negociar con ella en exclusiva
He repasado la documentación de los últimos trece meses y he descubierto que el término Cazador de Gangas, en su acepción bursátil, se ha repetido y aireado con énfasis en al menos cuatro ocasiones. Primero fue en marzo, luego en junio, más tarde a finales de agosto y, finalmente, a principio de este año. El recurso empleado por unos y otros voceros ha sido el mismo, la caída previa de precios de las acciones cotizadas. Pero la Crisis no sólo ha continuado sino que se ha recrudecido en las últimas semanas. Por eso, los viejos Cazadores de Gangas de la Bolsa española se han retirado a sus cuarteles de invierno, cansados, abatidos y con muchas heridas recibidas. No hay gangas en un mercado que cotiza peores expectativas de tal modo que lo que hoy puede resultarnos barato mañana puede serlo más. Es un ejemplo típico de ventas por contagio, de pánico, de reacciones exageradas. Es, no obstante, lo que hay.
El término cazador de gangas lo acuñó un banquero de principios de siglo pasado. Hizo célebres otras frases como comprar al ruido de los tambores y vender al son de los violines; entrar en el mercado cuando las manos débiles tiemblan de miedo y salir cuando tu limpiabotas o ama de llaves te recomienda éste o aquél valor bursátil. La reciente y estrepitosa secuencia bajista de la Bolsa ha puesto en guardia incluso a los más optimistas. Rápido divulgan contenidos e indicaciones sobre el precio de ganga de éste o aquél valor. Pero también los cazadores de gangas son cazados, caen en su propia trampa, porque en la actualidad resulta difícil concluir que la Bolsa, precisamente, cotiza a precios de saldo.
Los sabios aconsejan no confundir el término volatilidad con el de ganga. Una cosa es la volatilidad creciente y el regate en corto que propician movimientos convulsivos como los actuales, con la certeza de que los procesos nunca son unidireccionales y que son lógicos los dientes de sierra, y otra la aceptación de que tras los reajustes las acciones están baratas y que las gangas abundan. Para dar por bueno este sentimiento lo principal es pergeñar bien el futuro. En este caso, adivinar si las Bolsas exageran presa del pánico o aciertan en su proyección.
En Bolsa, comportamientos y actitudes del pasado no garantizan los mismos procesos en el futuro, y al revés. El comportamiento actual de los mercados, tanto el del de acciones como el de commodities, inmuebles, bonos y otras mercaderías, está condicionado por la etapa anterior, a la que Greenspan llamó de exuberancia irracional. Es decir, por la sobrevaloración de los activos. No está demostrado, por tanto, que los reajustes de ahora, tan profundos y dolorosos, hayan dejado las cosas en su sitio, aunque, como siempre, habrá compañías que lejos de morir en el campo de batalla se erigirán con más fuerza, pero ese no será el encuadre general.
Se ha repetido que la época de vacas gordas ha propiciado la convivencia pacífica de varios factores, entre los que destacan los tipos de interés excepcional e históricamente bajos y la mejora progresiva de los resultados empresariales. Además, bancos y cajas de ahorro despilfarraron créditos y titulizaron lo que no debió ser titulizado. Ahora hay que volver a los orígenes. Por eso, hablar de gangas sólo puede limitarse a filtreos especulativos del momento sin que deba extrapolarse al conjunto. Los mercados han entrado en una fase de corrección de valoraciones, que implica ahora un análisis más riguroso y detallado. La búsqueda del equilibrio de precios y de valoraciones en términos de neutralidad histórica es algo que no se consigue de la noche a la mañana.