En el momento de la suspensión, las acciones de Ebro caían un 2,33 por ciento a 10,06 euros
La Carta de hoy es continuación de la de ayer. Entendemos que en la coyuntura actual el futuro preocupa más que el pasado a los gestores, inversores y actores de los mercados en general. Siempre ha sucedido así, pero ahora el empeño es mayor después del auge inusitado de la volatilidad desde que comenzó el año. Sí, siempre ha ocurrido lo mismo. Por ello, los mercados suelen virar con violencia a la baja en la punta álgida del ciclo económico, es decir, cuando mejor van las cosas, y al revés. El banquero rancio de Wall Street ya lanzó en la Gran Depresión de 1929 aquella frase al estrado: “hay que comprar cuando corra la sangre por Wall Street”. Es uno de los enunciados más agresivos del capitalismo, pero es lo que siempre se ha llevado en la Bolsa. Por eso, el seguimiento de los indicadores adelantados se convierte en asunto de primer orden y si hay indicadores que van por delante de éstos, aún mejor.
No sólo de encuestas y de resultados pretéritos viven los mercados. Con frecuencia, se alimentan de los sentimientos de los actores, que es algo así como tratar de bucear en el mundo desconocido de las expectativas. Hemos observado que la Bolsa ya no se fija con especial interés en los discursos y premoniciones de los bancos centrales, pero sí atiende los pronósticos de empresas y banqueros ¿Qué temen empresas y banqueros? Hay coincidencia a la hora de resaltar el empeño en la restricción del crédito por parte de las entidades financieras, más allá del crédito hipotecario para afectar ya de forma importante a las empresas y al crédito al consumo. Las entidades financieras estadounidenses, en particular, y el resto, en general, aluden al aumento del riesgo económico, la dificultad para financiarse en los mercados y la enorme competencia de las entidades. ¿Credit crunch? Niegan la mayor. Pero admiten menor crédito, más caro y con más garantías. Es decir, mayores problemas para un mercado de crédito que no acaba de recuperar la normalidad, por mucho que se diga ahora que la normalidad no es sinónimo de la elevada liquidez en los últimos años en el mercado de crédito estructurado. Es cierto que las colocaciones desde las entidades son cada vez más privadas y por montantes reducidos. Apenas abundan las colocaciones públicas. Dinero hay en el mercado, pero con condiciones que en muchas ocasiones pueden ser demasiado restrictivas para las empresas.
¿Inversión? ¿consumo? Los dos determinantes de la demanda doméstica tanto en Estados Unidos como en la zona euro se ven perjudicados por este escenario. Pero hay más: la propia dinámica de volatilidad dentro de una tendencia bajista en las bolsas deja poco margen de maniobra para los consumidores desde su riqueza financiera.
Por eso, los inversores reaccionan con virulencia, en nuestro caso liquidando posiciones en sus carteras de renta variable. Ocurre a nivel mundial, aunque unos mercados aguantan mejor que otros.